La fábula socialista

Por Venezuela Real - 6 de Julio, 2008, 20:31, Categoría: Cultura e Ideas

Saul Godoy Gómez
El Universal
06 de julio de 2008

Dice la leyenda que el Estado nació en la necesidad de los dueños de las tierras de defender sus propiedades y vidas del asalto de sus enemigos. En esa primera aparición, el Estado prometía sostener la ley y el orden, solventar conflictos, castigar a los criminales y sostener la paz en la sociedad para que sus ciudadanos pudieran trabajar y construir la nación, para ello, los propietarios se reunieron y pusieron de sus propios recursos para mantener un cuerpo de ciudadanos, notables y de proba reputación, que se harían cargo, entre otras cosas, de administrar la justicia y defender a la polis. De allí nació la razón de ser del Estado, que no era otra que el bien común, el de los propietarios. Por supuesto, a estas islas de orden en un mundo de desorden y barbarie, se le fueron agregando incontables extranjeros que querían disfrutar de aquellos beneficios, de poder pasar una noche en la seguridad de una "polis" ordenada, donde no serían robados o asesinados, donde pudieran disfrutar de paz para desarrollar sus ocupaciones y habilidades, el Estado imponía solo una condición, que se respetaran las leyes de la ciudad. Estas ciudades-estados prosperaron, se hicieron atractivas para mucha gente talentosa y emprendedora, de esta manera, el comercio y la cultura se desarrollaron y los ciudadanos de estos Estados empezaron a influenciar el entorno, a introducir la civilización donde no la había, a crear riqueza para otros muchos pueblos que hicieron contacto y querían ser como ellos.

Con estos avances, hubo una parte de la población que quedó rezagada o bien por falta de voluntad, o porque les gustaba vivir como parásitos, también llegaron extranjeros con malas mañas, gente que no le gustaba trabajar, y se ganaban la vida como ladrones y proxenetas. Hasta el día que llegaron los socialistas, unos estafadores que querían apropiarse del Estado con la ayuda de ese grupo de gente parásita, que cada día eran más, no porque no hubiere cómo ganarse la vida dignamente y con trabajo, sino porque pensaban que tenían el derecho a que el Estado los mantuviera, que les diera para vivir bien, sin ellos contribuir en nada. Los socialistas pensaron -"Vamos a cambiar el objeto del Estado, que sea el dueño de todo, de la tierra, de la industria, del comercio, y en vez de servir a los propietarios que sirva a todos en la ciudad-estado, incluso a los parásitos, vamos hacernos con el poder, aprovechando las debilidades de la democracia, bajo la excusa de un poder popular"- y así lo hicieron, salieron a las calles a predicar que los que no tenían riqueza, era porque los propietarios se la habían quitado, los habían explotado y engañado.  La idea detrás de la propuesta socialista  era la creación de "una nueva ciudad-estado" y de un nuevo ciudadano, la promesa era que todo iba a ser de todos, pero era el Gobierno el encargado de administrarlo, en nombre de los pobres, a los parásitos les gustó la idea, y a los más vivos les motivó ser ellos parte del Gobierno. Entre las reformas que proponían estaba el de abolir la propiedad privada, las ganancias, la idea era que el Estado estaba obligado a mantener en igual medida a los que trabajaban como a los que no, y no importaba si unos lo hacía mejor que los otros, al final recibían lo mismo, todos iban a ser muy pero muy felices. Pero dentro de los parásitos, había un grupo de violentos, que se hacían llamar revolucionarios y que no tenían tiempo de esperar a que los socialistas concretaran sus ideales por la vía de las elecciones, las cosas había que hacerlas violentamente, confiscando las propiedades, decretando expropiaciones.  Fue así como los revolucionarios con los parásitos y extranjeros, ayudados por una parte de los propietarios confundidos, tomaron el poder y empezaron a construir el Estado socialista. El Estado comenzó a ser el gran propietario, las industrias dejaron de producir, el comercio se paralizó, el crimen volvió a las calles, no había alimentos… por supuesto la gente trabajadora huyó de la polis, y cuando empezaron los descontentos, inventaron que el imperio, allá afuera, quería destruir la revolución socialista. Corrompiendo y prostituyendo a sus conciudadanos, cambiando la Constitución para hacer del Estado objeto de culto y adoración, nada se podía hacer sin la participación del Estado, de esta manera empezaron a prohibir, a regular, a amenazar, le vendieron la idea al pueblo, que ser pobre era bueno. Y si protestaban o a alguien se le ocurría denunciar alguna injusticia, entonces era acusado de enemigo de la revolución y debía por ello morir, adivinen… nadie protestaba. Al final, los revolucionarios morían gordos y contentos en el poder, reinando en las ciudades-estado con toda su familia también gorda y contenta mientras el pueblo se comía un cable, felices de ser revolucionario y socialista.





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