La violencia con uniforme escolar

Por Venezuela Real - 6 de Julio, 2008, 11:02, Categoría: Seguridad/Inseguridad

MIREYA TABUAS
El Nacional
06 de julio de 2008

Expertos aseguran que en 2008 ha aumentado la agresión entre estudiantes de colegios públicos y privados. 40% de los alumnos de bachillerato ha sufrido acoso
  Víctima, agresor y testigo: las tres caras de la violencia que son objeto de estudio por parte de los investigadores

Pedro Carrero tiene 15 años de edad y no va al liceo. Pasa el día viendo televisión en la mínima sala de su casa en Mesuca. Se aburre. A ratos le asaltan los recuerdos y empieza a llorar. No puede moverse mucho, si camina una cuadra, las piernas le tiemblan y siente que no le responden. Así que tampoco puede jugar beisbol en la cancha del barrio, como antes.

Su cabeza muestra las secuelas de lo ocurrido: el cabello ya no le crece parejo, lo surcan las enormes cicatrices que quedaron como evidencia.

Pedro no va al liceo, no porque sea flojo, sino porque está de reposo.

Más de 30 estudiantes lo golpearon hace dos meses con tubos y palos, simplemente por cometer el "delito" de tener una insignia escolar de la Escuela Técnica de Campo Rico.

Como el de Pedro, varios hechos de violencia entre adolescentes han aparecido en los medios de comunicación social este año; como la historia de Moralis Liendo, a quien sus compañeras intentaron envenenar por ser la mejor alumna; o el caso de Michael Duim, de 9 años de edad, que falleció hace unos días luego de que varios niños mayores que él lo molieron a golpes en un parque de Quíbor, estado Lara. Pero la mayoría de las historias se guarda bajo candado en las instituciones.

Fernando Pereira, directivo de Cecodap, organización que defiende los derechos de los niños y adolescentes, señala que en 2008, por primera vez en la historia de esta institución, todas las solicitudes de asesorías tienen relación con la temática de violencia escolar. En años anteriores, el embarazo precoz o la promoción de valores ocupaban el interés de los planteles. "Si Cecodap quisiera dedicarse a un solo tema podría ser éste y no tendríamos capacidad", asegura. Geraldine Morillo, psicóloga comunitaria de la Universidad Católica Andrés Bello, y Mireya Lozada, psicóloga social de la Universidad Central Venezuela, coinciden.

Lozada indica que ahora la violencia es más visible en la prensa y son más graves los casos. "Es una expresión de lo que ocurre en la sociedad en general: la violencia se está estableciendo como forma cultural, se legitima en la televisión, en los juegos, en Internet, además de la violencia social del país. La familia ha perdido mecanismos de acompañamiento de los niños y jóvenes". Morillo añade: "Es una respuesta a la escalada de violencia generalizada, y se da en todos los estratos sociales, con sus diferencias". Ante esta realidad, las investigadoras Gladys Delgado y Anayancy Rodríguez, de la Universidad Nacional Abierta y del Instituto Pedagógico Libertador, respectivamente, crearon el Observatorio Venezolano de Violencia Estudiantil. Han hecho seguimiento de los casos que se publican en prensa y estudios en 15 instituciones de Caracas.

En noviembre de 2007 presentaron el resultado de su trabajo en el I Congreso sobre Violencia Escolar que se celebró en España. Indican que aproximadamente 40% de los estudiantes venezolanos vive en situación de acoso en sus liceos. Una encuesta efectuada por El Nacional a 44 alumnos de planteles públicos y privados muestra que 59% de los jóvenes de 14 y 15 años de edad se siente afectado por la violencia escolar.

Trabajo interno.

El 5 de mayo de 2008, Pedro salió de clases antes de lo acostumbrado. Era la 1:30 pm, y no tenía ganas de almorzar en el liceo. Cuando se dirigió hacia la avenida Francisco de Miranda para irse a su casa, fue interceptado por alumnos del liceo Lino de Clemente, cercano a la Escuela Técnica. Sólo al verlos, presintió lo que pasaría.

La rivalidad de estos planteles es de vieja data. Tres días antes de lo que le ocurrió a Pedro, entraron dos personas extrañas en la Técnica, golpearon a un alumno y huyeron.

Como los agresores se refugiaron en el liceo vecino, Lino de Clemente, los alumnos de la Técnica fueron hasta allá y arremetieron contra ese plantel buscando a los culpables. El ataque contra Pedro no fue sino una venganza ante ese hecho. Fue él, pero pudo ser cualquier otro alumno.

"Yo los vi venir hacia mí. Me metí en un kiosco, pero ellos me sacaron, quise hablarles pero no me dejaron, yo me tapaba la cara. Una muchacha llevaba un arma. Yo pensé que me iban a matar, sí, eso pensé.

Después no me acuerdo de nada".

Los expertos coinciden en que la peor solución que pueden tener los colegios es esconder o minimizar sucesos como el que le ocurrió a Pedro.

Tampoco hay que etiquetar los tipos de ataque por sexo: por años, los especialistas han asociado a las mujeres con la violencia psicológica, pero en los últimos tiempos se reportan más golpizas entre chicas.

Lozada cree que es necesario hacer un mayor trabajo en educación de valores dentro de las escuelas. Muchos casos de violencia tienen que ver con prejuicios por raza, credo, por características físicas o de personalidad.

Existen instituciones en las que los alumnos becados son ciudadanos de segunda, o donde algunos grupos dominan territorios que no pueden ser pisados por otros.

Morillo recomienda empezar con un diagnóstico de la situación de violencia en la institución, a través de una encuesta anónima. Todos los actores deben ser tomados en cuenta: alumnos, docentes, familias, directivos, personal administrativo y obrero. En algunos colegios, las soluciones a la violencia pueden ser tan sencillas como cambiar los horarios de los recreos de los alumnos grandes y pequeños, o tener más vigilancia en la salida. Para Morillo, el trabajo con los testigos de las agresiones es primordial y por eso los colegios deben crear espacios para la denuncia protegida. Por ejemplo, en un liceo de Baruta, un policía proporcionó su número de celular a los alumnos para que, a través de mensajes de texto, hicieran públicos los nombres de unos acosadores a quienes nadie se atrevía a inculpar.

Delgado y Rodríguez creen que es importante el entrenamiento de los docentes en el manejo de conflictos, pero los educadores no cuentan con ese adiestramiento.

Morillo recomienda a los niños acosados que intenten ignorar a los que les fastidian. El agresor ataca al que le responde, al que muestra molestia, o llora. Si la violencia aumenta, hay que buscar apoyo de los adultos y no quedarse solo en ningún momento.

Lopna a conveniencia.

Pedro estuvo tirado en la calle, hasta que una señora lo llevó al hospital Pérez de León. Permaneció recluido 26 días, 13 de ellos en terapia intensiva, con doble fractura de cráneo. Ahora espera por una operación de la mandíbula y rehabilitación para que pueda caminar bien.

"Cuando salí del coma, no hacía más que llorar. No entendía por qué me habían golpeado a mí, que no me metí con ellos ni con nadie", dice.

Los agresores llegaron a grabar un video, que luego borraron para eliminar evidencias. El caso llegó a la Policía de Miranda y la Defensoría del Niño y el Adolescente de Sucre. Uno de los atacantes fue apresado, pero ya está libre, denuncia la madre de Pedro, Iraida Montilla. Para muchas escuelas, la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente se ha convertido en una de las piedras de tranca para la resolución de problemas de violencia estudiantil. "Antes uno expulsaba al que se portaba mal, ahora no podemos", se lamenta la directora de un colegio privado de Baruta. "Los alumnos nos amenazan con la Lopna si los regañamos", afirma un profesor de un liceo de Libertador. Morillo asegura que todo esto es una mala interpretación de la ley. "La Lopna se está utilizando mal, sobre todo por los padres de los victimarios, quienes ante una expulsión temporal alegan que les están violando el derecho a la educación; pero ese agresor le está violando a otros niños el derecho a la seguridad, también establecido en la Lopna". Cristóbal Cornielles, corredactor de esta ley en 1999, señala que es falso que la Lopna otorgue impunidad a los victimarios. La Ley Orgánica de Educación vigente, en sus artículos 123 y 124, establece las sanciones ante faltas disciplinarias como actos violentos de palabra o de hecho. "El problema es que los colegios aplicaban las sanciones arbitrariamente, sin pruebas, y se extralimitaban, cuando están obligados a abrir un procedimiento. Los muchachos tienen derecho al debido proceso, es decir, a la defensa", dice.

La Lopna retoma el tema de la disciplina en el artículo 57, pero recuerda las garantías constitucionales que tiene el acusado. Eso obliga a que las escuelas tengan unas normas de convivencia y un reglamento disciplinario que deje claro deberes y derechos. "Lo novedoso es que ahora hay instancias –como defensorías y consejos de protección– que permiten hacer efectivos los derechos y a las que los muchachos pueden acudir". Aclara Cornielles que la Lopna sí establece medidas, incluso de reclusión en centros especiales para los niños, niñas y adolescentes agresores.

Karla Sandoval, representante del Consejo Municipal de Derechos de Baruta, añade que los padres y representantes pueden ir a los órganos de defensa para que se le dicte a la víctima de acoso una medida de protección.

Morillo recomienda a los directivos de los colegios que actúen: "Si ocultan un caso de agresión para proteger el nombre del plantel, el mensaje que dan es que hay impunidad". Asegura que las sanciones legales tienen tanto o más peso que la ayuda psicológica. En el caso de un niño que fue objeto de burlas por parte de sus compañeros de un colegio privado de Caracas, la única solución posible fue acudir a instancias legales, porque los padres de uno de los agresores creían que el papel de su hijo era el correcto, pues el alumno lastimado "era gafo". Un argumento similar utilizó un acosador de cuarto año de bachillerato en un colegio religioso del municipio Libertador, quien maltrataba a los alumnos de séptimo grado porque los estaba "preparando para la vida".

Gobierno ausente.

La directora de la Escuela Técnica de Campo Rico, Francisca Tolotti, asegura que la institución no tiene ni más ni menos problemas de violencia que cualquier colegio privado.

Pero tiene en su contra la infraestructura, inmensa y sin vigilancia, donde cursan estudios 1.443 estudiantes.

"Aquí tenemos que sacar gente que entra a vender entradas a matinés, y además nos han robado hasta a los profesores". Esa información la tienen desde hace años el Ministerio de Educación, el Ministerio de Infraestructura y la Vicepresidencia de la República.

Tras lo ocurrido a Pedro, varios funcionarios fueron al liceo, pero todo sigue igual. "La gente ha querido satanizar el plantel, pero no hacen nada", dice la directora, quien explica que el instituto es sólo reflejo de un problema aún mayor: el de Petare. Reconoce que entran alumnos con armas. "No las traen porque haya peligro dentro del liceo, ellos bajan de sus barrios armados para defenderse allá arriba". Pedro Carrero no quiere volver para la Escuela Técnica, su madre le buscará cupo en otro plantel cuando mejore su salud. No ha recibido ninguna ayuda gubernamental. El país tampoco: el Estado no tiene una estrategia para frenar la violencia escolar. Pereira considera que uno de los problemas es que la agresividad se está volviendo natural. "Nadie habla de ella hasta que ocurre un hecho grave. No hay políticas públicas ni planes dirigidos a apoyar a las familias, ni a los docentes, ni a las víctimas".

En España, el caso de Jokin, un adolescente vasco de 14 años de edad que sufrió un año de acoso por parte de sus compañeros, movilizó al defensor del pueblo a realizar una encuesta nacional para conocer la situación de la violencia escolar en ese país. En Venezuela nada se está haciendo en la materia, según Delgado y Rodríguez. Historias como las de Pedro Carrero ocurren a diario sin que lleven a los órganos públicos a tomar acciones, como crear espacios en las escuelas para fomentar la convivencia. Pedro Carrero perdió el año escolar, perdió su tranquilidad, perdió su salud, por culpa de la violencia. Esta vez fue él. Pudo ser cualquiera.







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