Historia para la risa

Por Venezuela Real - 7 de Julio, 2008, 21:21, Categoría: Temas Militares

ILDEMARO TORRES
El Nacional
07 de julio de 2008

Recuerdo, o mejor dicho, nunca he olvidado, todo el adoctrinamiento y toda la inducción colectiva que por años se nos ha hecho, pretendiendo llevarnos al convencimiento de que los militares representan el sector virtuoso, responsable, de alta moral y dignidad en la sociedad, por encima de la lamentable porción civil de la misma.

Este gobierno, que no descansa en el intento de devaluarnos intelectualmente y desvirtuar nuestra historia, nos llevó el 24 de junio al encuentro del reino de lo burdo, a una mistificación de lo popular hasta reducirlo a una ridícula parodia; demostrándonos que toda la solemnidad de las grandes gestas y la historia misma pueden ser presentadas en versiones que dan pie para la risa.

Ese día tuvo lugar un carnavalesco desfile militar en Carabobo, inolvidable por lo absurdo, lo primario, y sobre todo lo risible; al punto que uno se pregunta cómo tantos oficiales en actitud de enérgicos aspirantes a ser temidos podrán exigirle a alguien respeto a continuación de ese bochornoso espectáculo, de esa dolorosa demostración de folklorismo barato; con decir que hasta Bolívar, Zamora y Simón Rodríguez tuvieron una conversa en plena avenida del desfile, en medio de la profusión de atuendos vernáculos y fogosos soldados de rostros embadurnados.

Esos mismos uniformados que se exhiben con la idea de impresionar, de lucir como gente de cierta prestancia, tienen el mentís de tal arrogancia en sus cuerpos rechonchos, de abdómenes a reventar, y en soltar toda clase de disparates al hablar, sobre todo cuando desde lo alto de un tanque y cuadrados ante el teniente coronel, gritan "Patria, Socialismo o Muerte". El supuesto glamour, la marcialidad y el pretendido garbo quedaron vueltos remedos de tristes monigotes, demostrando cuán elementales son en sus gustos y actitudes estos hombres esponjados que juran que lo están haciendo muy bien y con gran lucimiento, cuando en realidad lo que provocan es que quienes los ven, se esfuercen en disimular las carcajadas que querrían soltar en respuesta a lo esperpéntico de esa celebración patriótica.

Sabemos que el propio Presidente y sus enrojecidos acólitos reducen su supuesta revolución a lo que en efecto es: un armatoste publicitario con abrumadoras tramoya y escenografía, de manera que lo mostrado en el desfile-comparsa de Carabobo corresponde fielmente al gusto de ellos, el mismo que quieren sembrar e imponer como patrón estético oficial. Sabido es asimismo que él no es un estadista sino un hombre amante de las armas, del uniforme y de la parafernalia que lo acompaña; y en materia de humor –si de ello se tratara– un personaje tragicómico que alcanza el clímax de lo lastimero cuando trata de ser ingenioso, y a quien habría que transmitirle al menos algunas de las enseñanzas que nos legara Aquiles Nazoa, como aquella de que define la comicidad y cómo dentro de sus matices, uno se topa a veces con la pobreza imaginativa y la procacidad que intenta ser graciosa a lo juro, ignorando que el juego inteligente, la gracia genuina y el buen gusto no se decretan, y mucho menos desde un cuartel o desde un palacio de gobierno concebido y usado como antro castrense.

Preocupa sí, y mucho, ver a nuestras Fuerzas Armadas no sólo con instructores cubanos instalados en organismos y dependencias militares, con contingentes de oficiales llevados a ser entrenados en Cuba, y suplantadas por milicianos y reservistas, sino también haciendo ahora de marco y escenario funambulesco en un país camino de ser un hazmerreír internacional.





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