Ingrid y la zona más opaca

Por Venezuela Real - 7 de Julio, 2008, 21:20, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

ARMANDO DURÁN
El Nacional
07 de julio de 2008

Betancourt recibió besos y abrazos de muchos colombianos

La liberación de Ingrid Betancourt mediante una operación militar de brillante ejecución conmovió al mundo. Con mucha razón, porque la quimera chavista de devolverle la libertad gracias a un acuerdo supuestamente humanitario entre él y la cúpula de las FARC terminó haciendo de ella una suerte de víctima emblemática de la perversidad terrorista.

Fruto exclusivo de su permanente confusión entre la realidad y el deseo, a Chávez nunca le pasó por la cabeza que sus camaradas de las FARC no se tomaran en serio la posibilidad de liberar a Betancourt, joya indiscutible de la corona guerrillera, para convertir el hecho, de hondo significado político, en simple manipulación publicitaria filmada por Oliver Stone para mayor gloria y exaltación personal de Chávez.

Nada que ver. Lo que obtuvo Chávez fue todo lo contrario de lo que esperaba. Desengaño de Stone, sin nada que filmar en medio de una selva infectada de mosquitos, frustración de Nicolas Sarkozy, quien ni siquiera recibió de la alianza FARC-Chávez una fe de vida de Betancourt y, como consecuencia, la autoritas presidencial de Chávez rodó estrepitosamente por los suelos. Para terminar la función, que había comenzado con su derrota del 2D, el rey Juan Carlos lo mandó a callar.

Aquel delirio se ha hecho ahora realidad, pero con una desagradable vuelta de tuerca.

Chávez ya no es el protagonista de la película, sino Álvaro Uribe, su enemigo sin remedio, y precisamente muy pocos días antes del rencuentro de los dos presidentes. Y como últimamente las cosas le van así de mal a nuestro líder máximo, la inesperada liberación de Betancourt hará de esa reunión un episodio exageradamente duro de tragar para Chávez. ¿Qué decirle a un Uribe persuadido de su poder, en su momento de mayor esplendor, aclamado por las dos Américas, por Europa y por la propia Ingrid Betancourt? ¿Cómo cumplir en esta hora menguada su reciente promesa de poner en manos de Uribe su corazón palpitante de amistad? Lo cierto es que el rescate de Betancourt y compañía, sin necesidad de disparar un solo tiro, pone de manifiesto la vulnerabilidad actual de las FARC, pero también coloca a Chávez, cuando menos lo necesitaba, en una situación de debilidad que sólo el conformismo de cierta dirigencia política opositora prefiere no asumir.

Tres años antes de que Hitler se hiciera con el poder, Thomas Mann anticipó el sentido que tendría para los alemanes el advenimiento del Tercer Reich. "Una política grotesca –le advirtió a sus incrédulos compatriotas desde la Beethoven Saal de Berlín– con modales de ejército de salvación, basada en la convulsión de las masas, el estruendo, las aleluyas y la repetición de consignas monótonas, como si se tratase de monjes anacoretas, hasta acabar echando espuma por la boca... El fanatismo erigido en principio de salvación, el entusiasmo como éxtasis epiléptico, la política convertida en opio de las masas y la razón ocultando su semblante". Exactamente lo que el catedrático español de Filosofía del Derecho, Gregorio Peces-Barba, ha calificado recientemente como la ideología del enemigo total.

Esta cita, que ilustra a la perfección la lucidez intelectual del autor de La montaña má gica, se ajusta al dedo venezolano como un anillo hecho a la medida. Sólo que los tiempos son otros y la dictadura absoluta del nazismo o de Stalin, dentro del marco de un mundo donde la información y las comunicaciones se han globalizado y donde las instituciones multinacionales, de algún modo, tratan de conservar el inestable equilibrio político del planeta, ya no es factible sino como objetivo más bien inalcanzable. Sin embargo, nadie puede negar que Venezuela atraviesa la zona más opaca de su historia republicana, con un Presidente que aspira a ser posible ese imposible. Basta tener presentes las pataletas de un general anciano en la cúpula del PSUV o a William Lara jactándose de ser "la opción del Presidente en Guárico" para comprender la magnitud de una servidumbre que se pretende hacer colectiva, muy cercana a la práctica siniestra del totalitarismo tal como la describía Mann hace 78 años.

Sólo que por otros medios. Esa ha sido la gran habilidad de Chávez, especialista excelso del disimulo y los simulacros, y lo único que tal vez lo diferencia, pongamos por caso, de alguien como Mugabe.

Desde esta perspectiva, la liberación de Ingrid Betancourt adquiere para los venezolanos el valor sublime de iluminar la oscuridad reinante. Y sirve para comprobar, en la alegría de casi todos, lo mucho que va del sometimiento y las cadenas, a la libertad.





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