La Mandela colombiana

Por Venezuela Real - 7 de Julio, 2008, 17:59, Categoría: Prensa Internacional

Moisés Naím
La Nación  - España
07 de julio de 2008

MADRID.- Quienes conocen a Nelson Mandela suelen quedar impactados por su total falta de resentimiento y rencor hacia sus carceleros.

Después de 27 años de cárcel, Mandela fue liberado, en 1990. Inmediatamente, continuó su lucha contra el apartheid. Pero en vez de abogar por la confrontación y la violencia, se entregó de lleno a promover la reconciliación, el perdón y el entendimiento entre los sudafricanos. La democracia que hoy vive su país les debe mucho a Mandela y a su capacidad para no odiar a quienes lo encerraron durante un tercio de su vida.

La semana pasada apareció una Mandela en Colombia. En el helicóptero que llevaba a Ingrid Betancourt a la libertad después de más de seis años de sufrimientos también viajaban César y Gafas, dos de los guerrilleros de las FARC a cargo de su custodia, que eran los responsables de muchas de las crueldades que sufrió la ex candidata presidencial.

Ambos fueron rápidamente sometidos y esposados. "Cuando los vi allí tirados no sentí rencor. Más bien les tuve lástima", dijo Betancourt unas horas más tarde.

También se preocupó por sus demás captores, que quedaron en la selva. Los desprevenidos guerrilleros dejaron escapar lo más preciado que les quedaba a las FARC: una secuestrada de fama mundial a la que usaban como ficha en su cobarde y sangriento juego de póquer

En las FARC, los errores se pagan con la vida. Esto lo sabe Betancourt, y por eso el día de su liberación insistió: "Espero que no haya ajusticiamiento por parte de las FARC a los guerrilleros que nos cuidaban y quedaron en la selva. No fue culpa de ellos, fue una operación perfecta". Los guerrilleros que "los cuidaban" son los mismos que cada noche la encadenaban y de día la maltrataban.

En todas sus intervenciones, Betancourt enfatiza que la paz en Colombia es posible y que la negociación con las FARC es necesaria. La disposición de Betancourt a la reconciliación y al perdón es notable, al igual que su habilidad en el manejo de los medios.

No es de extrañar que su popularidad sea sólo excedida por la del presidente Alvaro Uribe. Y tampoco sería de extrañar que esta ambiciosa política intentara llegar a la presidencia de Colombia. Y es que si bien la historia del secuestro y la liberación de Ingrid tiene aspectos humanos conmovedores, también tiene potentes implicancias políticas.

Su liberación, y la forma en que fue planeada y ejecutada, fortalece aún más el prestigio de Uribe y de su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, que tiene justificadas aspiraciones presidenciales.

Los mensajes de Ingrid Betancourt al ser liberada también tienen una fuerte carga política. Reconoció los méritos del presidente colombiano, aunque precisó que "esto no quiere decir que comulgue con todo lo que ha hecho".

Betancourt insistió en que los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Rafael Correa, de Ecuador, "son aliados fundamentales" en las negociaciones para liberar a las víctimas que siguen secuestradas por las FARC. Pero pone una condición: Chávez y Correa deben respetar la democracia colombiana. "Los colombianos eligieron a Uribe, no a las FARC", dijo Betancourt.

Esta es la expresión de una idea muy arraigada en Colombia: la paz la hacen los colombianos, no se la imponen los mediadores extranjeros, más interesados en promover su imagen internacional o exportar sus creencias que en liberar a los secuestrados. Pero Betancourt no sólo piensa en los secuestrados y en las FARC. Durante su cautiverio, también elaboró un plan de 190 puntos para Colombia. Toda una propuesta electoral.

En el panorama político de Colombia hay muchas cosas difíciles de vislumbrar. Si bien aún no es seguro, es probable que Uribe no intente ser elegido por un tercer período y prefiera culminar su mandato como uno de los más exitosos presidentes de su país y quizá de América latina.

Esto lo dejaría bien posicionado para promover las reformas que le permitan volver a lanzarse como candidato después de que su sucesor termine su período. De ser así, ¿veremos en la lucha por suceder a Uribe un paradójico enfrentamiento electoral entre Santos, el ministro de Defensa responsable del rescate, e Ingrid Betancourt?

Pero estas especulaciones son casi irrelevantes si se comparan con los logros de los colombianos en los últimos tiempos. Incluidos los de una joven que, a pesar de la horrible injusticia de la que fue víctima, sabe que una nación no se construye sobre bases de odio y pugnacidad.





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