¿Por qué Chávez no y Uribe tampoco?

Por Venezuela Real - 8 de Julio, 2008, 17:23, Categoría: Política Internacional

Roberto Giusti
El Universal
08 de julio de 2008

Ahora son otras las prioridades y otros quienes deben enfrentarlas

La norma aplicada por los especialistas a la hora de ponderar la reelección presidencial consiste en calificarla como mala o buena según su propia naturaleza y de acuerdo a los efectos políticos que genera su establecimiento. Suele decirse, por ejemplo, que la reelección, en cualquiera de sus modalidades, ha tenido efectos perversos para la democracia en América Latina. Un temor tan arraigado que en países como México no existe y en otros, como alguna vez en Venezuela, se le opusieron restricciones parciales.

Pero más allá de las argumentaciones jurídicas sobre la figura hay una realidad que a veces desafía las normas y se impone sobre ellas. Tal parece el caso de Álvaro Uribe, quien con casi 92% de popularidad podría presionar para una reforma constitucional que le permita un tercer mandato, considerado por sus seguidores como necesario para culminar la tarea que, a manera de promesa básica, votó la mayoría de los colombianos: la política de seguridad democrática, es decir, la liquidación de la guerrilla y del paramilitarismo.

Cuatro años no fueron suficientes para lograrlo, pero sí para avanzar de una forma tan vigorosa en el propósito (algunos hablan de obsesión uribista), que independientemente del trapicheo legislativo al cual se habría acudido en pos de los votos requeridos para la reforma, el pueblo respaldó la reelección dándole un espaldarazo a Uribe en abrumadora victoria que no requirió de segunda vuelta.

En Venezuela, donde no hay guerra, ni objetivos heroicos que alcanzar (apenas la erradicación de la pobreza y la miseria creciente), Chávez hizo aprobar la reelección por una vez con el mensaje purificador del cambio revolucionario, pero como el tiempo no le dio para imponer su proyecto político, es decir, la satisfacción de su apetito de poder, le propuso al país el mandato perpetuo. La respuesta fue un no rotundo por parte del electorado, que olfateó el tufillo rancio de un de guiso, a fuego lento, montado hace ya mucho tiempo para ablandarle la mollera y lograr que votara por su propia perdición.

Entonces, ¿por qué si los venezolanos rechazaron a Chávez los colombianos sí le darían un tercer mandato a Uribe? Primero, porque cumplió su palabra y tanto paracos como faracos están vencidos. En otras palabras, la paz, eso que no se divisaba ni de lejos, porque la tapaba una cortina de sangre, está al alcance de las manos luego de casi 60 años de conflicto. Segundo, porque Uribe, pese a ciertos rasgos autoritarios, no controla todos los poderes ni quiere ser presidente vitalicio. El problemita es que como cumplió casi totalmente lo prometido, ya su presencia en el poder no es necesaria. Ahora son otras las prioridades y otros quienes deben enfrentarlas.





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