La calle: instrumento de libertades

Por Venezuela Real - 13 de Julio, 2008, 14:46, Categoría: Política Nacional

Juan Martín Echeverría
El Universal
13 de julio de 2008

En la medida en que se ejerza una supervisión inteligente sobre los funcionarios y organismos del Estado, será más eficiente el comportamiento personal e institucional; en particular si se cuenta con la participación directa de los ciudadanos en los gobiernos locales y la fuerza de la opinión pública, para corregir los errores de la acción de gobierno. Nos estamos refiriendo al contrapoder que debe ejercer la sociedad, tema obsesivo de los pensadores políticos, con el propósito de prevenir toda acumulación de poder.

Esconder información

Benjamín Constant, ya en plena Revolución Francesa, resaltaba que la libertad presuponía que la opinión pública se oponga a muchos actos de los gobiernos, y apoyaba a ese poder de prevención que disponen los ciudadanos. Ubicados en el escenario venezolano, a la sociedad no se le debe esconder en forma sistemática información referida a la ejecución del presupuesto del Estado, o cómo se seleccionó sin licitación a una determinada empresa. ¿Por qué se ocultan o maquillan las estadísticas criminales, fundamentales para planificar la prevención y represión del delito? La ingobernabilidad hace inevitables y múltiples las protestas.

Veto popular

La tolerancia frente a la corrupción es uno de los factores disociadores que genera desconfianza y fortalece los reclamos, que culminan en el veto popular a leyes radicales y contrarias a la Constitución. De allí que, en la lucha por las libertades, los ciudadanos tienen que recurrir a la calle, con el propósito de defender su derecho a opinar y exigir soluciones. El ciudadano altamente politizado debe recurrir a formas de participación no convencionales cuando le cierran todos los caminos y el malestar se generaliza. El régimen no oye, por ello se recurre a la fórmula desesperada de cerrar autopistas, manifestar frente a los entes oficiales y reclamar a través de los medios de comunicación social, para que la dinámica de la opinión pública obligue al gobernante a rectificar. Las deficiencias de nuestra democracia exigen una vigilancia acrecentada, ya que la voluntad general sería un cuerpo sin alma, un silencio, un inmenso cadáver, si no tiene la posibilidad de manifestarse plenamente.

Los índices de movilización de las comunidades por la inseguridad, en la búsqueda de empleo, alimentos, fallas en los hospitales y vivienda, es el resultado de la vigilancia que sobre el poder debe ejercer la sociedad y es una modalidad legítima, que aprovecha el potencial de una situación crítica para obligar al régimen a corregir. La reacción cívica se ha convertido en una alarma de incendio y las autoridades se tapan ojos y oídos.

El ciudadano debe permanecer en una actitud de alerta y de protesta cuando sea necesario, ya que la vigilancia construye una opinión pública, que descubre lo que está ocurriendo en el país y en ocasiones a espaldas de la población. Eso es lo que se ha definido como ultra realidad, que no puede ser escondida porque es una inmensa fotografía imposible de ocultar: aún le quedan fuerzas a la sociedad para denunciar.







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