Chávez y Uribe en Coro

Por Venezuela Real - 14 de Julio, 2008, 11:31, Categoría: Política Internacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
14 de julio de 2008

Escribo estas líneas mientras Álvaro Uribe inicia una visita triunfal de siete horas a Venezuela. Un imposible político hace muy pocas semanas, primero, por la declaración de principios chavista sobre la conveniencia de reconocerle beligerancia política a las FARC y, después, por la habitual rabieta de Chávez contra el imperio y su cachorro colombiano, incluyendo movilización militar y amenaza de guerra, al darse a conocer la baja de Raúl Reyes durante una rápida y fulminante incursión de tropas especiales colombianas en territorio ecuatoriano.

Sabemos lo que pasó entonces. Además del ridículo que significó no poder trasladar a nadie ni a nada a ninguna parte para al menos poner algo nervioso al Gobierno vecino, muy pronto comenzaron a conocerse los secretos que guardaban los computadores de Reyes. Gracias a estos dos eventos, y no fuera a ser que las aguas se salieran de su cauce, la OEA convocó una urgente reunión de presidentes que, para asombro de casi todos y escarnio personal de Rafael Correa, tuvo un final escandalosamente anticlimático. ¿Quién se hubiera siquiera atrevido a insinuar que Chávez, en lugar de lanzar el furor de sus denuncias y ataques sin medida a los cuatro vientos del Caribe, iba a llegar a Santo Domingo en plan conciliador y propusiera pasar la página, porque la verdad, caballeros, aquí no ha pasado nada? Lo cierto es que a partir de esta nueva postura de Chávez, producto del engaño de la guerrilla colombiana con la liberación del niño Enmanuel y de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, pero sobre todo del temor a las revelaciones del computador de Reyes que día a día se filtraban desde Bogotá, Uribe dejó de ser repentinamente el gobernante indigno y canalla que había sido desde hace mucho. Un giro inesperado que también tuvo un epílogo imprevisto cuando Chávez exhortó a las FARC a deponer las armas, posición criticada abiertamente por Fidel Castro y el PCV.

Este laberinto de contradicciones tuvo su desenlace cuando Chávez invitó a Uribe a reunirse con él en Venezuela para borrar a cuatro manos y para siempre todas las afrentas posibles, desde las de Santander hasta las más recientes de ambos presidentes. Un oportunismo ramplón que duró, exactamente, hasta la liberación de Betancourt y otros 14 secuestrados de las FARC. Por eso Chávez demoró 24 horas en reconocer el feliz suceso, porque esa novedad no estaba prevista en sus planes. Si hace un par de semanas el encuentro de hoy se planteaba entre dos presidentes igualmente acosados por graves problemas internos, ese triste equilibrio de desesperados al borde de sendos abismos personales quedó roto de golpe con el rescate de Betancourt.

Uribe llega así a Coro en auténtico olor de multitudes, exitoso como nunca y aclamado por todo el mundo, con más de 90% de popularidad y a un paso de una nueva reelección.

Chávez, en cambio, atraviesa el momento más menguado de su agotada presidencia. Su aparatosa política internacional, incluso en Buenos Aires, se ha desvanecido en las brumas de la mayor indiferencia. La economía y las finanzas sólo sobreviven gracias al milagro del petróleo, pero nadie parece estar en condiciones de frenar una inflación que será superior a 30% este año. Pdvsa no da pie con bola, el partido unitario de la revolución, engendro organizativo que aspira a satisfacer las exigencias estratégicas de Lenin, ha demostrado ser, igual que el equipo de gobierno, depósito ejemplar de los peores vicios de la IV República: corrupción galopante, dedocracia por un único tubo, nepotismo sin límites, ineficiencia y burocratismo desmesurados. Los efectos de esta realidad están a la vista.

División en las filas oficialistas, mínimos históricos en la popularidad de Chávez, malestar creciente en los cuarteles tras la ratificación del Alto Mando Militar y la cómica del desfile el 5 de Julio, precisamente mientras las Fuerzas Armadas Colombianas demostraban su altísimo nivel operativo.

Estos son los términos que habrán marcado la cumbre Uribe-Chávez. Muchas sonrisas y muchos abrazos, por supuesto, pero en el fondo, gran triunfo colombiano. En la agenda abierta del encuentro, numerosos proyectos que favorecerán a los intereses empresariales y laborales colombianos. En la agenda oculta, la que más cuenta para Chávez, firmes exigencias de Uribe sobre el hecho de que Venezuela siga siendo santuario para las FARC. La propaganda oficial podrá cantar misa, pero así son y así están las cosas. Para Uribe y para Chávez. ¿Hasta la próxima? Ya veremos.






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