FARC: ¿Han perdido a su aliado?

Por Venezuela Real - 14 de Julio, 2008, 11:19, Categoría: Política Internacional

Ibsen Martínez
TalCual
14 de julio de 2008

Si se considera que hace apenas ocho meses, a fines de noviembre pasado, un Chávez afirmó tontamente que "mientras el presidente Uribe sea el presidente yo no tendré ningún tipo de relación ni con él ni con el gobierno de Colombia", es forzoso reconocer que tan firme resolución duró en verdad muy poco -"lo que casabe en caldo" diría Bolívar–, pues Álvaro Uribe sigue siendo cabeza del gobierno colombiano y no hay, en rigor, nada que haya cambiado en la política de este último respecto de las FARC.

La "cumbre" de Coro que fue breve como pocas y concluyó sin mayor ceremonia, se percibió como el fin un prolongado rifirrafe entre Chávez y Uribe que el presidente de Colombia ha ganado de modo indiscutible y como el triunfo de este último en el pulso con Chávez a propósito de los rehenes cautivos de las FARC.

No en balde el titular de portada de revista la Zeta rezaba:"El Paisa vino a cobrar". Ciertamente es elocuente el modo con que Chávez ha afrontado las secuelas del rescate de Ingrid Betancourt, logrado en el curso de una audaz e incruenta acción militar colombiana, en lugar de en virtud del ascendiente, real o imaginario, que, sobre las FARC llegó a pensarse que tenía el presidente venezolano. Como para subrayar el fin de ese ascendiente, las FARC rompieron el viernes su prolongado silencio justo durante el trascurso de la entrevista entre Chávez y Uribe.

Si bien el contenido de la declaración, atribuida a los altos mandos de las FARC, no hace alusión directa a la reunión de Coro, y más bien se limita a declarar como despreciables traidores a "César" y "Gafas", incurre nuevamente en el cruel despropósito de llamar "prisioneros de guerra" a los rehenes que aún mantienen en cautiverio.

Más llamativamente aún, al declarar las FARC que sostienen su política de concretar acuerdos humanitarios, el comunicado no menciona entre los factores internacionales llamados a colaborar en él, al presidente venezolano.

Entre lo mucho que ahora queda atrás, destacan las rupturas del flujo comercial con las que, en noviembre de 2004, por ejemplo, Chávez se propuso castigar a Bogotá por la "ex filtración" desde Caracas del llamado "canciller" de las FARC, Rodrigo Granda. Tales "rupturas punitivas" han quedado definitivamente fuera de repertorio de bravuconadas del jefe.

Aquella bravata, por cierto, tuvo un costo de miles de millones de dólares para un país que, no sólo es nuestro vecino, sino que es el segundo socio comercial venezolano después de los Estados Unidos, quedó chiquita frente a la bufonada de pretender trasladar a la frontera colombovenezolana 10 divisiones mecanizadas enteras, a raíz del ataque al campamento de Raúl Reyes, ocurrido en territorio ecuatoriano a comienzos de marzo.

¿Qué mueve a Chávez a cambiar diametralmente de actitud frente a Colombia para apuntalar ahora acuerdos comerciales? Es un hecho histórico que durante décadas, algunos factores de poder mediático venezolano (José Vicente Rangel o la cadena Capriles, sin buscar más lejos) , así como muchos de nuestros políticos, agitaron ocasionalmente la xenofobia y avivaron sentimientos anti-colombianos cada vez que las cifras de circulación de sus diarios o de aprobación de su gestión bajaban alarmantemente.

Pero la actitud de Chávez respecto de Colombia debe apreciarse con tino, pues no representa un avatar más del mismo reflejo demagógico que vengo describiendo.

En el pasado, el oportunista anti-colombianismo de los factores de poder venezolanos fue siempre de tipo "cartográfico" y se limitaba a cuestionar las "protervas" aspiraciones colombianas sobre la plataforma submarina del Golfo de Venezuela, por ejemplo.

Tenía, pues, como toda disputa fronteriza, un cariz técnico que no hacía de la política doméstica colombiana el centro de su argumentación ni aspiraba a influir en ella.

Con Chávez, los venezolanos y los colombianos por igual, hemos vivido la exacerbación de una esquizofrenia que, al mismo tiempo que exaltaba el sueño integrador de Bolívar, pasaba por sobre la sempiterna disputa fronteriza para abordar de lleno el prolongado, complejo y sangriento conflicto armado colombiano y –más grave aún–, tomando partido por uno de los factores de ese conflicto: las FARC.

El 11 de enero de 2008, Hugo Chávez: se dirigió a Uribe en términos perentorios: "Le pido que comencemos reconociendo a las FARC y el ELN como fuerzas insurgentes de Colombia y no como grupos terroristas y así lo pido a los demás gobiernos del continente y del mundo".

Apenas seis días más tarde, el 17 de enero, Chávez declaró a Uribe "guerrerista" que "busca cualquier pretexto para justificar su lógica militarista". Añadió que (Uribe) "no está comprometido con el intercambio humanitario", "es cínico e hipócrita", "maltrata al pueblo colombiano", "es débil" y tiende cortinas de humo para "protegerse de los escándalos", y no dejó de apostillar que "decenas de personeros del más alto nivel, vinculados al presidente Uribe, hoy se encuentran tras las rejas por delitos de terrorismo, paramilitarismo y narcotráfico".

Se impone la pregunta: ¿porqué tal viraje de 180 grados en la postura de Chávez ante Uribe? La respuesta no tarda en resplandecer para quien haya vivido en Venezuela los últimos 18 meses. "La leche aquí se llama `Alpina’", dice un chusco comentarista radial, sin que le falte razón al aludir la insuficiencia productiva venezolana.

Las opciones drásticas se han venido agotando para el demagogo con chequera que hasta ahora ha sido Chávez. La globalización, que es calle de doble vía, le ha hecho sentir duramente que el boom de precios de crudo, de la mano con el de los alimentos, no le permiten ya repetir un bloqueo comercial contra Colombia semejante al del año 2005.

Para colmo de males, el creciente descontento que la violencia criminal, la desbocada inflación, el desabastecimiento, la corrupción y el sectarismo del PSUV suscita en las filas de sus propios electores poco a poco comienzan a surtir efecto en el ánimo del Bolívar redivivo que debe, pese a sus delirios de dominación continental, ganar unas reñidas elecciones estadales y de alcaldías dentro de cuatro meses.

Se insiste en Colombia que el laptop de Raúl Reyes está "envenenado" y que, en manos del taimado Uribe, surte mejor efecto como amenaza creíble que como prueba efectiva ante un tribunal internacional. Quizá eso por sí solo vendría a explicar el viraje radical de la política exterior de Chávez.

Sea como fuere, a Chávez le urge ahora consolidar su frente interno al precio que sea, antes del 23 N.

Las FARC no sólo han perdido con Ingrid Betancourt a un valioso rehén, sino que también, al parecer, también a quien quiso ser su mejor aliado.






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