Campos de concentración - Cárceles venezolanas

Por Venezuela Real - 15 de Julio, 2008, 10:25, Categoría: Derechos Humanos

El Editorial
El Nacional
15 de julio de 2008

Luego de casi dos días encerrados en la cárcel infernal del Rodeo I, cerca de 900 familiares de los presos que allí purgan pena decidieron abandonar ese recinto carcelario, después de las repetidas y mentirosas promesas de las autoridades bolivarianas. Y no es que se esté exagerando ni mucho menos promoviendo desórdenes o indisciplinas en esos centros: en verdad, el horror que miles de venezolanos y decenas de extranjeros padecen tras las rejas va más allá de lo que cualquier ciudadano pueda llegar a imaginarse.

Es cierto que este infierno carcelario constituye un problema que la revolución heredó, pero ya van diez años de mandato bolivariano y las cosas no hacen sino empeorar. Hemos llegado al punto de que los familiares de los presos deciden quedarse encerrados en las prisiones para tratar de llamar la atención de los ricos jerarcas del Gobierno que, o bien están haciendo negocios con los dineros del petróleo, o andan comprando apartamentos y carros lujosos para consolidar su estatus pequeño burgués.

Mientras tanto, centenares de familiares de los presos deben llegar a las puertas de las cárceles a la dos y tres de la madrugada para hacer fila y entrar a visitar a sus parientes presos, portando algo de ropa y comida para aliviar la situación de carestía y servicios penitenciarios. A esa misma hora los ministros, altos gerentes del petróleo y de las instituciones del Estado regresan en autos blindados a sus casas y apartamentos de lujo, ahítos de comer y beber, muy bien protegidos por choferes y escoltas pagados por el Estado.

Estas dos realidades demuestran el grado de deterioro moral de la revolución, y no es exclusivo de Venezuela: ha sido así en el pasado en Nicaragua, Chile, Cuba y Perú. Es ese cáncer de la burocracia que convierte a todo alto funcionario público en un privilegiado, en un ser que cada día se aparta más de la realidad y de la miseria que, alguna vez, juró combatir.

Como lo sabe el presidente Chávez, que fue un preso privilegiado porque convirtió la cárcel en un club político, donde no pasaba hambre, ni carecía de lecturas ni de atención médica, nadie le cobraba por usar el teléfono o acceder a la visita íntima, hoy en las prisiones venezolanas existe algo que fue eliminado en las carreteras y autopistas de Venezuela: el cobro de peaje. La gente humilde de los ranchos debe pagar para visitar a sus familiares, cancelar en efectivo por pasar un paquete de comida o de ropa, y pagar además una vacuna quincenal para que al preso no lo maten y pueda ver a su familia el próximo domingo.

Presidente Chávez: usted fue un preso, y la semana pasada se desgañitó en Coro diciendo que ahora las cárceles bolivarianas iban ser una especie de hotel tres estrellas. Pues ni lo uno ni lo otro: en diez años apenas construyeron una cárcel moderna.

Lo demás, que estaba presupuestado, terminó en los bolsillos del algún corrupto bolivariano que jamás irá a la cárcel. A lo mejor es amigo suyo.






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