Jesika Karam
El Universal
15 de julio de 2008
Es un llamado a arriesgarnos a aceptar lo nuevo y rechazar el autoritarismo
El autoritarismo ahoga la libertad. En Venezuela existen ciudadanos que, por su afán de poder, se olvidan de pensar al mundo desde la sociedad en su conjunto y desde los problemas cotidianos de la gente. La política nos invita a formar parte de aquello que solemos llamar ciudadanía y ésta, a su vez, se convierte en una puerta abierta para alcanzar nuestra libertad como humanos. En este sentido, es entonces una empresa humana, y su mayor producción debe ser la construcción de una mejor Venezuela, con mayor justicia social y libertad. Aunque la vieja política aún preserva validez y forma parte de nuestra historia, se debe recordar bajo una premisa "rescatar, mejorar y transformar lo bueno y dejar atrás los vicios de la antidemocracia".
Me atrevo a reflexionar sobre cuán ausente de democracia estamos cuando hay seres que no respetan el pensamiento del otro y mucho menos la vida. Como jóvenes -refiriéndome a todo aquel que esté dispuesto a transformar- debemos preguntarnos si realmente estamos construyendo autonomía o somos parte de la política del clientelismo. Razón tenía Freire cuando decía: "Nadie es, si se prohíbe que otros sean".
Debemos convertir a la juventud, en un motor de transformación social. Y es esta generación la que está heredando un país lleno de políticas sin voluntad de cambio y transformación real. Es por ello que asumimos la tarea de no sólo de hablar sino de hacer y vivir lo que pensamos, construyendo autonomía desde su práctica y alejándonos de la heteronomía, que nos hace ser esclavos del pensamiento del otro. Este es un llamado a llevar la práctica lo que decimos, a arriesgarnos a aceptar lo nuevo y rechazar profundamente el autoritarismo que ahoga nuestra libertad y limita nuestra condición humana. Aprendamos a vivir en la política de la autonomía.
Consejera de Escuela UCV