EL TIEMPO - BOGOTÁ
El Nacional - El Invitado
17 de julio de 2008
Daniel Ortega, el presidente de Nicaragua, no se caracteriza por su sobriedad ni su mesura. Son varios y muy sonados los escándalos que su proceder ha causado en su país, como el que produjo hace poco al decir que los países de la Unión Europea actúan "como moscas que se paran en la inmundicia", haciendo un ofensivo juego de palabras con el apellido de la embajadora de la UE allí, Francesca Mosca.
Con Colombia no ha llegado a esos extremos, pero hace tiempo que asumió hacia nuestro país una actitud de hostilidad que ya está pasando la raya. La más reciente expresión fue su destemplada declaración de apoyo a la decisión del presidente del Ecuador, Rafael Correa, de no reanudar relaciones con Colombia, en la que dijo que si el Gobierno colombiano rompe relaciones con Nicaragua, "bienvenido sea".
Hecha en vísperas de su reunión en el Ecuador con Correa y Hugo Chávez, esa declaración no fue un buen abrebocas para esa cumbre, en la que Colombia fue uno de los temas de la agenda. Habrá que ver si Chávez -que ofreció mediar con Ecuador después de dar por superadas sus diferencias con Uribe- logró llevar algo de moderación a la cumbre de Manabí, donde fue la figura central, entre otras cosas porque allí formalizó la vinculación de Pdvsa a la construcción de la Refinería del Pacífico. Habrá que ver si Chávez logra que sus dos colegas socialistas le bajen el tono a sus ataques a Colombia. Lo que difícilmente cambiará es el mal gustoy la grosera hostilidad de Daniel Ortega.