Batalla electoral al rojo vivo

Por Venezuela Real - 20 de Julio, 2008, 12:04, Categoría: Gente de Chávez

JAVIER PEREIRA
El Nacional
20 de julio de 2008

El PSUV desarrolla una estrategia hegemónica en el oficialismo y desecha a sus aliados para garantizarse el control del tablero regional. Pero los partidos menores defienden el pluralismo revolucionario y lanzan candidatos en 11 estados y más de 180 alcaldías

El presidente Hugo Chávez lo dejó muy claro el viernes 20 de junio, durante la presentación de los candidatos del Partido Socialista Unido de Venezuela, en el estado Táchira: "No hagan el ridículo, camaradas (...) No nos van a estar chantajeando, ni echando cuentos.

Aquí no estamos para negociar gobernaciones y alcaldías a espaldas del pueblo. No y mil veces no, con nadie. Si ellos quieren lanzar sus candidatos...

¡Láncenlos pues!".

El mensaje tenía destinatarios y eran las autoridades nacionales de Patria para Todos, el Partido Comunista de Venezuela y el resto de los socios oficialistas de la Alianza Patriótica: no hay negociación posible con los candidatos del PSUV. Tómenlo o déjenlo.


Las mismas palabras han sido repetidas desde la casa roja decenas de veces. Primero fue el primer vicepresidente del partido, Alberto Müller Rojas, quien reconoció en mayo que "al PSUV le interesa tener a los mejores administradores, pero también garantizar el control político de las regiones".

Luego fue la vicepresidenta de la región sur, Yelitza Santaella, quien advirtió en junio que "el PSUV no desplazará candidatos electos por la base por unos tipos escogidos a dedo en otros partidos". El último en confirmar la orden presidencial fue el vicepresidente de la región central, Carlos Escarrá, quien dijo el lunes pasado que es inviable el apoyo a candidatos del PPT o el PCV en alguna de las 22 gobernaciones y las 328 alcaldías en disputa este año.

"La estrategia del PSUV estaba muy clara desde el mes de abril, cuando anunciaron que sus candidatos serían electos por la base en una consulta directa a la militancia", explica el politólogo Ricardo Sucre.

"Las primarias fueron efectivas para resolver los problemas internos, y apagaron el fuego. Pero son incompatibles con una alianza electoral posterior, y ellos lo sabían perfectamente.

Fue algo planificado desde la dirección nacional del PSUV para legitimar a sus candidatos y garantizarse el control político absoluto del tablero regional", señala el analista.

Sin embargo, la estrategia hegemónica de los rojos ha provocado el efecto contrario. El PSUV abandonó su silla en la mesa de la Alianza Patriótica, pero los aliados acuden religiosamente a la cita, todos los martes en la mañana, y cada semana se multiplican las candidaturas del chavismo alternativo en gobernaciones y alcaldías. Hasta hoy se cuentan postulaciones paralelas en 11 estados y, al menos, 180 municipios; y vienen más.

"Nosotros no andamos en carreras por las candidaturas, como en la oposición. En la revolución no hay apuro", explica el secretario general del PCV, Oscar Figueras. "Hay un esfuerzo de evaluar a los postulados, definir los perfiles y determinar la estrategia programática. Nosotros presentaremos nuestros candidatos y veremos cómo se desarrollan las cosas. Esta construcción de debate unitario potencia las capacidades y la autonomía de cada organización política", revela el líder comunista.

La consolidación de una corriente electoral alternativa en el seno del chavismo es inminente. Los dirigentes de PPT, el PCV, el Movimiento Electoral del Pueblo, la Unidad Popular Venezolana, Independientes por la Comunidad Nacional (IPCN), Gente Emergente y el partido Joven comenzaron esta semana a trabajar en una comisión mixta que elaborará un mapa de candidaturas alternativas a escala nacional, para evaluar, durante la segunda quincena de julio, la posibilidad de unificar postulaciones en los estados y municipios clave y así negociar en mejores condiciones con los postulados del PSUV entre agosto y octubre.

"Esto es un mensaje claro: el sueño del partido único, que persigue Chávez con su estrategia, es imposible. El Presidente debe respetar las identidades de los partidos aliados, si no quiere generar una crisis en los movimientos de izquierda. Surge una corriente no alineada, heterogénea pero visible, que mantiene las líneas maestras del proceso revolucionario pero rechaza el sometimiento político e ideológico", señala Sucre.

Vieja historia.

En el seno del chavismo, los acuerdos electorales siempre han sido traumáticos. La primera alianza de los sectores que apoyan el proyecto político de Hugo Chávez nació el 22 de abril de 1997, cuando el teniente coronel retirado lanzó su primera candidatura presidencial con el Polo Patriótico: una plataforma de nueve partidos de izquierda que lo llevó a la victoria en los comicios del 6 de diciembre de 1998.


El eje de la alianza fue el Movimiento Quinta República, con Luis Miquelena como arquitecto, al que se sumaron el MAS, el MEP, el PCV, PPT, IPCN y Gente Emergente, entre otras organizaciones. El resultado fue la postulación de planchas unificadas a las elecciones parlamentarias, pero en las gobernaciones y alcaldías fue imposible alcanzar acuerdos perfectos en la mayoría de los estados. En esos comicios regionales (celebrados el 8 de noviembre de 1998, un mes antes de las presidenciales) el chavismo obtuvo sólo 7 gobernaciones.

En las elecciones de 2000 se reeditó el Polo Patriótico, pero los enfrentamientos fueron más intensos: PPT aspiraba a lograr un mayor espacio regional y el MVR, con Miquilena a la cabeza, le cerró las puertas a sus candidatos y precipitó la ruptura. "No vamos a permitir que este país tenga un solo dueño, y que los demás vivamos como alquilados. Vamos a discutir como copropietarios", advirtió en aquel momento Aristóbulo Istúriz, hoy miembro del buró político nacional del PSUV, pero que hace 8 años defendió a muerte en las negociaciones los espacios de PPT.

Los azules, incluso, le quitaron el apoyo a Chávez en el tarjetón presidencial y presentaron candidatos propios en ocho estados. Ganaron dos: en Guárico, Eduardo Manuitt, (quien derrotó a Rubén Ávila Ávila, del MVR), y en Táchira, Ronald Blanco La Cruz (sobre Leonardo Salcedo, también del MVR). El MAS también lanzó dos candidaturas propias, y ganó una: Delta Amacuro con Yelitza Santaella, además de las victorias de sus dirigentes en Aragua (Didalco Bolívar) y Sucre (Ramón Martínez), en el marco de la alianza.

Al final, la plataforma oficialista sumó 14 estados, además de los 3 gobernadores de partidos afines que ganaron fuera de la alianza. A pesar del crecimiento político, la dispersión de los votos chavistas provocó derrotas importantes en los estados Apure y Monagas.

La alianza para los comicios regionales de 2004 fue mucho más sencilla. Se aprovechó la plataforma del Comando Maisanta, encargada de dirigir la campaña a favor de Chávez en el referéndum revocatorio presidencial, y se pudo lograr la alianza perfecta de los cuatro "hermanos mayores" (MVR, Podemos, PPT y PCV) en todos los estados, municipios y consejos legislativos. El resultado fue contundente: la victoria en 20 gobernaciones y 236 alcaldías. Los votos aportados por los partidos aliados fueron fundamentales en el triunfo en 9 estados (Anzoátegui, Bolívar, Carabobo, Cojedes, Miranda, Monagas, Yaracuy, Sucre y Delta Amacuro), donde los votos del MVR no hubieran sido suficientes para superar al candidato opositor.

Pero la lección unitaria de hace cuatro años no se asimiló y el oficialismo parece regresar a los convulsos tiempos del Polo Patriótico. "En las últimas elecciones se ha registrado una realidad muy compleja. Hay estados y municipios donde los partidos y movimientos regionales son fundamentales.

Hay una diversidad que debe respetarse para poder alcanzar las victorias", dice Rafael Uzcátegui, secretario de organización de PPT. "El PSUV se entrampó en su estrategia, porque fijaron como propósito y razón el partido. Para nosotros el fin no es el partido, sino el proceso revolucionario", señala el líder de la organización azul.

Desde fuera, la decisión de apartar a los aliados parece, más que un acto de prepotencia, una estrategia premeditada. "Ya el dedo mágico de Chávez no lo es tanto, después de la derrota electoral del 2 de diciembre. Por eso los aliados se sienten más seguros para cuestionar sus imposiciones", asegura el psicólogo político Ángel Oropeza. "Esa actitud choca de frente con la agenda actual de Chávez, para quien ahora lo más importante es el control del aparato del Estado.

Requiere en esos cargos gente fiel a toda prueba que no cuestione, por ejemplo, su búsqueda de la reelección continua con la enmienda constitucional. Por eso, antes que apoyar a algún aliado crítico, prefiere lanzar a un candidato perdedor, pero fiel. Ésa es una estrategia para preservar su liderazgo interno", explica el analista.


Lo que viene.

La maqueta electoral del chavismo está hoy dividida en 3 grandes bloques.


Por un lado, hay 8 entidades donde existen liderazgos fuertes, unánimes, apoyados por todos los partidos: Miranda, Zulia, Lara, Mérida, Anzoátegui, Falcón, Monagas y la Alcaldía Metropolitana de Caracas. Del otro, hay 11 regiones donde los aliados y movimientos regionales oficialistas han lanzado candidaturas paralelas, que competirán con los postulados del PSUV: Guárico, Carabobo, Trujillo, Barinas, Portuguesa, Apure, Bolívar, Sucre, Yaracuy, Táchira y Delta Amacuro. Y en el medio, hay 4 estados donde los socios no han lanzado candidatos pero mantienen "congelado" el apoyo a los abanderados del PSUV: Aragua, Vargas, Nueva Esparta y Cojedes.

Pero, además de los problemas en el seno de la Alianza Patriótica, surgen nuevos factores. El partido Nuevo Camino Revolucionario de Luis Tascón lanzó a su líder a la Alcaldía de Libertador en Caracas y estudia otras candidaturas en varios estados, como la del gobernador Luis Felipe Acosta Carlez, que optará a la reelección con su partido, Unidad Patriótica Comunal.

También hay varios líderes de corrientes sindicales socialistas que se han lanzado en el interior del país, como José "Acarigua" Rodríguez (presidente de Sutiss) a la gobernación de Bolívar, o los postulados de una nueva organización regional llamada PAIS (Partido de Izquierda Socialista) en el estado Aragua, apoyados por cuadros de la Unión Nacional de Trabajadores.

"Aunque no es una corriente homogénea ni es un movimiento masivo, articulado, el surgimiento de estas posturas críticas confronta en el seno del chavismo dos visiones de la política: una pluralista y otra hegemónica", señala José Antonio Gil Yépez, presidente de la encuestadora Datanálisis.

"El riesgo real para el oficialismo radica en que estos enfrentamientos pueden cambiar el mapa electoral. Hay estados donde las candidaturas del chavismo alternativo tienen chance real de alcanzar el poder, como Guárico y Barinas. Pero hay regiones donde la postulación de disidentes puede dividir los votos del oficialismo y abrirle las puertas a candidatos de la oposición, como los casos de Sucre, Bolívar, Delta Amacuro, Trujillo, Portuguesa y Yaracuy.

Al final, el nuevo mapa regional puede ser más multicolor de lo que se espera", asegura el encuestador.

Para Chávez, la pérdida de espacios políticos en los comicios del 23 de noviembre no es un juego; con un mapa político adverso, el mandatario tendría que reconsiderar su agenda electoral, cuya próxima cita es un referéndum para la aprobación de una enmienda constitucional por la reelección indefinida, entre 2009 y 2010. "Estas elecciones son estratégicas para el reimpulso del modelo socialista, frenado por la derrota del 2 de diciembre. Si pierde más de 6 gobernaciones, sobre todo las regiones clave (Miranda, Carabobo y Zulia), quedaría en una posición muy precaria para impulsar la enmienda o avanzar en el nuevo modelo económico", agrega Gil Yépez.

Mientras tanto, en la Alianza Patriótica no hay apuros.

Ya todos los partidos tienen fecha para postular sus candidatos alternativos, aunque no se cierran al entendimiento con el PSUV hasta el último momento. "Sin duda, hay que ponerse de acuerdo, y para eso tenemos hasta octubre", señala Wilmer Nolasco, presidente del MEP. "Chávez puede levantar manos, pero no resucitar muertos. Se verán las realidades y al final deben quedar los mejores. Ésa es la única manera de garantizar la victoria de la revolución. De lo contrario, nos arriesgamos a un gran fracaso", sostiene el dirigente del partido morado.
 





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