El dilema del dilema

Por Venezuela Real - 21 de Julio, 2008, 17:58, Categoría: Oposición/Resistencia

ARMANDO DURÁN
El Nacional
21 de julio de 2008

Muy pronto, los venezolanos de la oposición volverán a ser convocados a las urnas electorales.
Y una vez más tendrán que resolver un dilema que comienza a hacerse agónico y habitual.

¿Votar o abstenerse? Sólo que, en esta ocasión, a esa ingrata disyuntiva de renunciar al derecho democrático de elegir a sus gobernadores y alcaldes, o resignarse a aceptar así como así una derrota amañada, Hugo Chávez, resuelto a abolir un nuevo fracaso electoral de su futuro político, le ha añadido la inaudita violación constitucional que significa utilizar a su más dócil peón de brega, el contralor general de la República, para negarle a casi 300 candidatos opositores su derecho a ser elegidos.

De esta siniestra manera, el dilema de votar o no hacerlo se hace mucho más complejo y apremiante. ¿Qué hacer si antes del 5 de agosto el Tribunal Supremo de Justicia no echa por tierra la decisión miraflorina de arrebatarle su existencia política a los candidatos opositores con mayor opción de triunfo en los comicios regionales? Cuando Chávez le ordenó a Clodosbaldo Russián elaborar una larga lista de candidatos que no pudieran serlo, midió muy bien las posibles consecuencias de su maniobra. Pero como casi siempre, se la jugó completa. En primer lugar, porque desde el 15 de agosto del año 2004 se jacta con razón, gracias a la astucia de José Vicente Rangel, de conocer mejor que nadie el alma de la dirigencia opositora; en segundo término, porque borrar del mapa electoral a los principales candidatos de la oposición, incluso si sus partidos, como en realidad ha ocurrido, despiertan pero sólo a medias de su letargo, alimentaría con ricos nutrientes la semilla de la discordia y la división que habita y no cesa de crecer en el corazón y en las ambiciones cuartorepublicanas de los políticos profesionales del antichavismo.

Sin embargo, Chávez nunca ha dejado sus flancos desprotegidos. Instinto de soldado. Por esa elemental razón táctica, en esta oportunidad, dejó abierta, al menos entreabierta, la puerta constitucional de la separación de los poderes. Si uno de ellos, en este caso la Contraloría, dictaba una orden de exclusión contra los principales candidatos de la oposición, y si esa grosera burla despertaba las iras adormecidas de los dirigentes de esa oposición más allá de los límites convenientes al régimen, otros poderes, digamos, el Consejo Nacional Electoral, o en última instancia el Tribunal Supremo de Justicia, podrían intervenir en el conflicto, rechazar el atropello anticonstitucional intentado desde Miraflores por intermedio de Russián y restituir la normalidad democrática a tiempo de evitar una catástrofe. Por el contrario, si la protesta opositora no adquiría esa magnitud de peligro inminente, pues nada, el TSJ, como hace pocas semanas hizo el CNE y como acaba de insinuar su propia presidenta, también se lavará las manos. En cuyo caso, por ejemplo, sin mayores contratiempos a la vista, Aristóbulo Istúriz podrá irse a navegar tranquilamente por las islas del Caribe. De él será la Alcaldía Metropolitana.

En el fondo, esta ha sido la verdadera trampa de Chávez.

Medir una vez más la flexibilidad ósea de la oposición. Obligar a sus dirigentes a aceptar las condiciones electorales más inaceptables a cambio de algunos pocos "espacios", mientras que la indignación de la masa opositora, contra el régimen por su cada día más evidente conducta totalitaria, pero también contra sus propios dirigentes, caería con mayor facilidad en la tentación de abstenerse. Y sin la menor duda, entre esta nueva autoflagelación opositora y la buena ayuda electrónica de siempre, Chávez tendría en sus manos la garantía de que en noviembre no se repetirá su aparatosa derrota del 2-D, cuya exacta magnitud, por cierto, continúa siendo el secreto mejor guardado del reino gracias a la fidelidad sin fisuras del directorio del CNE.

Llegó, pues, la hora de una gran decisión en el campo opositor. Mientras media Venezuela protesta en las calles contra todo, mientras Raúl Isaías Baduel, puesto en sordina por los medios, casi convoca al país a una insurrección popular, y mientras Ramón Carrizález, habitante de alguna galaxia desconocida, emocionado, le anuncia al mundo que Venezuela ya ha cumplido las llamadas metas del milenio fijadas por Naciones Unidas en materia de derechos humanos, ¿cómo resolver este dilema de los inhabilitados en el marco del dilema general del país? ¿Hacerse una vez más los de la vista gorda? Esta es, de verdad verdad, la gran cuestión del momento actual.





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