Anticultura de la violencia

Por Venezuela Real - 24 de Julio, 2008, 15:24, Categoría: Cultura e Ideas

OVIDIO PÉREZ MORALES
El Nacional
24 de julio de 2008

Hablar de cultura en contextos como el de las presentes líneas equivale a referirse al aire relacional de una sociedad grande o pequeña, al estilo de vida predominante o que tiende a imponerse en una determinada convivencia. Cultura tiene siempre una cierta connotación de globalidad, aunque característica de aquella es su pluralidad o diversidad, correspondiente a la variedad de los grupos humanos.

Si se especifica la cultura según la calidad del aire o del estilo de vida, de acuerdo a su positividad o negatividad, cabe la posibilidad de usar, cuando esta última prevalece, el término "anticultura".

Ello puede aplicarse a la violencia en Venezuela, según el análisis situacional de la última exhortación pastoral de los obispos venezolanos Uni dos en la justicia y la rectitud (10 de julio).

El documento señala la inseguridad física, jurídica y económica como uno de los problemas más graves que sufre actualmente el venezolano, contexto dentro del cual la vida humana no cuenta con protección ni respeto.

"Hay una violencia desatada y sin control, generada por la delincuencia y la impunidad.

Son miles las familias que sufren hoy la desaparición de seres queridos". Y agrega, haciendo referencia a lo expresado sobre la materia hace siete años: "Hoy nos encontramos en peores condiciones, sin vislumbrar soluciones a corto o mediano plazo, ante la carencia de políticas públicas efectivas de seguridad ciudadana que garanticen la paz social y el derecho a la vida de las personas".

Los obispos hacen un nuevo llamado a los que tienen la responsabilidad de la seguridad de la población, hacia una mayor eficiencia y eficacia en el cumplimiento de su deber. También interpelan la conciencia de quienes han optado por la violencia, hacia una conversión del corazón al amor. Y agregan esta consigna: "Hay que decir un no a la muerte y la violencia y un sí a la vida y la paz".

Urge un compromiso por la paz. En este sentido creo que es preciso comenzar por el lenguaje, portador de lo que se tiene en el corazón, en lo más profundo de la persona (mente, convicciones, sentimientos...). El aire nacional es portador en demasía de un tono bélico, descalificador, cosificante, excluyente. Las espadas comienzan matando por la lengua. Históricamente, los genocidios y exterminios han tenido su inicio en un agresivo vocabulario. Entre los escritos bíblicos tenemos la Epístola de Santiago, que trata del enorme potencial de bondad y maldad que maneja ese "pequeño timón" que es la lengua.

Y porque son cultura y anticultura, paz y violencia se edifican primordialmente con palabra, gesto, mirada; con educación para el diálogo.

Dios, que es Amor –véase I Juan, 4, 8–, nos ha hecho para la alteridad, la comunicación, el mutuo respeto y servicio, el amor.

El artículo primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos (este año cumple seis décadas) dice: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros".

"Nuestro pueblo –así concluye el documento episcopal– quiere la vida, y una vida digna. Ésta se consigue con actitudes y políticas que promuevan el reconocimiento de la dignidad personal, los valores humanos, la paz, el respeto de las diferencias, el diálogo sincero y la apertura a los otros".

A la anticultura de la violencia respondamos construyendo una cultura de vida, de paz.






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