Poco probable otra crisis en torno a Cuba

Por Venezuela Real - 26 de Julio, 2008, 19:52, Categoría: Política Internacional

EUGENIO YAÑEZ
 El Nuevo Herald
26 de julio de 2008


Fidel Castro responde por radio y televisión al bloqueo naval del presidente Kennedy. Con el fin de aliviar la crisis, Kennedy prometió no invadir la isla, pero nuevos documentos desclasificados muestran que se retractó de ese compromiso, temiendo que Cuba se convirtiera en una “base invulnerable”. El cambio de posición significó que el entendimiento entre Moscú y Washington que llevó al fin de la crisis nunca se hizo permanente.

En una reunión secreta en el Kremlin, en 1982, Leonid Brezhnev comunicó a Raúl Castro que la Unión Soviética no podría defender a Cuba en un conflicto militar con Estados Unidos.

Veinte años antes, durante la crisis de los misiles, Nikita Jruschov dejó claro que los soviéticos no irían a una confrontación nuclear por defender a Fidel Castro: sus sucesores reiteraban que tampoco a una guerra convencional. No abandonaban aliados, simple realpolitik: no podrían ganar un combate tan lejano.

Además, ¿por qué? Estaba claro que Estados Unidos respetaba el llamado Pacto Kennedy-Jruschov, nunca escrito: si Cuba no tenía armas nucleares Washington no invadiría, aunque se mantuvo una brigada mecanizada soviética todo el tiempo en el país, y se construyó una base de submarinos: la línea roja estaba bien marcada.

Así, aunque Cuba mantuvo simultáneamente cuerpos expedicionarios en Angola y Etiopía, y miles de oficiales y soldados en Nicaragua, Mozambique, Congo Brazzaville y Yemén, después de 1962 la única inminencia de acción militar preventiva ocurrió cuando Castro pretendió, en respuesta a Radio Martí, iniciar transmisiones radiales de interferencia hacia Estados Unidos. Ronald Reagan envió a La Habana al general Vernon Walters con un mensaje muy claro: si comenzaban las interferencias, los equipos de transmisión serían barridos con un golpe aéreo.

Recientemente, Izvestia mencionó la posibilidad de que bombarderos estratégicos rusos patrullando el Atlántico aterrizaran en Cuba como parte de las contramedidas del gigante europeo frente al escudo global antimisiles de Estados Unidos.

Inmediatamente se dispararon alarmas sensacionalistas y especulaciones de cierta prensa que revivía fantasmas de la Crisis de Octubre sin tomar en cuenta consideraciones fundamentales.

Los generales cubanos podrán vacilar para aplicar necesarias reformas económicas, pero saben perfectamente apreciar la situación operativa, y que Estados Unidos no permitiría una instalación militar estratégica en Cuba en ninguna circunstancia: sería pasar la línea roja.

Además, ¿qué ganaría Cuba con tan arriesgado acuerdo? ¿Seguridad? Al contrario. Sin tomar en consideración el interés del gobierno cubano de distender sus relaciones con la próxima administración estadounidense, un emplazamiento de ese tipo podría mantenerse operativo solamente el tiempo que tardaran los misiles tácticos norteamericanos en destruirlo.

Considerar que la decisión de incluir en el escudo global a Polonia y la República Checa tendría como contramedida simétrica instalaciones militares en Cuba y Venezuela, por ejemplo, es reducir mecánicamente la doctrina militar rusa: las contramedidas no serían espejo del programa norteamericano, ni estrategia tipo Comando Aéreo Estratégico de los años 1950 en pleno siglo XXI, aunque ya Hugo Chávez, ladinamente, ofreció territorio venezolano para bases rusas.

Polacos y checos pertenecen a un pacto militar adversario, pero no oficialmente enemigo de Rusia.
Cuba, por el contrario, declara oficial y públicamente a Estados Unidos como ''enemigo''. Y el escudo global antimisiles protegería de posibles ataques rusos, pero también chinos, iraníes o norcoreanos, mientras una base de bombarderos rusos en Cuba o Venezuela tendría como única misión golpear Estados Unidos.


Muchos medios noticiosos del mundo no se hicieron eco del sensacionalismo, el gobierno cubano no comentó y Rusia rápidamente lo calificó como ''inverosímil por motivos incomprensibles''. El general Norton Schwartz, nominado como nuevo jefe de la fuerza área norteamericana, declaró al Congreso que sería ''inadmisible'' la instalación: mencionando la línea roja recordaba el Pacto Kennedy-Jruschov.

Cuando todo parecía disolverse en agua de borrajas, Fidel Castro escribió otra Reflexión, resucitando de nuevo el obsoleto lenguaje de Guerra Fría: ``Es la estrategia de Maquiavelo, que el imperio aplica a Cuba. No hay que darle explicaciones, ni pedir excusas o perdón''.

Ningún gobierno solicitó explicaciones ni excusas a Cuba: si fueran a darse, debería ser a los cubanos. En 1962, inconsultamente, Castro llevó a Cuba y al mundo al borde del holocausto nuclear. Nadie desea repetir tamaña insensatez 46 años después.
tuales análisis estratégicos de estados mayores, publicados de fuentes no claras, no ameritan correr para responder. Durante el comunismo, cuando Izvestia hablaba era la voz del Kremlin: hoy es diferente.

Para especuladores, sensacionalistas y apocalípticos, la noticia es válida. Para thriller de Hollywood, tal vez. Y para ''reflexiones''. Pero no hay segunda Crisis de Octubre.





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