¿Ahorrar o consumir?

Por Venezuela Real - 27 de Julio, 2008, 17:48, Categoría: Economía

RAFAEL ARRÁIZ LUCCA
El Nacional
27 de julio de 2008

Evidentemente, uno de los factores que condujo al desarrollo científico y tecnológico del mundo occidental por encima de cualquier otro fue el ahorro. Se necesitan recursos para que las universidades desarrollen investigaciones y, luego, se necesitan recursos para hacerlas realidad. La fuente príncipe para formar un capital es el ahorro.

Con él se hace posible acumular excedentes que resultan de una actividad productiva, para luego invertirlos en proyectos de investigación que van mejorando la calidad de vida de la gente. Esta, a grandes rasgos, ha sido la historia y la victoria del mundo liberal sobre el socialista. El segundo, al combatir la acumulación de capital no se da cuenta de que impide el desarrollo. La riqueza surge de lo que se produce y se acumula, no de lo que se produce y se reparte.

Si se reparte, llega muy pronto el momento en que no se produce más. Más temprano que tarde, los venezolanos sufriremos problemas en la Cantv y la Electricidad de Caracas, similares a los que sufre Pdvsa, ya que los excedentes están siendo repartidos, sin hacer las necesarias previsiones de inversión en actualización tecnológica. La empresa que no acumula no crece, se queda en la retaguardia, se torna conservadora, reaccionaria, socialista. Vieja historia: se repiten los errores que condujeron a la ruina en la URSS, y que han mantenido a Cuba detenida en el tiempo, postrada en medio de la frustración, infantilizada en su doloroso atraso. Que nadie nos diga que el futuro está allí, salvo que crea que somos estúpidos.

Una sociedad que ahorra, que se dispone a acumular un capital, que aceita un sistema financiero de crédito en un marco de libertades económicas, será la que propicie la materialización de los sueños de sus individuos. Esta sociedad ahorrativa ha sido estupendamente estudiada por Carola Conde Bonfil en su libro Cómo movilizar el aho rro popular para reconstruir un país (Grijalbo, Colección Economía para Ciudadanos, Caracas, 2008). La profesora Conde estudia el caso francés, ya que es notable el camino que esta sociedad (en particular sus estratos más humildes) asumió con el ahorro como norte colectivo. Éste, a su vez, se ha hecho un modo de vida.

La costumbre de ahorrar no sólo conduce a la formación de capitales, que mediante el sistema financiero promueven a quienes está en formación del suyo, sino que dibuja un valor extraordinario de las sociedades verdaderamente ricas: la austeridad.

No gastar más allá de lo necesario; invertir en la educación de los hijos de manera prioritaria; comprar vivienda antes que un vehículo costoso; atender la calidad de la alimentación antes que otra necesidad; preferir un viaje pedagógico antes que un desplazamiento consumista necio; hacer de un ropero discreto un signo de elegancia, son algunas de las conductas que el norte del ahorro contribuye a modelar. Por supuesto, el extremo contrario, el del detestable pichirre, es un extremo fundamentalista que atenta contra la necesidad de consumo que una sociedad industrializada requiere para subsistir. Nada nuevo: los griegos ya pregonaban el aura mediocritas (el centro) como el mejor de los espacios.

El libro sobre el que llamo la atención, contribuye a diseñar un sistema de ahorro popular, de manera tal que se incorpore la sociedad íntegra en un modelo de acumulación y generación de riqueza.

El estudio de este caso se suma al de Muhammad Yunus y el Grameen Bank, en Bangladesh: ambos ejemplos maravillosos de sociedades que transitan el camino de la riqueza, más allá de la utopía empobrecedora del socialismo.






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