Héroes no, víctimas

Por Venezuela Real - 27 de Julio, 2008, 17:46, Categoría: Injerencia de/en Venezuela

MILAGROS SOCORRO
El Nacional
27 de julio de 2008

Qué eterno se hace el vuelo que traslada un ataúd. Qué triste esa llegada que no es tal para el pasajero inerte. Qué trágica esa reunión que ya no va a festejarse con abrazos porque el recién llegado viene traído en andas, silencioso.

Muerto. Esa es la ceremonia que Chávez procuró a los familiares de los cuatro oficiales venezolanos fallecidos en Cochabamba al estrellarse el helicóptero usado por el presidente de Bolivia, Evo Morales.

Desde Moscú, donde se encontraba en visita organizada de manera unilateral y sin esperar que sus anfitriones rusos demostraran alguna inclinación a recibirlo, Chávez tuvo la desfachatez de decir que quería "rendir tribuyo a estos héroes de la revolución y mártires de la unión suramericana". Que estaban, agregó, "cumpliendo misión de patria grande". Con sus ojillos ya por siempre casados con una expresión porcina, y embutido en sus lujosos trajes, desde Moscú, la ciudad más costosa del planeta (según reciente medición internacional), rindió tributo...

Qué tributo. Habló paja acerca de cuatro jóvenes oficiales venezolanos que encontraron la muerte, ¿en faena heroica? No.

En el cumplimiento de una orden personal de Chávez, que hace favores a sus amigos empleando para ello lo que no le pertenece.

Qué más quisiéramos que mitigar la angustia de estas muertas con la idea de que tuvieron algún sentido, que se han traducido en alivio para alguien o garantía de supervivencia para otros. Esto es lo que ocurre cuando los uniformados –conscientes, por cierto, de que con las insignias viene el riesgo de perecer en el cumplimiento del deber–, entregan la vida para salvar la de otros, cual es el caso de las operaciones de salvamento en catástrofes naturales. Pero los oficiales venezolanos muertos en Bolivia no estaban allí en labores de apoyo a Bolivia sino a las órdenes personales de un individuo, el Presidente de ese país suramericano, que se encontraba en brega proselitista, a las puertas de una medición electoral. Nuestros muchachos acudieron a una cita con el infortunio cuando cumplían la orden de destinar equipamiento militar venezolano, y sus pericias profesionales, para favorecer una parcialidad política de un país extranjero. Como si no hubiera en Venezuela urgencias que paliar y trabajos que cumplir.

Choferes del aire de un mandatario ajeno, soldados cuyo compromiso de obediencia les impide elegir entre la gesta y el mandado innoble, cuál es el heroísmo. ¿Mártires de la revolución? Chávez debería tener el detalle de callarse antes de proferir semejante burla a la memoria de unos oficiales y a la sensibilidad de un país.

¿Cuál es la revolución a la que estos oficiales entregaron su vida? ¿La del festín de millones que los ladrones de Pdvsa están celebrando con tal estridencia que los bancos suizos deben negarse a recibir sus depósitos porque los cuentahabientes no pueden explicar la procedencia de sus súbitas fortunas? ¿La de las compras en efectivo de mansiones y penthouses? ¿La de los maletines de dólares a diestra y siniestra? Como buen miembro de la izquierda ágrafa, Chávez –que evita tan enérgicamente incurrir en el heroísmo y cada vez que ha estado en riesgo se las ha arreglado para asegurar su integridad y que sean otros quienes hagan frente a los peligros– es al mismo tiempo tan aficionado a la épica que arroja víctimas mortales. Desde luego, siempre que el muerto sea otro. Y como su irresponsabilidad y su capacidad destructiva siempre están cosechando muertos, se apresura a revestir su propio efecto letal con el discurso del heroísmo. Estos cuatro oficiales (así como el que falleció, también en Bolivia, el año pasado), no son héroes, son víctimas. Víctimas de Chávez, de su afán de echárselas de magnate a costa del patrimonio del país; de su criminal práctica de repartir dinero, equipos y personas a otros países con la única razón de que están gobernados por su coral de pedigüeños; y sin que las asignaciones sean aprobadas por la Asamblea Nacional ni sometidas al escrutinio de institución alguna.

Todo lo que toca queda impregnado de la terrible predestinación de Chávez, condenado a dejar un rastro de tragedia cuando las circunstancias auspiciaban ventura. No hay que esperar nunca que su paso deje heroísmo ni grandeza. Sólo víctimas. Pobre tipo, es su sino.





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