Capacitación y adoctrinamiento

Por Venezuela Real - 30 de Julio, 2008, 11:24, Categoría: Política Nacional

GUSTAVO ROOSEN
El Nacional
30 de julio de 2008

La promulgación del decreto ley que añade al INCE la S socialista –ahora Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista– obliga a repensar temas de permanente vigencia como el de la capacitación de la población y las responsabilidades que Estado y sector privado comparten en este campo.

En el origen del INCE estuvo la conciencia de la necesidad de capacitación técnica y de la corresponsabilidad de Estado y sector privado, entendida no sólo como la suma de aportes financieros, sino como la estrecha colaboración en todo el proceso de formación, desde la definición de necesidades y contenidos hasta el aprendizaje mismo en el aula, los talleres y el propio sitio de trabajo.

Estado y empresario coincidían en la necesidad de formar para el trabajo en las disciplinas más necesarias, más útiles para el desarrollo de la gente y del país, para el empleo y la productividad. El INCE respondía a esa tradición del artesano que forma artesanos, del maestro que forma a sus aprendices, en un inteligente ejercicio de transferencia de saberes y habilidades, de acumulación y proyección del conocimiento, indispensable en una sociedad moderna donde la capacitación para el trabajo debe tener rango prioritario.

Sobre estos criterios se desarrolló en el INCE, a comienzos de los noventa, una importante tarea de recuperación, renovación y organización de la institución. Héctor Riquezes como presidente y la Comisión Hans Neuman, creada para ese propósito, revitalizaron el INCE, lo acercaron más a su misión, lograron el compromiso de las empresas y avanzaron hacia una expansión descentralizada, cónsona con las necesidades de cada región y de cada estado.

No puede decirse lo mismo del Inces de hoy, ocupado de múltiples misiones y marcado, a partir del nuevo decreto, por un carácter ideologizante vacío de contenido y de proyección creadora.

El acento en la formación socialista introduce un peligroso ingrediente ideológico.

¿La calificación obedecerá a los conocimientos y a las destrezas adquiridas o a la afinidad ideológica y al grado de compromiso partidista? ¿En su afán de "superar seudo valores del capitalismo" se descalificará los del trabajo, la productividad, la calidad, el crecimiento personal? ¿Son incompatibles los "valores colectivos" que propugna con los individuales de libertad, justicia, aspiración a la felicidad? ¿Son incompatibles solidaridad con competitividad, responsabilidad social con productividad? ¿Calificará a técnicos o a activistas? Para atender la necesidad de capacitación técnica, la empresa privada ha desarrollado desde hace mucho diversas iniciativas. Capacitación, pasantías tutorías han sido algunas de ellas.

Fundei es, en este terreno, un buen representante de esta tradición. Fundada como una institución civil al servicio de la sociedad, con el objetivo de promover la vinculación institucional entre el sector empresarial y el educativo, no hay duda de que ha cumplido y sigue cumpliendo con esos objetivos.

Estado y sector privado están llamados a ser socios en la tarea de capacitación técnica.

Contribuir a la formación de los trabajadores, lejos de ser vista como una carga, debería ser estimada por las empresas como una inversión en calidad. El Estado, por su parte, más que pensar en sanciones para lograr la aplicación de las exigencias mínimas de la ley, debería ocuparse de promover incentivos para estimular un eficaz proceso de transferencia de conocimientos. La pretensión de convertir la capacitación técnica en espacio para el adoctrinamiento, en cambio, es contraria a sus mejores fines y a su naturaleza.





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