Chávez y el Parlamento

Por Venezuela Real - 3 de Agosto, 2008, 14:45, Categoría: Cultura e Ideas

MASSIMO DESIATO
El Nacional
03 de agosto de 2008

Al comienzo del siglo XX, el socialdemócrata alemán Kautsky escribía: "(...) La legislación directa no puede, al menos en un gran Estado moderno, volver superfluo al Parlamento, puede representar sólo una articulación de la administración. (...) Es imposible otorgar a ella (la legislación directa) la entera legislación del Estado. (...) Hasta cuando exista el gran Estado moderno, el punto central de la actividad política será siempre el Parlamento".

Kautsky creía que la vía al socialismo debía hacerse a través de la política parlamentaria, y sostenía que sólo el pequeñoburgués radical tiende a ver en el Parlamento la causa principal que perpetúa la servidumbre de las clases inferiores.

Por su parte, su compañera de partido Rosa Luxemburg creía que la vía al socialismo debía hacerse a través de la huelga general y, en todo caso, por medio de una política extraparlamentaria, convencida como estaba de la espontaneidad del pueblo en lo concerniente a la revolución.

Kautsky recordaba que cuando los marxistas hablan de desmoronamiento del capitalismo no lo hacen desde el punto de vista de un economicismo mecánico; entienden afirmar la madurez del sujeto revolucionario, que se expresa en el ámbito organizativo y en la autonomía político-ideológica.

Sobre la base de estas indicaciones parecería que la política de Chávez se asemeja más a la posición de Kautsky que a aquella de Rosa Luxemburg. El camino para el socialismo del siglo XXI pasa por el congreso y las elecciones son el arma de la revolución. Ganar la mayoría en el congreso permite transformar la sociedad democráticamente y pacíficamente, y, si hay violencia, ésta se debe sólo a los sectores reaccionarios que no aceptan el dictamen de la mayoría y que obligan a defender la revolución con medios que van más allá de la palabra.

El asunto es que, en verdad, Chávez no ha llegado a formar o no ha encontrado un sujeto revolucionario maduro y organizado; menos aún dotado de una autonomía política-ideológica. Pero ha ido secuestrando la autonomía del congreso (Parlamento) mediante una sagaz política extraparlamentaria que se mueve en los límites o fisuras de la Constitución, cuando no lo hace en abierta discrepancia con ella; discrepancia que nunca es registrada por el Poder Judicial, puesto que el Ejecutivo ha sido capaz de controlar también esta instancia.

Resumiendo, en ausencia de una eficaz división tripartita de los poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial) Chávez usa en gran medida al Parlamento de manera extraparlamentaria. Este segundo aspecto es encubierto con las diversas fachadas que ha sabido estructurar en ausencia de un auténtico sujeto revolucionario organizado.

De ahí la importancia de las elecciones: ganarlas, para la oposición, significa obligar a Chávez a una de dos: 1) respetar el juego democrático al pie de la letra; 2) eliminar las fachadas y jugarse el todo por el todo mediante una abierta y franca política extraparlamentaria. Hasta ahora la sagacidad de Chávez lo ha llevado a lograr una revolución sin sujeto revolucionario organizado, con un Parlamento que a veces es autónomo del Ejecutivo, y con unos toques extraparlamentarios que difícilmente son vistos como tales. Aprueba una ley como la de inteligencia y contrainteligencia –abiertamente inconstitucional– para retirarla cuando ve el clamor popular.

Pero es sólo una retirada estratégica. No se nos olvide, de un militar se trata.







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