BANCO DE VENEZUELA - Una historia de poder

Por Venezuela Real - 6 de Agosto, 2008, 10:24, Categoría: Economía

ANDRÉS ROJAS JIMÉNEZ
El Nacional
06 de agosto de 2008

Presidentes, empresarios y grupos foráneos han pugnado por el banco durante sus 118 años

" En un negocio de grandes, los grandes se imponen". Tales palabras las expresó Michel Goguikian en diciembre de 1996, cuando el Grupo Santander venció a otros cuatro consorcios financieros en la subasta que llevó a cabo el Fondo de Garantía de Depósitos y Protección Bancaria (Fogade) para la privatización del Banco de Venezuela.

Para ese momento Goguikian era el director de Santander Investment en el país. Hoy, como presidente del Venezuela, le toca escuchar frases similares referidas a la grandeza que puede tener el Estado venezolano, que gracias a los ingresos adicionales que provienen de los altos precios del petróleo puede comprar una institución financiera emblemática en el país.

"El Gobierno quiere comprar el banco, quiere recuperarlo porque es el banco de Venezuela, así se llama.

Nos hace mucha falta un banco de esa magnitud", dijo el presidente Hugo Chávez, quien por cierto confirmó un rumor que el Santander negó a fines de junio: la intención que siempre tuvo Víctor Vargas, del Banco Occidental de Descuento, de adquirir la filial del Santander y que no se concretó sencillamente porque el primer mandatario dio un no rotundo.

Esta suerte de juego de monopolio entre banqueros y el Presidente de la República prácticamente ha sido una constante en la vida de esta institución a lo largo de sus 118 años.

La fundación del banco fue apoyada por el presidente Raimundo Andueza Palacios, a finales del siglo XIX, quien lo veía como el ente encargado de prestarle al Gobierno y de recaudar fondos públicos.

Lucha accionaria

Sin entrar en una cronología de la evolución del Venezuela, tan sólo lo vivido en 1990 –justo cuando cumplió un siglo– es una muestra de cómo banqueros del país, extranjeros, políticos y jefes de Estado han pugnado por la toma del control absoluto del banco.

En ese tiempo se escenificó una lucha por controlar la mayoría accionaria de la entidad, pero fue en 1993 que se concretó la venta de acciones a José Álvarez Stelling, para ese entonces presidente del Banco Consolidado, quien asumió el control de la institución, pero por poco tiempo.

La tercera ola

El regreso de Rafael Caldera al poder, en febrero de 1994, ocurrió en medio del mayor problema bancario que se haya vivido en el país y desde el mismo momento en que se juramentó se asumió que algo ocurriría con el Banco de Venezuela. Se habló que Bernárdez –por su cercanía al Presidente– retomaría el control.

Sin embargo, otro fue el derrotero. Fue arrastrado por la tercera ola de la crisis financiera, que también embistió al Consolidado y al Banco Progreso, en agosto de 1994.

"Las pérdidas ocultas, consecuencia del elevado costo financiero pagado por el banco para defenderse de un take over poco años atrás, las operaciones con sus sucursales off shore y las malas inversiones determinaron una franca situación de insolvencia que no pudo ocultar al público por mucho tiempo", comentó el economista Gustavo García sobre lo que ocurrió en el Venezuela.

Una vez superada la crisis bancaria, el equipo económico de Caldera, liderado por Luis Raúl Matos Azócar y Teodoro Petkoff, como ministros de Hacienda y Planificación, respectivamente, se fijó como objetivo liquidar los bancos que no podían recuperarse y privatizar aquellas instituciones que bajo la gestión pública lograron superar sus problemas de insolvencia e iliquidez, como ocurrió con el Banco de Venezuela.

Esa tarea se le encomendó a Esther Holcblat de Margulis, una experta consultora en temas financieros. Se le designó presidenta de Fogade, organismo que montó un esquema de subastas públicas mediante el cual se procedió a la venta de activos heredados de la crisis bancaria y de las propias instituciones financieras intervenidas.

En el tiempo que el banco estuvo bajo el control estatal no escapó de la polémica. Se habló de que la persona que designó el Gobierno para presidir esta institución, Jacques Vera, actuó para favorecer a Bernárdez en la privatización, idea que provocó desagrado en parte del mundo político de la época. "La decisión que motivó la salida de nosotros se negoció con el partido Acción Democrática", denunció Vera el día que recogió sus cosas en la oficina que ocupó en la sede del banco.

También se afirmó que frente a esta disputa, la presidenta de Fogade advirtió que "la mezcla de política y banca del Estado es delicadísima". Margulis contaba el respaldo de Matos Azócar para avanzar con la subasta, pero los problemas internos retrasaron su ejecución por 6 meses.

Roberto Vivas Calcaño estuvo al frente del banco hasta el momento de la compra por parte del Santander, pero en los pocos meses de su gestión tampoco escapó de las vicisitudes, en este caso por el incremento de los pagos de nómina y gastos operativos. "Ha habido cierta campañita de personas que quieren crear problemas acusándome de gastos dispendiosos", dijo Vivas Calcaño.

Llegó Botín

Las dos principales instituciones financieras de España –el Santander y el BBVA– se habían trazado como objetivo durante la década de los años 90 ampliar sus negocios en el exterior y decidieron aprovechar los vínculos históricos y políticos del país europeo con América Latina.

La crisis financiera había retrasado su ingreso a Venezuela, pero las subastas de Margulis les permitió asirse de alguna de las entidades. Todo dependía de cuánto ofrecer en la puja.

El BBVA quiso competir, pero Empresas Polar decidió retirarse del negocio bancario –por aquello de concentrarse en sus actividades medulares: cervezas y alimentos– y le vendió su participación en el Provincial, de tal manera que en las últimas horas previas a la subasta, las cosas se le facilitaron al Grupo Santander.

Después vendría celebración y boato. Todavía entre cronistas sociales se comenta que una de las mejores fiestas en la Caracas de finales del siglo XX se dio en el Centro de Arte La Estancia, que fue prestada por Pdvsa, para rendir homenaje al magnate del Santander, Emilio Botín, y a su hija Ana Patricia.

Tres años más tarde, cuando Chávez estaba en su segundo año de gobierno, desde Madrid se le dio el visto bueno a la compra del Banco Caracas por el Venezuela.

El Gobierno avaló el negocio. En gran parte por los buenos oficios del ministro de Finanzas del momento, José Alejandro Rojas, quien convenció al Presidente de la compra y de la posterior fusión de ambos bancos.

Esa misma cercanía que hubo entre Rojas y Goguikian hace 8 años se pensó que podía funcionar nuevamente. Lograron que Chávez diera un no rotundo al plan del BOD, pero no se evitó la nacionalización.
menos préstamos que los entes privados, sino que además los que emite son de alto riesgo.

¿Qué sucede en la banca?

De acuerdo con Faraco, la venta del Venezuela es sólo el abreboca de lo que podría venir. "Las mismas razones que tuvo Botín las tiene el resto de los banqueros". Al ser una transacción acordada y en un ambiente irascible para la inversión, los representantes de las demás entidades pueden ver una oportunidad para salirse de un mercado que no resulta tan rentable.

Sin embargo, no todas la opiniones apuntan hacia una estatización total del sistema. "Es probable que en Venezuela no haya más nacionalizaciones, pero el control gubernamental del sector financiero continuará expandiéndose por medio de una estructura de regulación cada vez más restrictiva", indicó Alberto Ramos, economista de Goldman Sachs, de acuerdo con reportes de Dow Jones.

Una de las mayores enseñanzas de la crisis financiera de 1994 y 1996 es que la confianza es fundamental para manejar con eficiencia el negocio.

"La banca afecta a los venezolanos más directa e inmediatamente que otros sectores estratégicos intervenidos por Chávez. La medida podría ser contraproducente si los depositantes pierden la confianza en la capacidad del Gobierno de proteger sus ahorros y retiran su dinero", señaló en un artículo The Wall Street Journal.

El retiro de depósitos gubernamentales del Banco de Venezuela fue una muestra del desorden con que se está manejando este proceso de estatización en el que ni el Ministerio de Finanzas podía explicar quién había girado tal orden de retiro. Este hecho puede ser una muestra de lo que se vislumbra para un ente cuyo personal gerencial perdió la oportunidad de seguir haciendo carrera en una trasnacional, y aquellos que se queden pasarán a ser empleados públicos al servicio de la revolución. Todo eso lo perciben los ahorristas.


 


 






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