Ernesto Alvarenga
El Universal
06 de agosto de 2008
El espíritu de la verdadera unidad debe estar por encima de todas la cosas
Con el pasar de los días el régimen que encabeza Hugo Chávez Frías se hace cada vez más ilegítimo, su desempeño es contrario a la voluntad popular, la Constitución y las leyes. Cuando algún sector se distancia del razonamiento chavista, inmediatamente se activa una cacería de brujas que tiene como objetivo descalificar, acosar y someter al escarnio público a todo aquel que tuvo la osadía de disentir.
El 2 de diciembre de 2007, la población venezolana rechazó de manera contundente el proyecto de Constitución redactada por el régimen. La primera reacción ante la derrota fue una arremetida mediática donde la victoria de la mayoría fue víctima de los más escatológicos adjetivos. Luego de la ira, la estrategia fue minimizar la diferencia de votos entre el "Sí" y el "No", para lo cual el Consejo Nacional Electoral (CNE) y buena parte de la oposición guardaron silencio.
Gran parte de ese silencio cómplice favoreció el anuncio de los decretos de las 26 nuevas leyes que nos están imponiendo por la vía "habilitante", sin conocer aún de manera oficial el contenido de cada instrumento legal. Se puede decir que el jefe del régimen estaría modificando la Constitución por la vía de una Ley Habilitante, aun cuando esto parezca una aberración.
Es oportuno resaltar que uno de los sectores más afectados con este paquete de leyes es el aliado preferido del Presidente de la República, la Fuerza Armada Nacional. Luego del 2 de diciembre, Chávez no ha tenido problema en anunciar que se pondrían en práctica las milicias a nivel nacional. De acuerdo a lo que se conoce de esta nueva Ley, lo que hasta hoy conocíamos como la Reserva de la FAN, pasará a ser la "milicia" y por supuesto que tendrá su apellido "bolivariano". Evidentemente el régimen continuará su camino hacia la constitución de un régimen totalitario.
Esta política antipatriótica y antinacional, debe ser enfrentada con firmeza. El espíritu de la verdadera unidad debe estar por encima de todas las cosas. Es necesario analizar el escenario no como el circo donde nos sentamos a ver los caprichos y excentricidades del jefe del régimen. Lo que está sucediendo es que vamos por un despeñadero. La exaltación de los valores, la justicia social, paz, solidaridad y democracia sólo cuentan para los discursos en el exterior.