Mafia cívico-militar controla las cárceles

Por Venezuela Real - 6 de Agosto, 2008, 11:49, Categoría: Derechos Humanos

Patricia Clarembaux
TalCual
06 de agosto de 2008

Para Elio Gómez Grillo, el quiebre del sistema carcelario arrancó en 1958. El penitenciarista considera que el problema no se resolverá con nuevas cárceles, sino con la formación de un buen personal y con políticas serias que nunca han existido

Pausado como es, recorre con el dedo los libros dispuestos en su biblioteca penitenciaria y legal. En la cola de publicaciones consigue a su primogénito. Lo toma en sus manos y lo muestra: "Introducción a la criminología, así lo llamé", dice. Fue la primera de sus doce obras, fue su tesis de grado y es su orgullo desde 1966.

A Elio Gómez Grillo, el criminólogo, el abogado, los años se le notan en las canas, en el lento caminar y en los pliegues de su piel. No así en su espíritu joven, pues aún visita a los presos venezolanos de buen ánimo. Les habla como penitenciarista que es y como amigo, quizás cubriendo una responsabilidad que el Estado venezolano olvidó, no desde ahora sino desde la llamada "cuarta república".

–¿Cómo han cambiado las cárceles desde aquélla que usted visitó por primera vez en Trujillo?
–El problema penitenciario venezolano comenzó con la caída de Pérez Jiménez en 1958, que produjo un volcán delictivo que aún sigue en erupción. Se produjo un abarrotamiento de los penales y se exacerbó el descuido de los gobiernos, aunque hubo algunas iniciativas. En 1958 José Luis Vethencourt, quien era asesor del ministro de Interior y Justicia (MIJ), Andrés Aguilar, propuso las fábricas y las escuelas penitenciarias con régimen abierto, pero no le hicieron caso y las cárceles se hacinaron. Sin embargo, los mejores logros penitenciarios se vieron con el presidente Luis Herrera Campins, quien creó los centros de tratamiento comunitarios, que eran cárceles abiertas. Se creó el liceo penitenciario para jóvenes y adultos "Rafael Naranjo Ostty", en Oritupano, estado Monagas. Se construyeron El Rodeo y Yare, ambos penales aceptables. Se puso en vigencia la Ley de Sometimiento a Juicio y Suspensión Condicional de la Pena, que estableció que por delitos primarios no se iba a la cárcel sino que a la persona se le imponían algunas restricciones de salida de la ciudad, bajo el control de un delegado de prueba. Con esa ley, salvamos de la cárcel a 200.000 personas en quince años. Posteriormente, el problema continuó en declive y fue en 1989 cuando se hizo algo con la llegada del ministro Luis Beltrán Guerra, que creó los jueces itinerantes y el Instituto Universitario de Estudios Penitenciarios (Iunep), pues para mí lo más importante en una cárcel es el personal.

–Actualmente, hay presos armados porque el Estado no les garantiza la vida. ¿Cómo podría mejorarse la seguridad en un penal?
–Eliminando la corrupción, que ha hecho que la mafia penitenciaria ingrese drogas, armas, proyectiles, mujeres y que le cobre al preso hasta por el aire que respira. Es la misma que ha hecho que se acabe con el Instituto de Estudios Penitenciarios.

–¿Quiénes conforman esas mafias?
–Personal militar y civil vinculado con las cárceles. No se concibe cómo puede entrar una granada o una subametralladora a un penal si es un arma militar. Hay una mafia penitenciaria oficial, dentro y fuera de las cárceles, que va desde altos funcionarios hasta los menores.

Desde luego que hay gente honesta y son los más perjudicados.

–La Guardia Nacional, ¿es parte del problema o de la solución?
–Está dicho por las Naciones Unidas que el personal penitenciario no debe ser militar, sino custodia civil. Es que la misma Guardia no quiere estar en las cárceles. En los penales deben estar los graduados del Iunep.

Nosotros hemos formado a 750 penitenciaristas y hasta ahora, sólo 12 trabajan en las cárceles. Las mafias no los quieren. Ellos han difamado al instituto y a sus egresados porque saben que se les acabaría el negocio.

Lograron que el MIJ y el Ministerio de Educación Superior firmaran una resolución haciendo intervenir el Iunep con funcionarios del Instituto Universitario de Policía Judicial.

–¿Cerraron el Iunep?
–Lo están cerrando. Están cerrando un instituto único en el mundo. Allí teníamos personal académico, con maestros de maestros. Ese instituto, sin exagerar, era un ejemplo para la historia. Era una institución de primera línea y qué hizo el Estado venezolano: lo masacró. Del 92 al 99 lo respetaron. Fundé cuatro especialidades: administración penitenciaria, educación de tratamiento penitenciario, servicio penitenciario y seguridad penitenciaria. Yo llevaba el plan de estudio a los congresos y lo admiraban, querían copiarlo. Ahora, eliminaron las inscripciones y han llegado a terminar semestres en dos meses, para sacar rápido a los muchachos y dejar el instituto vacío. Dicen que van a crear la Universidad de la Seguridad en el Helicoide, para graduar policías.

–¿El penitenciarista es un policía?
–No, para nada. Ser penitenciarista implica una labor educativa, no de seguridad. Él se dedica a reeducar al preso para rehabilitarlo y lograr su reinserción social. Es un educador, un confidente y amigo del preso. No es un vigilante.

–¿Y el custodio?
–Se ocupa de la seguridad, pero el nombre de custodio no le quita sus funciones de penitenciarista, pues forma parte del tratamiento del recluso. Es el que está más cerca, también el amigo y el confidente. Es la persona a quien el preso le cuenta sus alegrías y sus penas... le pide consejo. El custodio es el brazo derecho del preso, quien le tiende la mano.

–¿Pero no cree usted que esa concepción se está desvirtuando en Venezuela?
–Claro, porque no son los penitenciaristas quienes van a las cárceles, sino los funcionarios que nombra el Estado venezolano. Creo que ninguna de las cárceles que tenemos está dirigida por un penitenciarista.

–¿Cuántos planes de humanización ha conocido?
–Cualquier cantidad. El Estado venezolano nunca ha tenido políticas penitenciarias, sino decisiones apresuradas y casuísticas. Sin embargo, debo decir que me siento sorprendido positivamente con la preocupación del ministro de Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, por el tema de las cárceles. Lo que ocurre es que está mal asesorado.

–¿Con custodios se resolvería la anarquía en los penales?
–Sí, y con el debilitamiento de la corrupción en las cárceles. Las armas se decomisan y las mismas autoridades se las venden a otro preso.

Hay un gran reciclaje de armas. Una vez un preso me enseñó un revólver con cinco marquitas y me dijo: "Mira, la mía es la sexta".

–¿Qué elementos son necesarios para humanizar una cárcel?
–Buen personal, honesto, capaz, digno e incorruptible. El ministro inauguró la Cárcel de Coro. Yo voto por que eso funcione, por que haya un buen personal que lleve trabajo al preso. Porque de otra manera en un año, esos talleres y equipos serán chatarra. ¿Tú sabes lo que son dos mil hombres hacinados? Sería un campo de batalla. Cada pabellón sería una trinchera y cada preso un francotirador.

–¿Cuál considera usted la peor consecuencia de tener una población penal armada?
–Que los hombres salen con un aprendizaje de violencia. En Venezuela, tenemos cuatro gatos presos y se matan dos diarios. En Brasil hay 350.000 presos y se mataron el año pasado 116; aquí fueron 500. En general, aquí se matan por cada 1.000 presos 25 hombres. En Brasil, por cada 1.000 se mata 1,7. Y en Argentina que tiene 55 mil presos se mata la mitad de uno. En las cárceles de Venezuela se vive una masacre.

–El ministro Rodríguez Chacín, inauguró el penal de Coro y Yare III. ¿Usted considera que sólo con construir penales y despejar los existentes se puede resolver el problema carcelario?
–Tiene que haber personal calificado. La solución penitenciaria no está en más cárceles sino en menos presos. Más cárceles van a ser, con el tiempo, almacenes de hombres hacinados, ociosos, depósitos de seres humanos en condiciones infrazoológicas. Las cárceles suecas son casas viejas. Aquí son un negocio para los constructores.

–La descentralización de los penales estuvo planteada en este Gobierno, luego desistieron.
–Hace 10 años se estableció que las cárceles debían descentralizarse. La centralización penitenciaria ha fracasado. El MIJ nunca ha podido hacer buen penitenciarismo porque no ha querido darle las cárceles a los gobernadores, tal como establece el artículo 272 de la Constitución, mío de la "a" a la "z". Cada gobernador conoce mejor a sus presos porque son de su estado. Con la descentralización se podría resolver buena parte de los problemas. Cada gobernador se sentiría responsable por su penal. Se reduciría la corrupción, porque además hay más control en lo que hace un gobernador que en lo que hace un ministro. No puedo decir que será el paraíso, pero sí que sería una emulación constructiva.


–¿Qué opina del Código Orgánico Procesal Penal?
–Ha logrado que baje la población penal. Pasó de 30.000 a 20.000.

La única ley verdadera es la que conduce a la libertad.

–¿Y no es demasiado complaciente con el delincuente?
–No, en absoluto, no. Permite medidas alternas que no ameritan la privación de libertad. Las cárceles están desapareciendo en el mundo.

Lo triste es que teniendo una población penal tan pequeña tengamos semejante infortunio penitenciario.

Venezuela tiene 27 millones de habitantes y 27 mil presos. Somos la vergüenza del mundo.


 





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