Ya no son sólo las moscas las que caen atrapadas en la telaraña de la justicia

Por Venezuela Real - 8 de Agosto, 2008, 15:40, Categoría: Política Internacional

HÉCTOR FAÚNDEZ LEDESMA
El Nacional
08 de agosto de 2008

Con una velada crítica a los jueces venales, capaces de torcer las palabras de la ley, en el siglo V a. C., el príncipe Anacarsis le reprochó a Solón la ingenuidad de pensar que las leyes pudieran garantizar la justicia; según Anacarsis, las leyes serían como una telaraña, que atrapa a las moscas pero que deja escapar a los pájaros. Esa situación, que todavía subsiste en Venezuela y en otros países, rápidamente está siendo superada por la justicia internacional, para dar paso a la persecución y castigo de quienes, hasta hace poco, permanecían protegidos por un manto de impunidad. Ya no basta que algún tirano quiera protegerse con leyes de autoamnistía, o que una decisión absurda de una Sala Constitucional pretenda reivindicar una noción obsoleta de la soberanía nacional. Tampoco es suficiente que un déspota primitivo y audaz, como Teodoro Obiang, se haga una Constitución a la medida, para disponer que el jefe de Estado no podrá ser juzgado por actos cometidos antes, durante, o incluso "después de su mandato".

Como demuestran los casos de Noriega y Pinochet, los tribunales nacionales ya no ven con la misma indiferencia los crímenes que se puedan haber cometido fuera de las fronteras del Estado. Pero es la justicia internacional la que últimamente ha dado pasos trascendentales para eliminar las fronteras a una actividad que solía ser competencia exclusiva de los Estados, y para perseguir y castigar a ex gobernantes y a sus lugartenientes.

En este sentido, aunque con su muerte haya evitado una sentencia condenatoria, el proceso de Slobodan Milosevic ante el Tribunal Internacional para Crímenes en la Antigua Yugoslavia marcó un importante hito en la reconstrucción de la justicia, y en la reparación de las atrocidades cometidas en la guerra de los Balcanes.

La reciente captura de Radovan Karadzic, otro pez gordo en la lista de los más buscados, revela que ni siquiera las garantías de una superpotencia, en cuanto a que no sería juzgado por un tribunal internacional, han resultado suficientes para evitar tener que sentarse en el banquillo de los acusados. Tampoco Charles Taylor pudo escudarse en su condición de presidente en ejercicio de Liberia y, en junio de 2003, fue acusado de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad ante el Tribunal Especial de Sierra Leona; pero no fue hasta después de que abandonó el poder que Taylor fue detenido, y posteriormente trasladado a La Haya.

Ahora, con la orden de captura dictada en contra del actual presidente de Sudán, Omar Hasan El Bashir, dictada por la Corte Penal Internacional, se cierra el ciclo de la impunidad con que numerosos sargentos (y tenientes) asolaron a sus pueblos. El Bashir es la encarnación de la maldad en Darfur, y el responsable de un genocidio largamente ignorado por la comunidad internacional. Sería poco realista esperar que su detención se produzca en los próximos días o semanas; pero, sin duda, más temprano que tarde, el tirano El Bashir, que convirtió el territorio de Darfur en un inmenso cementerio, tendrá que comparecer ante la Corte Penal Internacional y rendir cuenta de sus actos.

Ya no son sólo las moscas las que caen atrapadas en la telaraña de la justicia. Ahora, esa red es más gruesa, y está en capacidad de atrapar a los pájaros más grandes. Por lo tanto, hay razones para ser optimistas, y para confiar en que el brazo de la justicia no se detenga ante las fronteras de ningún Estado. ¿Llegará el día en que caigan otros pájaros?





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