Domingo con jabalina

Por Venezuela Real - 10 de Agosto, 2008, 15:21, Categoría: Política Nacional

ALBERTO BARRERA TYSZKA
El Nacional
10 de agosto de 2008

Nos ha robado los matices.  Se ha metido hasta en nuestros cepillos de dientes

Un lector me acusa de monotemático.

Señala que cada vez tengo menos cosas que decir o, peor, que cada vez digo más o menos lo mismo. Dice que ya sólo tengo un único tema para este costado del domingo: la realidad, el país, el Gobierno...

(Los tres puntos suspensivos también son una rutina, se repiten sin gracia, sin sazón). Un lector deja caer sobre mi correo una pregunta con cierto ánimo de regaño: ¿De qué va a escribir usted cuando ya no tenga a Chávez? Uno de los peores efectos de la polarización, de la simplificación del proceso, es justamente ése. La política ha secuestrado nuestra existencia. Nos ha robado los matices. Se ha metido hasta en nuestros cepillos de dientes.

A mí también me encantaría que el país no fuera una obligación, un deber dominical.

Todas las semanas llego a esta punta de la página con la ilusión de poder narrar otros misterios cotidianos, manosear dudas menos pesadas, pronunciar palabras distintas a las que, además, gotean en todos lados, más o menos igual, repitiendo lo mismo.

A mí también me encantaría escribir este domingo sobre la literatura de Unica Zürn, o sobre la mujer que vi hablando sola, caminando medio abrazada a un cuerpo invisible, o sobre las Olimpíadas en China... Pero, de nuevo, la realidad se levanta frente a los ojos, se sienta sobre mis dedos, ataca, invade. ¿Con qué jabalina se puede cortar esta semana? ¿Cómo quedarse mudo ante las inhabilitaciones, ante el saqueo de las leyes habilitantes? A los pocos días de la derrota del 2 de diciembre, aparecieron en las calles de Caracas unas vallas enormes donde, sobre un fondo blanco, surgían en rojo, inmensas, dos palabras: "Por ahora". No estaban firmadas. Nadie se responsabilizaba por ellas. No hacía falta. Era otra forma de expresión de un poder que piensa que no necesita nombrarse. Que está en todas partes. Que todo lo controla.

Que no rinde cuentas. Que no pierde. Que no está dispuesto a negociar nada.

Ocho meses después, el resultado del referéndum constitucional es un chiste. Ya no quedan dudas. Ahora constatamos que, para el Gobierno, cualquier declaración oficial fue parte de un protocolo, de la mórbida cortesía que había que mantener con el mundo exterior, con este estorbo llamado democracia. Ahora sabemos que lo esencial estaba en esas dos palabras: "Por ahora". Esa amenaza se cumplió esta semana. La voluntad popular es un bien desechable. Sólo sirve si nos apoya.

¿Alguien recuerda la imprecación moral, los aullidos oficiales, denunciando que la oposición no reconocía los resultados del referéndum de 2004? Nuevamente, Chávez ha dado otro golpe de Estado.

Ahora no necesita que un par de tanques intenten subir los escalones del Palacio de Miraflores. Ahora trae los tanques de Rusia. Ahora cuenta sus intimidades gástricas y abraza niñitos. Todo lo suyo le parece tan divertido. Patea el tablero y se va a promover la revolución en Argentina.

Es un niño rico que juega a ser de izquierda, mientras, cada vez más, organiza el poder a su alrededor. Lo sorprendente es la complicidad silenciosa de todas las instituciones, la complicidad silenciosa de todos aquellos que siguen haciendo del disimulo un negocio o una forma de supervivencia.

Tiene razón Leopoldo López cuando dice que tienen miedo, que Chávez es el autor intelectual de las inhabilitaciones. Mientras el Presidente, aprovechando las leyes habilitantes, irrespeta la voluntad popular y la Constitución, el Poder Moral y el Tribunal Supremo tuercen también la ley, se convierten en instrumentos para inhabilitar a los adversarios políticos del oficialismo. En el fondo, lo que realmente desean, lo que realmente buscan, es inhabilitar la realidad. En eso llevan diez años. Tratando de suprimir cualquier diversidad. Tratando de prohibir cualquier esperanza que no se llame Hugo Chávez.

He estado tratando de hallar una palabra que retrate un poco la difícil situación en la que estamos. Porque es más que una impotencia.

El Estado nos tiene cercados.

Perdónenme la rima. Pero se trata de un proceso perverso, ejecutado sin ningún escrúpulo. El poder nos acosa, nos acorrala, nos intoxica. Asistimos a una neuropatía social.

Un entumecimiento recorre el país. Perdemos la sensibilidad. Nuestras sensaciones se difuminan, se extravían bajo un hormigueo cada vez más uniforme. La nueva élite, los nuevos ricos del socialismo bolivariano, parecen empeñados en esa tarea. Nuestra parálisis es su victoria.

Una jabalina cruza la mañana del domingo.







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