Golpe de Estado

Por Venezuela Real - 11 de Agosto, 2008, 11:55, Categoría: Política Nacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
11 de agosto de 2008

Sorpresa extrema e indignación. Esas son las aflicciones que hoy perturban gravemente el ánimo de los ciudadanos y que una vez más colocan al país ante la encrucijada que desde hace mucho, a pesar de las voces apaciguadoras que no cesan de elevarse desde las filas opositoras, Chávez le viene planteando al país.

En realidad, este ha sido el rasgo más significativo del actual proceso político venezolano. Todo o nada. ¿Por qué sentirnos entonces escandalizados ante los últimos atropellos de Chávez a la legalidad constitucional? ¿Qué tienen de novedoso? ¿Acaso lo que ha ocurrido estos días en Venezuela no era perfectamente previsible desde el mismo 2 de diciembre? De acuerdo, a pesar de que Chávez quiso restarle importancia a la catástrofe electoral de aquel día calificándola de "victoria de mierda" de la oposición y ordenándole al CNE guardar silencio para siempre, lo cierto es que tuvo que mascar a fondo el freno de su desmesura. Pero por ahora. Sólo por ahora. Como ha venido haciendo desde el 4 de febrero.

En el fondo, este ha sido el método recurrente de Chávez para afrontar los contratiempos. Un pasito atrás, dos saltos adelante.

La esperanza de moderación para calmar a sus adversarios y luego, pasado el susto inicial, un garrotazo feroz para obligarlos a despertar. Como acaba de hacer este mes de agosto. Si bien es cierto que se vio forzado a detener el proceso abruptamente el mismo día de su derrota en las urnas del referéndum de diciembre, únicamente los más ingenuos (y, por supuesto, lo peor intencionados) podían creer que a partir de ese instante Venezuela emprendería un rumbo nuevo y democrático. Los partidos políticos de la oposición, sin embargo, aprovecharon esa circunstancia para alimentar la ilusión de los venezolanos, deseosos de salir de la crisis pacíficamente, y generar la falsa expectativa de rematar al régimen en las elecciones del próximo 23 de noviembre. Los nuevos "pajaritos preñados" de que hablaron Teodoro Petkoff y compañía después de las elecciones presidenciales del 2006 para justificar el favor que le hicieron a Chávez haciéndole creer a los venezolanos que la victoria de Manuel Rosales era posible y hasta probable. De ahí aquel torcido argumento de que el propósito de Chávez era implantar en Venezuela un régimen totalitario, pero totalitario light. Es decir, ligero, liviano, compatible con la democracia.

En los cálculos de esta oposición miope e insuficiente nunca se tomó en cuenta la advertencia que Chávez no deja de repetir hasta la saciedad: la revolución ha llegado para quedarse. Tampoco tomaron demasiado en serio los plenos poderes que le otorgaba la tercera Ley Habilitante para reencauzar el proceso por el rojo rojito camino de la revolución tan pronto como él lo estimara conveniente. Y así, como si viviéramos en el mejor y más plácido pasado cuartorrepublicano, mientras en Miraflores adelantaba Chávez sus planes para llevar a cabo por la vía excepcional de la complicidad legislativa el proyecto de reforma constitucional frustrado por el voto popular el 2D, millares de aspirantes a ser alcaldes o gobernadores, cegados por esa presunta oportunidad de volver a disfrutar una parcelita de poder municipal o regional, se entregaban a la tarea cómplice de no desengañar a los ciudadanos antes de tiempo.

Uno tiene la impresión de que la historia de unos y otros se ha agotado. Ni Chávez puede esperar a que los votos de noviembre desalojen de sus puestos a numerosos alcaldes y gobernadores del régimen, ni la oposición parece dispuesta a poner en práctica otro plan que no sea acudir mansamente a votar. Frente a ellos, a los venezolanos de a pie tampoco les sobra el tiempo para sentarse a ver qué pasa. A fin de cuentas, todos nos hallamos en una situación como suspendida en el espacio, a punto sin embargo de estallar, y cuyas resonancias, sin la menor duda, se escucharán en Venezuela y en el resto del continente.

¿Qué hacer, pues? ¿Seguir creyendo en los mismos pajaritos preñados de antaño, es decir, en el sueño electoral, o desafiar a Chávez en la calle y exigirle lo que es de uno por derecho natural y legitimidad constitucional? Porque, mírese como se quiera, con las leyes del decretazo, 26 que ya fueron publicadas en Gaceta Ofi cial, 16 que están a punto de ser aprobadas por la Asamblea Nacional, y con el más que significativo espaldarazo institucional que le dio el TSJ a su tajante decisión de borrar de un solo plumazo la existencia política de sus principales adversarios, Chávez, sencillamente, ha dado un golpe de Estado.

Sin atenuantes. Al mejor y más puro estilo africano.
 





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