El Gran Marrullero

Por Venezuela Real - 14 de Agosto, 2008, 11:45, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

Diego Bautista Urbaneja
El Universal
14 de agosto de 2008

Sabe que su proyecto llegó a una etapa en la que no puede jugar limpio, porque si lo hace pierde

Las últimas semanas hemos presenciado un vendaval de medidas autoritarias. Podrían ser capaces de hacer perder el rumbo a las fuerzas democráticas que luchan por detener y revertir el proyecto político de poder total y sempiterno que anima las actuaciones del señor Chávez Frías.

No es que las medidas fueran sorpresivas. Las decisiones del TSJ sobre las inhabilitaciones la esperaba todo el mundo, lo cual en lo más mínimo excusa a los magistrados de la personalísima ignominia en la cual han incurrido. Pero no es fácil imaginarse en qué cabeza pudo caber que el TSJ iba a echar para atrás las inhabilitaciones. En cuanto al paquetazo de leyes del último día de la habilitante, también estaba el país sobre aviso de que Chávez iba a intentar meter por alguna vía lo que la mayoría del pueblo había rechazado el 2 de diciembre. Pero siempre la realización de lo que se temía, incluso de lo que ya se daba por cierto, causa un impacto especial, y más si tiene lugar de la manera artera y salvaje en la que tuvo lugar el paquetazo del 31 de julio.

Ante arremetidas como esas es más que nunca necesario mantener bien firme el timón en la ruta que se ha trazado el movimiento democrático del país. Las consecuencias de lo ocurrido son muy grandes. De hecho, así como se dijo que la reforma derrotada el 2-D configuraba, de haber sido aprobada, un fraude constitucional, lo ocurrido con el paquetazo es eso mismo, pero de mayor gravedad, pues va incluso en contra de la voluntad popular hecha explícita en ese diciembre. Es decir, estamos ante una situación carente de legitimidad, ante una situación política de facto.

Perdió legitimidad

Pero una cosa es constatar que la Constitución ha sido violada y, por lo tanto, el Gobierno ha perdido la legitimidad que la Constitución le otorga y otra cosa son las consecuencias prácticas que de ello pueden sacarse. Ciertamente que el país hoy por hoy enfrenta a un Gobierno ilegítimo, pero no tiene más opción que enfrentarlo con los recursos con los que cuenta para ello, y esos recursos no son otros que la voluntad popular. No son las armas, no es el dinero, no son los máximos tribunales que deberían actuar. No es nada de eso: son los votos. La voluntad popular se expresa de muchas maneras: protestas, resistencia, rechazos que cada ciudadano en particular y junto a otros tiene a su mano. Pero sobre todo, en la circunstancia venezolana el principal instrumento con el que cuenta esa voluntad para manifestarse es el voto. La ocasión está ahí, el 23 de noviembre. Hay que terminar esa exigente tarea bien terminada y concentrar en ella el máximo de esfuerzo y de fuerzas posibles.

Por si para alguien no estaba claro, con su paquetazo Hugo Chávez ha perfilado con insuperable claridad el significado de las próximas elecciones: es la ocasión concreta que la política del país nos ofrece para detener el proyecto de autocracia total. No es que Chávez va a dejar de ser Presidente, no es que su permanencia en el poder por los años que le quedan de su actual y último período está en juego. Pero sí lo está que sus posibilidades de llevar a la práctica las violaciones a la Constitución que cometió el 31 de julio y, sobre todo, de realizar su sueño dorado de ser presidente vitalicio, sufrirán un rudo golpe. Pero para ello es necesario obtener en esas elecciones los triunfos que están a nuestro alcance, y que son numerosos y de gran entidad.

El riesgo a evitar

Se ha invocado por allí el artículo 350. Esa referencia siempre puede estar como algo que de todas maneras no es fácil llevar a la práctica, o vislumbrar cómo hacerlo. Lo importante en todo caso, el riesgo a evitar, es que la invocación no distraiga ninguno de los esfuerzos que hay que concentrar en noviembre. Los que piensan mucho en ese artículo pueden ver las elecciones de noviembre como una oportunidad real y práctica de hacerlo realidad, con efectos acumulativos y de fondo.

Por último, no perdamos de vista lo que destacados formadores de opinión ya han señalado. Esas arremetidas del autócrata son síntoma de inseguridad, como lo es siempre -siempre- toda marrullería, que es lo que fue el paquetazo. Indicio de que el hombre sabe que su proyecto llegó a una etapa en la que ya no puede jugar limpio, porque si lo hace pierde, como perdió el 2 de diciembre. Ante eso el movimiento democrático no tiene otro camino que andar por la Calle Real de la voluntad popular, porque es en el terreno de la democracia donde esas fuerzas tienen las de ganar, y porque la democracia es el verdadero adversario del proyecto del Gran Marrullero.






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