Precios y mentiras - La propia trampa

Por Venezuela Real - 14 de Agosto, 2008, 11:29, Categoría: Economía

El Editorial
El Nacional
14 de agosto de 2008

En materia de precios, el Gobierno nacional ha caído en su propia trampa. Durante años ha tratado de disimular la inflación que provocan sus políticas económicas mediante controles rígidos que determinaban precios artificialmente bajos. En otras palabras, ha mantenido lo que los economistas llaman una inflación reprimida. Cuando la táctica no funcionaba amenazaba con añadir a la represión económica la policial. Acusaba a comerciantes y productores de acaparadores, explotadores y en casos de emergencia, de conspiradores o golpistas.

No ha faltado la ocasión en que culpe al imperio o al sistema capitalista mundial de los altos precios o de la escasez. Pero este engaño, que es a la vez autoengaño, algún día debía descubrirse.

La fantasía de establecer precios poco realistas se trató de ocultar primero mediante inmensos subsidios que permitían los inusitados ingresos petroleros. Pero como es imposible subsidiar todo a la vez y para siempre, el ardid perdió eficacia cuando surgieron otras necesidades y empezaron a hacerse escasos los recursos.

Después, la inutilidad de los controles generalizados se mostró en su desacato. Compradores y vendedores hacían las transacciones al precio que acordaban entre ellos y los precios fijados por el Gobierno sólo tenían realidad en las estadísticas del Banco Central y del INE. Por último, se produjo un desabastecimiento que encendió todas las señales de alarma de los consumidores y hasta las de las autoridades.

Ahora, cuando con todo y controles la inflación llegó a límites insostenibles y bate récord en América Latina y el mundo, el Gobierno se ha topado con la realidad, no ha podido seguir evitándola y se ha visto en la obligación de relajar o eliminar muchos de esos controles. Lo grave es que tiene que hacerlo cuando el alza de los precios ya ha llegado a 33,7% anual y en el caso de los alimentos, que es donde más afecta a los sectores populares, a 49,9%.

A esto se le agregan ahora los incrementos autorizados en productos de amplio consumo popular como el pan, la salsa de tomate, la mayonesa, las carnes, la margarina, que de un solo golpe se elevarán en rangos que van desde 23% a 110%. Para tomar un caso concreto y significativo, el precio del pan se incrementa en 48%. Y, sin embargo, los panaderos dicen que eso aún no es suficiente. Que tendrán que seguir trabajando con precios menores que los costos.

A lo anterior, debe añadirse la liberación de los precios de otros productos básicos, como el atún en lata, la sal, el pernil y la mortadela. De manera que es mejor no pensar cuáles serán los aumentos en los índices de los próximos meses y, menos aún, cuál será la reacción de los consumidores y las amas de casa. Y eso que todavía no se ha tocado al control de la madre de todos los precios, es decir, el valor de la moneda o tipo de cambio.

De esta manera el sueño de querer manejar la economía por decretos se aproxima a su fin. Y el despertar no será, por cierto, agradable





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