Parapeto chino

Por Venezuela Real - 15 de Agosto, 2008, 10:43, Categoría: Dimensión Social

Gerardo Blyde
El Universal
15 de agosto de 2008

El centro de la acción política debe ser el ser humano, no los intereses económicos

Para algunos seguramente es un hecho intrascendente, parte de un espectáculo y, como tal, lo importante era que se viera perfecto, sin ningún aspecto desagradable o fuera de lugar. Para otros, enterarnos de la burla, la fachada, no solamente es simbólico, sino que delata que detrás del telón de supuesta perfección hay un mundo de injusticias y sometimiento propio de regímenes totalitarios que siempre cuidan las apariencias y ante los terceros esconden la basura debajo de la alfombra.

Nos referimos a la pequeña niña que en la ceremonia inaugural de las Olimpíadas hizo las veces de estar cantando en vivo ante los espectadores tanto en el estadio olímpico como ante los millones de ciudadanos del mundo que la siguieron a través de la televisión. Era una fachada. La voz que se escuchaba pertenecía a otra niña que, escondida detrás del escenario, era la que realmente cantaba. La que doblaba era estéticamente perfecta. La cantante oculta, conforme a la estética de los organizadores, no tenía los atributos físicos necesarios para exhibirla como imagen de China.

La justificación resultó demoledora: "Queríamos dar una imagen perfecta y pensamos en lo que sería mejor para la patria". Así, ramplonamente, una niña físicamente imperfecta no podía ser imagen de la patria. Había que colocar ante el mundo una fachada. "Era una cuestión de interés nacional" declaró el organizador.

"Lo mejor para la patria", "el interés nacional", dos frases manidas que todo régimen colectivista y represivo usa para justificar el atropello a lo individual, la materialización del engaño, la mentira propagandística.

Con seguridad el organizador que eso declaró está completamente convencido de haber obrado correctamente, y precisamente eso constituye la peor deformación que sobre sus individuos producen los regímenes que irrespetan al ser humano en supuesta defensa de intereses superiores, como si lo colectivo, la patria o el interés nacional no existieran para servir al ser humano y no para servirse de él.

Cuando esos supuestos intereses superiores se sobreponen y pisotean los derechos individuales, se deforma la existencia misma del Estado y se desvía la utilización del poder, pues se convierte en un arma que se desnaturaliza y, lejos de proteger al ser humano, termina esclavizándolo para servir al poder y a quienes lo detentan.

Cómo desconocer las violaciones constantes a los Derechos Humanos que se cometen en ese gigantesco país. Cómo hacerse la vista gorda ante la situación de vulneración de derechos que están sufriendo los monjes tibetanos. Cómo no decir nada sobre los groseros privilegios de los miembros del partido dominante y la inmensa pobreza y desigualdad de quienes mayoritariamente viven en la pobreza extrema.

Así como la niña cantante no era quien cantaba, así como a la verdadera niña cantante se le escondió por no ser físicamente perfecta (y todo eso es visto como un asunto de "interés nacional"), así se violan derechos fundamentales, se discrimina y se reprime basados en el mismo "interés nacional" y "lo mejor para la patria".

Lamenté ver en aquella ceremonia inicial a muchos de los líderes del mundo cuyas democracias defienden los derechos humanos y actúan bajo el imperio de la ley. Más allá de los juegos, hay ocasiones en las que hay que demostrar, con la no presencia, una crítica real a actuaciones de gobiernos que irrespetan al ser humano, sea cual sea su naturaleza u origen.

Lamenté corroborar lo que nos hemos negado a aceptar, los países y sus gobernantes no tienen corazón sino intereses, y vaya que todos tienen intereses en China, el gran mercado que despierta al mundo para ser proveído de bienes.

Aún así, deberá formarse y se está formando una nueva clase política que atienda al ser humano como el centro de su acción. Esa generación comienza a despuntar y será la que en una o dos décadas esté gobernando las democracias del mundo. Somos optimistas porque los hemos visto actuar y conocemos la pureza y firmeza de sus principios. Los cambios de paradigmas no se dan de un día para el otro. Toman su tiempo, sólo espero que no sea mucho.

El centro de la acción política debe ser el ser humano, no los intereses económicos o las entelequias creadas para el sometimiento como el "interés nacional" que utilizan todos los regímenes totalitarios para justificar la represión, la manipulación o las fachadas como la niña cantante que no cantaba pero era bella. La economía y el interés nacional, deben girar en torno al ser humano, a su protección, a su desarrollo, a su respeto como individuo. Lo "mejor para la patria" debe ser lo mejor para sus ciudadanos, no para la imagen de sus gobernantes, no lo que más convenga a quien detenta el poder.







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