El hábito de trampear

Por Venezuela Real - 18 de Agosto, 2008, 11:55, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

ILDEMARO TORRES
Noticiero Digital / El Nacional
18 de agosto de 2008

Curiosamente solemos asociar la palabra o la idea "estilo" con la elegancia y la distinción en los gestos, los modales y el habla, pero no es sólo eso; el término se refiere asimismo a la rudeza, la agresividad primaria y la procacidad, como bien nos lo ha demostrado y confirmado a lo largo del tiempo el comandante Chávez, acerca de cuyo estilo (así lo han llamado) una célebre amiga suya y nuestra, hace años nos recomendó entenderlo y acostumbrarnos.

Ya en 1998 él afirmaba que Venezuela requería un Presidente salido de un cuartel, y nosotros pasamos por alto esos indicios reveladores de quién era y es el personaje, las evidencias tempranas de la clase de resentido castrense que nos aguardaba. Su verborrea y su ordinariez ya palpables entonces, y ahora en su máximo grado de desbordamiento, antes que ser rechazadas por su carga de subestimación, de degradación del pueblo al cual supuestamente él se dirige, sirvieron para que más de un analista político y prestigiosos periodistas lo calificaran de "gran comunicador", llegando incluso a decirnos a quienes lo objetábamos en su primitivismo que "él no habla para ti, tú no le interesas, él sabe llegarle al pueblo"; y así fuimos justificando y glorificando a quien sin ningún tipo de escrúpulo le hace trampas al país y se burla de todos los valores éticos que hemos tenido a orgullo cultivar como sustanciales. Le jugamos con cierto candor a quien no tardó en establecer como política de Estado la mentira, los fraudes, las simulaciones y la impunidad; aprendimos a estar vigilantes ante la inagotable inventiva oficial de patrañas, pero elevamos a inmerecidas posiciones al patán que ayer nos hablaba con desparpajo de su intimidad conyugal, y que hoy nos cuenta sus diarreas prolijamente en cadena televisiva.

Estaría más ajustado a la realidad de los hechos, que sus alocuciones no fueran presentadas en la forma actual, sino iniciadas con una marcha militar y con el título "¡Desde el cuartel!", dicho con fanfarria; porque a despecho del escenario y del decorado de fondo, de que aparezca con su ropaje rojo o vestido con la banda presidencial terciada, lo que groseramente nos endilga parece venir más bien del fondo de un cuartel, en la voz de un arrogante oficial de pocas luces que se dirige a las tropas cuadradas ante él. Y a ese lugar debería regresar el teniente coronel, si no fuera porque también allí ha pervertido toda moral institucional. Durante las dictaduras militares, como la que quieren imponernos en Venezuela, los uniformados ocupan cargos y desempeñan funciones reservadas en los regímenes democráticos a individuos o corporaciones civiles, y ponen énfasis en imprimirle a la sociedad un sello militarista. Chávez padece la obsesión de la perpetuidad en el poder, convencido de su grandeza y carácter de predestinado histórico. Con su aprobación a escondidas y lanzamiento de último minuto, del llamado paquetazo de 26 decretos leyes de esencia dictatorial, ha demostrado definitivamente ante el mundo que en nuestro país el poder está en manos de un malandraje hamponil, y que tan altos cargos en la conducción de la República han quedado, en razón de la desvergüenza de quienes los ocupan, vacíos de dignidad y honorabilidad.

Cómo quisiera quien esto escribe abordar otros temas de interés y gratos de tratar, en lugar de hablar reiteradamente de la pillería gobernante; pero la absurda realidad de acento trágico que estamos viviendo obliga a ocuparse de ella cual ineludible deber de conciencia.






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