Secuestro

Por Venezuela Real - 18 de Agosto, 2008, 13:13, Categoría: Seguridad/Inseguridad

Ibsen Martínez
TalCual
18 de agosto de 2008

1.
Uno de mis mejores amigos colombianos –vástago de una acaudalada familia del llamado "eje cafetero"– fue secuestrado en su juventud, allá por los años 80, junto con su hermano gemelo.

Los sometieron y raptaron una noche mientras se hallaban de rumba en un sitio de mala nota al sur de Bogotá. El grupo secuestrador estaba formado por delincuentes comunes que, sabedores del "valor" de los jóvenes secuestrados, los revendieron a precio ventajoso a las FARC. Hasta aquí narro un suceso indistinguible de los muchos secuestros que ocurren en Colombia, donde esta modalidad delictiva tiene ya cariz de industria criminal que afecta a todas las clases sociales.

La familia de la madre de los morochos era, en rigor, la de la plata; el padre era un exitoso ejecutivo de una transnacional, pero en modo alguno un hombre rico.

Cuando los secuestradores tomaron contacto con la familia, la madre, sus hermanos y los abuelos fueron partidarios de pagar de inmediato el rescate exigido y entablaron negociaciones con los plagiarios, a través de un negociador profesional, sin dar parte a las autoridades. En el proceso, hicieron a un lado al padre de los muchachos. El padre, por las razones que fuese, quizá irritado por el ninguneo, pero obviamente movido por el mismo amor a sus hijos que la madre, actuó por cuenta propia y denunció el caso a la policía. En cuestión de unas horas la policía espiaba, con ayuda del padre de los chicos, las gestiones que adelantaban sus cuñados con los violentos.

Abrevio: el dinero fue entregado según las condiciones exigidas por los "actores armados" mientras que, en el lugar donde los chicos habrían de ser liberados, ocurrió un enfrentamiento entre la policía y los secuestradores y, en retaliación, uno de los gemelos fue asesinado por sus captores.


2.
No soy un experto en seguridad, pero en mi juventud fui muy adicto a los libros del estadounidense Ross Macdonald (19151983), un extraordinario autor de novelas policiales.

Escribiendo en la misma tradición de Dashiell Hammet y Raymond Chandler, Macdonald –a quien no hay que confundir con John D. MacDonald, otro autor de novelas policiacas– era dueño de un estilo literario elaborado y no se inhibía de incorporar " insights" sicoanalíticos en sus tramas.

Su mejor libro es, sin duda, El Blanco Móvil (1949) , donde presenta a su héroe, el detective privado Lew Archer.

El Blanco Móvil fue el primero de una serie de más de 18 novelas de un nivel de escritura, como he dicho, sumamente elevado. En 1966 fue llevada al cine, con Paul Newman en el papel protagónico.

La acción de casi todas las novelas de Macdonald se sitúa en el opulento condado de Santa Bárbara, al sur de California, condado que el autor enmascara bajo el nombre ficticio de Santa Teresa. Y en muchas de ellas, Lew Archer es llamado para resolver un caso de secuestro.


3.
Recuerdo haber leído una entrevista en la que Macdonald justificaba esa propensión al secuestro que tienen sus argumentos. Palabra más o menos, Macdonald señalaba que el secuestro es una de las modalidades criminales más antiguas y crueles que haya concebido la Humanidad; de allí su vigor dramático. Y que, desde el punto de vista de un escritor de thrillers detectivescos, pocas situaciones ofrecen tantas posibilidades a la hora de urdir el argumento.

La razón de esto último, según Macdonald, está en que para que un secuestro termine felizmente –es un decir– deben cumplirse muchas condiciones y no todas de modo simultáneo.

Debe raptarse exitosamente al sujeto, las negociaciones deben ser rápidas y efectivas y, al mismo tiempo, sustraerse al escrutinio policial. El canje debe cumplirse limpiamente, sin que haya muertos y, por último, el grupo secuestrador debe esfumarse sin ser identificado. Pero, siempre según Macdonald, tan pronto un secuestro se pone en marcha, el demonio a cargo de que las cosas salgan mal se pone a trabajar y por eso para sus ficciones Macdonald prefería los secuestros a cualquier otro tipo de crimen. Mientras más se compliquen las cosas, mejor para el autor.

Así, a Lew Archer invariablemente lo contratan cuando ya algo ha comenzado a fallar en el proceso: hace días que los secuestradores no llaman, un empleado de confianza ha abandonado la casa inexplicablemente, los secuestradores se han mostrado agresivos o suspicaces y han cambiado las condiciones iniciales lo cual lleva a pensar que quizá el secuestrado haya sido muerto, etc. Para colmo de calamidades, impepinablemente Archer debe vérselas con el FBI, porque el secuestro en los Estados Unidos es un delito federal.


4.
Cuando llega el FBI, ocurre la escena mil veces vista en las películas: al sheriff del condado lo mandan a paseo, intervienen todas las líneas telefónicas y se instalan en la casa de los parientes. Pero, ¡atención!, no interfieren en las negociaciones pues la prioridad es lograr la liberación de la víctima e identificar y capturar a los criminales.

La familia, desesperada, quiere pagar, y los "feds" quieren rastrear a los malandros. En esas condiciones del terreno, Archer no es bien visto por los "feds" y siempre es advertido por alguno de ellos que desplegar ideas propias para resolver el caso puede constituir obstrucción del trabajo del FBI, lo cual es también un delito federal.

Con todo, Archer siempre se sale con la suya, aunque en alguna ocasión el secuestrado sea hallado muerto. Me pregunto qué tal le iría A Lew Archer si, llamado a trabajar hoy en Venezuela, tuviera las manos atadas por la ley que acaba de anunciar el ministro Rodríguez Chacín: en caso de secuestro, las autoridades congelarán las cuentas de los familiares hasta el segundo grado consanguíneo.

La razón aducida para esta grotesca penalización de la víctima es restarle incentivo económico a los plagiarios. He aquí, resplandeciente, un ejemplo más de lo que encubre el modo de legislar y actuar del actual régimen en materia de seguridad ciudadana. Y en cualquier otra materia: arrojar el niño junto con el agua de la bañera.

Para nadie en un misterio que el secuestro, en todas sus modalidades, emplea en Venezuela, como en cualquier país donde el plagio sea una industria, a muchos delincuentes y, con frecuencia, a un nutrido contingente funcionarios policiales. A menudo, la familia del secuestrado, contrata discretamente los servicios de un mediador lo cual añade costos de transacción a su angustia pues el mediador debe "incentivar" económicamente a sus relacionados en los cuerpos policiales para que el caso no se "encangreje".

Pero el colmo de este exabrupto lo aporta el hecho de que quien anuncia esta ley fungió de mediador designado por el gobierno venezolano en la liberación de rehenes colombianos de las FARC, hace sólo unos meses. A la desaprensión con que nuestras autoridades se desentienden de la ordalía que viven actualmente numerosos secuestrados venezolanos en manos de las FARC, se une esta nueva afrenta "jurídica" que hace de la negociación con los plagiarios un delito. Un caso de "doble secuestro", como atinadamente dice Quico Toro en su blog antes de preguntarse qué contempla la tal ley para el caso de que el secuestrado fuese muerto.

Quizá sea ese el requisito para que los activos de los deudos sean descongelados. Si es que alguna vez los descongelan.







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