Veinte años tras la justicia

Por Venezuela Real - 20 de Agosto, 2008, 12:30, Categoría: Derechos Humanos

Patricia Clarembaux
TalCual
20 de agosto de 2008

Los sobrevivientes de la masacre de El Amparo están en Caracas para pedir la reapertura del caso ante la Fiscalía. Afirman que no tienen miedo y esperan ver a los culpables tras las rejas
José Augusto Arias y Wolmer Gregorio Pinilla aseguran que aunque no creen en la justicia venezolana, tienen fe en los tribunales ordinarios

José Augusto Arias y Wolmer Gregorio Pinilla decidieron dejar por unos días la tranquilidad que les brinda el pueblo de El Amparo. Ambos tienen mucho que agradecerle a esas tierras.

Allí se criaron, allí trabajan y allí renacieron. Lo hicieron después de burlar las balas que los miembros del Comando Estratégico José Antonio Páez (Cejap) les dispararon el 29 de octubre de 1988, en una misión que pretendía derribar a guerrilleros y que terminó cegando la vida de catorce pescadores.

Veinte años después de aquella masacre, vuelven a Caracas para solicitar que la Fiscalía General de la República haga justicia por la muerte de sus compañeros.

–¿Cómo se sienten frente a la justicia venezolana?
WGP: La justicia no ha llegado, pero aún la esperamos en compañía de los abogados de Provea y del ex diputado Walter Márquez.

JAA: Yo nunca confié en la justicia. Que Ramón Rodríguez Chacín sea ministro de Relaciones Interiores es la mejor prueba. Se han tardado veinte años para decir la verdad y no la han dicho, por eso no confío.

–¿Qué ocurrió ese 29 de octubre de 1988?
WGP: Una masacre. No un enfrentamiento como han querido hacer ver las fuerzas militares y policiales que participaron.


–¿Qué ocurre cuando se detienen en el Caño Colorado?
WGP: Cuando el señor Indalecio Guerrero apagó el motor se escucharon los primeros disparos. En eso José me gritó: "¡Zúmbate al agua, güevón!". Me quedé con mis compañeros, pero como escuché que seguían disparando, también me zumbé al agua y no supe más.


–¿Hasta dónde llegaron nadando?
WGP: Hasta que agarramos la vegetación grande y nos fuimos por el agua.

JAA: Salimos a la carretera y llegamos a un fundo. Al día siguiente, mandé a avisar a la casa con un conocido de confianza que distribuía la leche a Táchira. El domingo en la mañanita, como a las cinco, llegó al pueblo y avisó. Al mediodía estábamos rodeados por la policía, que nos fue a buscar al fundo Buena Vista. El comandante Adán Tovar Araque nos preguntó qué había pasado con los demás muchachos y le dijimos que no sabíamos. Nos fuimos con ellos en una camioneta. La orden del comandante era que nos lleváramos a quien se atravesara por el medio, porque la idea del G/D Humberto Camejo Arias (jefe de la segunda división de Infantería y Guarnición del estado Táchira, adscrito al Cejap) era no dejar testigos.

–¿Cuál era su relación con el  comandante de la policía?
JAA: Era mi amigo personal. Él pagó el servicio militar conmigo. En esos días tenía pocos días como comandante en El Amparo.

–¿Él fue quien los resguardó?
JAA: Sí. Él con el pueblo.

–¿Por qué ustedes se entregaron?
JAA: Porque no debemos nada, yo ni debía ni tenía nada que ver.

–¿Con qué argumento los detienen en la cárcel de Santa Ana?
WGP: Nos habían dictado auto de detención bajo dos supuestos: rebelión militar y que éramos unos impostores. Ellos mismos se contradicen porque cómo me dictan auto de detención si según ellos no estábamos y éramos unos impostores. El pueblo de El Amparo nos vio cuando salimos, nosotros nos presentamos ante la marina fluvial y la lista de los presentes quedó sentada en un libro.

–¿Qué harían ese 29 de octubre?
JAA: Salir a pasear, hacer un sancocho y pasar el día. Le llevamos todos los ingredientes a Maria Torrealba y resultó que cayeron muertos su hijo y esposo.

–¿Cómo se sintió el pueblo de El Amparo después de esta tragedia?
WGP: Quedaron asombrados y adoloridos. Habían matado a los hijos de El Amparo. A tres o cuatro meses de la masacre, hubo madres a quienes yo miraba a los ojos y me decían: "Gracias a Dios que usted está vivo, pero mi hijo está en una tumba porque me lo masacraron".

–¿Tienen miedo?
JAA: La verdad es que tuvimos miedo los primeros meses de 1988 y 1989, pero ya no.
WGP: En ese momento no mencioné a mis hijos porque quería cuidarlos. Si algo tenía que pasar que me pasara a mí, no a ellos.

–¿Por qué razón ustedes creen que veinte años después un tribunal ordinario les va a hacer justicia?
WGP: Tenemos fe en Dios y en nuestros abogados.

–¿Qué sintieron ustedes cuando nombraron por primera vez como ministro a Ramón Rodríguez Chacín?
WGP: Yo supe de Chacín en enero mientras trabajaba en una finca en La Victoria. Un muchacho me lo nombró y, de inmediato, le dije que él había participado en la masacre. A Chacín algún día debo mirarlo a través de las rejas, porque lo que cometió fue un delito.

–¿Ustedes todavía viven en El Amparo?
WGP y J: Sí.

–¿Cuánto tiempo les tomó regresar?
JAA: Con el tiempo. Pero lo máximo que he estado lejos de El Amparo son tres o cinco meses. Salgo y vuelvo a entrar.
WGP: Es el sitio más apropiado para nosotros. Todo el mundo te conoce. Puedo estar en cualquier casa.

–¿Qué significa El Amparo para ustedes?
WGP: Mucho. Es nuestro pueblo y la gente que dio la cara por nosotros en los momentos difíciles... Nos defendió.

–¿Siguen en contacto con los familiares de los fallecidos?
WGP: Sí. Hay algunos que no viven en el pueblo, sino en fincas cercanas.

–Si un funcionario del Cejap les dijera que no estaban en la lancha ¿qué argumentos utilizarían para comprobar que sí estaban?
WGP: Hemos ido con los abogados de Provea para hacer la reconstrucción de los hechos en el lugar. Allí dejamos claro cómo nos escapamos, por dónde salimos en el agua, en el asfalto. Nosotros dijimos que habíamos comido guayaba y en la exhumación se comprobó. Yo le pedí al juez Ricardo Pérez Gutiérrez que me hiciera la prueba de la parafina para determinar si disparamos y jamás la hizo. Yo nunca he sido militar ni he portado un arma en mi mano.

–¿Ustedes iban armados?
WGP: No. Llevábamos era una botella de ron. Nuestro armamento era una flecha y unos hilos para pescar. Los cadáveres aparecieron masacrados y a la mayoría los vistieron con uniformes, pero ocurrió algo mágico pues once aparecen con disparos en la espalda, pero los uniformes no están rotos.

JAA: ¿Qué te parece?





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