Condenados por inacción

Por Venezuela Real - 21 de Agosto, 2008, 18:17, Categoría: Cultura e Ideas

OVIDIO PÉREZ MORALES
El Nacional
21 de agosto de 2008

Rendición definitiva de cuentas. Ejercicio de "contraloría" al término de nuestro peregrinar histórico. En otras palabras, Juicio Final. Es algo que pertenece a la substancia del credo cristiano.

Jesucristo salvador, encarnación del amor de Dios, es presentado en el evangelio de san Mateo (25, 31-46) como Rey que vendrá a examinar las actitudes y comportamientos de los humanos, al final de los tiempos. Cuando la historia concluya y dé paso a la "metahistoria": realidades escatológicas, plenitud del Reino de Dios. Un "más allá" que, por cierto, comenzamos a construir y decidir desde nuestro aquí y ahora.

Los puntos del examen que narra Mateo no agotan, obviamente, el conjunto de las exigencias morales de la Biblia y, en particular, del Nuevo Testamento. Basta al respecto dar una rápida ojeada a los libros sagrados. Ello, no obstante, en modo alguno minimiza la seriedad de lo que subraya el citado evangelista.

El objetivo de estas líneas no es entrar en disquisiciones exegéticas o interpretativas del referido texto de Mateo, sino poner de relieve algunas cosas allí contenidas, muy simples, aunque grandemente iluminadoras para nuestra vida, la simplemente cotidiana y también la que se escribe con letras gruesas en el quehacer económico, político y cultural.

¿Cuál es el criterio de juicio que aparece en Mateo 25, 31-46? La solidaridad, el amor hacia los necesitados, de los cuales se enumeran algunas categorías: hambrientos, sedientos, forasteros, enfermos, desnudos, encarcelados.

¿Qué es lo que se premia o, al contrario, se condena allí?: la acción y la inacción. El salir al encuentro del otro; o el permanecerle indiferente.

¡Qué acertada es aquella sentencia de que el mundo está como está –refiriéndose a las injusticias, violencias, corrupciones– no por lo que los malos hacen, sino por lo que los "buenos" dejan de hacer! Lo malo conductual ético –en cristiano significa pecado– se puede dividir en acción y omisión. El Juicio, según san Mateo subraya, condenándola, esta última. El Señor no dice: "Apártense de mí, malditos, porque estaba en paz y me dieron un balazo, tenía unas pertenencias y me las robaron, no había faltado y me calumniaron, no había delinquido y me apresaron". Condena la frialdad, la abstención: "Tuve hambre y no me dieron de comer, ...estuve enfermo y en la cárcel y no me visitaron...".

Y algo sumamente importante: en este Juicio Final, Cristo se "impersonaliza" en el prójimo necesitado. Sus palabras no son: "Fulano de tal tuvo hambre", sino "yo tuve hambre". El prójimo, en especial el más necesitado, presencializa a Cristo.

Recordémoslo al manejar los derechos humanos y formular un nuevo humanismo.

La narración de Mateo ha de sacudir nuestra tranquilidad e indolencia. Para corregir nuestra inacción en lo micro, con expresiones caritativas sencillas; y en lo macro, con intervenciones y políticas eficaces en los campos alimentario, sanitario, habitacional, carcelario, para mencionar sólo algunos. Para ser imaginativos y creativos en lo tocante a justicia, libertad, solidaridad, paz.

Ante abstracciones espiritualistas se piden compromisos sensibles, concretos. La espiritualidad cristiana no es algo desencarnado; la vida según el Espíritu de que habla la Escritura, implica tareas temporales muy precisas. Una fraternidad no etérea.

Mateo 25 "desinstala". Interpela. Condena la inacción.





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