Al pie del Támesis

Por Venezuela Real - 24 de Agosto, 2008, 13:43, Categoría: Cultura e Ideas

ALBERTO BARRERA TYSZKA
El Nacional
24 de agosto de 2008


Si la imagen estuviera en blanco y negro, ella podría ser una fan de los Beatles. Pero vivimos a color. Es sábado en la noche y estamos en el teatro Trasnocho. En una de las butacas de la fila de adelante, una mujer aprieta entre sus manos un ejemplar de Travesuras de una niña mala. Habla a la distancia con alguien que está varias filas detrás. Habla sin sonidos.

Recortando con sus labios las palabras. No me lo puedo creer. Qué emoción. Lo que dice, se puede leer. Hasta que, de pronto, gira, voltea, se pone de pie: Mario Vargas Llosa está entrando en la sala.

Vino por 24 horas, de paso entre Lima y Madrid, para asistir especialmente a una función de su obra Al pie del Tá mesis, montada en Venezuela por el Grupo Actoral 80. Hacía unas horas, un poco después de llegar al país, había dado una rueda de prensa, donde –por suerte para él y para todos nosotros– los periodistas también le hicieron preguntas sobre la obra, sobre su experiencia literaria. Por supuesto que el tema político estuvo presente. Pero ocupó su lugar.

Vargas Llosa, con cordial franqueza, narró su propio proceso, su tránsito y su decepción por la Revolución Cubana. Podrá ser criticado por muchas cosas, pero nadie puede negar que ha vivido y defendido a fondo sus creencias. Ha perseguido genuinamente sus propias dudas, intentando atajar las preguntas que nos lanza la realidad. Ha vivido siendo auténtico con sus contradicciones. Y esa misma libertad y esa misma honestidad están presentes en su literatura.

Al pie del Támesis es una obra corta, con dos personajes conversando en un solo espacio.

El punto de partida es el reencuentro de dos amigos, después de demasiados años. Uno de los dos, sin embargo, se ha cambiado el sexo, ahora es una mujer. A partir de este presupuesto dramático, Vargas Llosa mantiene constantemente al auditorio entre la expectativa y la confusión. La obra siempre sortea cualquier facilidad tremendista. Esquiva las direcciones predeterminadas. Esquiva lo predecible. Va rotando las posibilidades de una tragedia, a veces en clave de comedia, para regalarnos varias posibles versiones del pasado.

Esta vez, Vargas Llosa se sirve de la experiencia transexual, de una anécdota moderna e incómoda, para darnos a respirar, de nuevo, una de las inquietudes más persistentes en su obra: la relación entre lo real y lo imaginario, la consistencia de lo invisible, el poder de la ficción, el juego de espejos entre la vida y sus inventos. Esa es la verdadera noticia de Al pie del Támesis, llevada a escena ahora en Caracas con la extraordinaria actuación de Carlota Sosa y de Iván Tamayo.

En sus memorias, Carson McCullers da cuenta de la expectativa que puede sentir un autor ante la representación de su texto. Ella, que también fue fundamentalmente narradora, novelista, sucumbía ante su propia fragilidad, ante la velocidad de sus nervios. "No asisto a los estrenos", confiesa. Pero tampoco era capaz de huir demasiado lejos. La noche en que se estrenó su obra Square Root of Wonderful, ella esperó afuera, vestida con un antiguo traje chino, caminando por la calle, de un lado a otro, administrando su ansiedad en cada paso. De repente, observa que una pareja se sale del teatro antes de que termine la función.

Una de las diferencias fundamentales, al menos para los escritores, entre un libro y un espectáculo es la rapidez con que llega la reacción del destinatario. Un lector es siempre una soledad que mira un libro. No es un público, en plural y en movimiento.

El espectáculo exige otro tipo de participación. El auditorio, siempre, de alguna manera, completa la obra, aunque sea aportando un ambiguo silencio. La literatura tiene otro tiempo, otro tipo de regresos. No cuenta con esa combustión instantánea, con la respuesta inmediata ante el texto.

Ese sábado en la noche, Mario Vargas Llosa también fue público. En ese instante, quizás, el autor era parte de la invención, un escritor imaginado, fugado detrás del escenario, mientras él sólo era un espectador, atento a la versión de la obra que proponía el director Héctor Manrique. Al final, de pie sobre el escenario, Vargas Llosa se confesó conmovido y sorprendido, maravillado, ganado por el asombro de quien se redescubre en el milagro de la ficción.

Nada mejor, entonces, para celebrar los 25 años del Grupo Actoral 80, fundado por Juan Carlos Gené y dirigido hoy por Manrique, que se ha empeñado durante todo este tiempo en hacer del teatro venezolano una experiencia exigente, profunda y diversa. Nada mejor para celebrar esa otra vida que –como escribe Vargas Llosa– podemos "sólo soñarla gracias a las esplendorosas mentiras de la ficción".







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