Venceréis mas no convenceréis

Por Venezuela Real - 24 de Agosto, 2008, 11:13, Categoría: Temas Militares

Fernando Ochoa Antich
El Universal
24 de agosto de 2008

El 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, se celebraba el Día de la Raza. El general José Millán Astray llegó escoltado por sus legionarios. Varios oradores soltaron los consabidos tópicos acerca de la "anti-España". Un indignado Miguel Unamuno, rector de esa universidad, se puso de pie y pronunció un apasionado discurso. "Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero, no, la nuestra es sólo una guerra incivil [...] Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión [...] Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto…" En ese punto, Millán Astray empezó a gritar: "¿Puedo hablar?" "¿Puedo hablar?" Alguien del público gritó: "¡Viva la muerte!" "¡Viva España!". Se produjo un silencio mortal y unas miradas angustiadas se volvieron hacia Unamuno.

"Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de "¡Viva la muerte!". Esto me suena lo mismo que "¡Muera la vida!". "El general Millán quisiera crear una España nueva, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada". Furioso, el general Millán gritó: "¡Muera la inteligencia!". Unamuno no se amilanó y concluyó: "¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España". Los venezolanos debemos entender que ese terrible diálogo entre inteligencia y  fuerza se repite permanentemente en la historia. Es el diálogo entre Vargas y Carujo. "¡Viva el hombre valiente!". "¡No, viva el hombre justo!". Es el mismo enfrentamiento que hoy vivimos los ciudadanos demócratas de este país en contra de la barbarie que nos gobierna.

El coronel Ramón Carrizález, ante la crítica que con toda razón amplios sectores de la opinión han hecho a los arbitrarios e inconstitucionales decretos leyes de Hugo Chávez, ha perdido la ecuanimidad y ha empezado a ofender a quienes argumentan en su contra. Así lo ha hecho con los oficiales retirados que han criticado varios de los artículos de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada. Se le ha ocurrido decir: "Esas son las viudas que viven llorando. Ellos permitieron que la amante de un Presidente se uniformara de general. Ello añoran esas fuerzas armadas que no existen ya". Ciertamente, los venezolanos añoran a las fuerzas armadas institucionales que durante más ochenta años se fueron formando para servir a la nación y no a un caudillo ni a un grupo político. Esas fuerzas armadas, que subordinadas al poder civil, recibían la consideración y el respeto de los ciudadanos. Esas fuerzas armadas que supieron cumplir con su deber militar al no permitir que se firmara la Hipótesis de Caraballeda y que con eficiencia se movilizaron hacia la frontera colombiana en medio de la crisis de la corbeta Caldas.

Son muy diferentes esas fuerzas armadas a las actuales. En nuestros tiempos nadie se hubiera atrevido a gritar en un desfile militar ni en un cuartel: "¡Patria, socialismo o muerte!" ni cualquier otro slogan político. Nos hubiese dado vergüenza. Tampoco habríamos desfilado utilizando la simbología de un partido político, ni nos habríamos movilizado hacia la frontera recibiendo órdenes a través de los medios de comunicación. No es casualidad que el eslogan que utiliza como simbología la muerte se parezca tanto al grito del general José Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca. Si viviese Miguel de Unamuno, no dudo que les diría a los chavistas el mismo discurso que pronunció ese trágico día: podrán imponer los decretos leyes porque tienen sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir, y para persuadir se necesita tener algo que os falta: razón y derecho en la lucha. No importa que se dicten sentencias y más sentencias del Tribunal Supremo de Justicia y se realicen distintas actuaciones de las demás instituciones del Estado. La única verdad es que los decretos leyes son inconstitucionales. Ni la propaganda, ni la fuerza, ni el servilismo podrán modificar esa realidad.





TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Agosto 2008  >>
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog