El lobo y la retórica

Por Venezuela Real - 29 de Agosto, 2008, 11:04, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

Gerardo Blyde
El Universal
29 de agosto de 2008

Hay un tercer tipo de regímenes que quizás es el que puede confundir interna y externamente

Resulta común establecer una división binómica para clasificar a un determinado régimen, la mayor parte de los autores van directo al evaluar el funcionamiento de un gobierno al tradicional encuadramiento, es democrático o es dictatorial. Esta clasificación muchas veces peca de simplista y permite que gobiernos no democráticos se disfracen y puedan aparentar y confundir a parte de sus pobladores y a otros países. Hay países verdaderamente democráticos en los que quien ejerce el poder debe constantemente argumentar y convencer a sus habitantes de las bondades de sus propuestas para lograr los consensos necesarios que le permitan que sean una realidad. Se trata de líderes o dirigentes que respetan al ciudadano y que ejercen un poder limitado por sus leyes e instituciones.

Estos líderes, como lo señala el escritor Humberto Eco, deben apelar constantemente al ejercicio de la retórica como técnica de persuasión para tratar de convencer de las bondades de sus propuestas y someterlas a la consideración de todos para lograr consensos o al menos apoyo mayoritario y aceptación de quienes, no compartiéndola, sean vencidos pero bajo reglas previamente establecidas que les permiten no sentirse menospreciados por el dirigente y terminar aceptando la voluntad mayoritaria. Hay otros países en los que quien ejerce el poder lo hace de manera despótica y, mediante el uso abierto de la fuerza, somete a sus habitantes e impone su voluntad. Sin duda cualquier observador señalará a este tipo de regímenes como dictatoriales.

Sin embargo, nos atrevemos a señalar que existe una tercera categoría que rompe clasificación clásica. En algunos países quien ejerce el poder lo hace aparentando que se vive en la primera categoría, apela diariamente a diferentes razonamientos simulando la búsqueda del consenso de sus habitantes y del bien común, argumenta el respeto al ciudadano y las nobles razones para la defensa de la patria, y termina haciendo sólo su propia voluntad aún en contra de la voluntad mayoritaria y las leyes que rigen esa sociedad.

Tal como en el primer caso, apela a la retórica, quizás incluso con mayor profusión que en las democracias reales. Simula la búsqueda de los consensos y argumenta constantemente las supuestas bondades de su propuesta, pero tiene siempre el garrote a mano por si no logra engañar a quienes en un primer término pretende convencer ("esta revolución es pacífica, pero armada"). Este tercer tipo de regímenes es quizás el que puede a muchos confundir, interna y externamente, pues se hace pasar por democrático, en tanto sus deseos se vayan cumpliendo, pero tarde o temprano termina enseñando el garrote cuando ya la retórica no convence a nadie y debe imponer su voluntad a cualquier precio.

Eco nos recuerda la fábula del lobo y el cordero de Febro que bien describe este tipo de regímenes: Un lobo y un cordero llegaron juntos sedientos a un riachuelo. El lobo se detuvo más arriba que el cordero, mientras bebían el lobo buscó de inmediato un pretexto para pelearse y le dijo: -¿por qué enturbias el agua que estoy bebiendo? Respondió el cordero: -perdona, ¿cómo puedo hacer eso si bebo el agua que pasa antes por ti? El lobo, derrotado por la evidencia, le respondió: -hace seis meses hablaste mal de mí. Y contestó el cordero: -¡pero si aún no había nacido! Entonces el lobo ya sin argumentos le replicó: -fue tu padre entonces quien habló mal de mí. Y se abalanzó sobre el cordero y lo asesinó sin ninguna razón válida.

El lobo de la fábula de Febro utiliza siempre argumentos falsos que, al serle refutados con evidencias inobjetables, lo obligan a buscar otros aún más descabellados que sólo son expuestos para justificar lo que era su voluntad inicial, acabar con la vida del cordero.

Demasiadas evidencias tenemos en Venezuela de quien es el lobo de la fábula de Febro, pero quizás la más palpable sean las leyes socialistas que mediante la habilitación previa ha dictado a escondidas, ya sin ni siquiera pretender convencernos.

Habiendo todo el año pasado argumentado las supuestas bondades de la reforma constitucional que propuso y del modelo socialista allí contenido que pretendió disfrazar como la fórmula mágica para realizar la justicia social esperada, al habérsele rechazado, procedió a dictar las leyes socialistas sin aviso y sin protesto. Y, por si no fuera suficiente, esta misma semana nos señaló que vamos hacia el socialismo, gústele a quien le guste o disgústele a quien le disguste. Sabe que tiene el garrote en la mano para someter a quien no lo acepte y ya no disimula en mostrarlo.

Hay aún muchos venezolanos que, ante la clasificación simple de democracia o dictadura, se encuentran dormidos desconectados de la aburrida retórica o engañados por ella. Ojalá que cuando despierten no sea demasiado tarde.





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