Descomposición

Por Venezuela Real - 31 de Agosto, 2008, 13:44, Categoría: Política Nacional

MASSIMO DESIATO
El Nacional
31 de agosto de 2008

La revolución bolivariana avanza a medida que el tejido social del país se descompone radicalmente. En su intento de organizarse como país comunista, genera una corrupción tan extrema que el propio proyecto revolucionario queda en entredicho.

La revolución se corrompe porque al tratar de ser no reconfigura los espacios sociales, culturales, económicos y políticos que toca. Al actuar así, su propia configuración se vuelve una mala utopía.

Para comprender esta descomposición, para evitarla, la revolución, así como cualquier otro proyecto político o de reforma social, debe conocer a fondo el imaginario social del pueblo sobre el cual se interviene, o que interviene en calidad de sujeto de la acción colectiva. Puede ser que este imaginario se encuentre desequilibrado y que remover algunas cosas de su entramado desate unos procesos sociales que luego no puedan ser controlados.

La violencia cotidiana que azota a Venezuela, que se incrementa día a día, es un buen ejemplo. Ella es la punta del iceberg de una sociedad sin composición, que avanza a empujones, que se contradice, que dice rectificarse sólo para doblarse mejor. En esto Chávez ha sido maestro: ha transformado la sociedad en un medio de guerra. Allí donde podía haber paz, ha dado batalla, sin importarle cómo queda el campo tras la batalla. Puede haber ganado a corto plazo, pero a mediano plazo ninguna sociedad y ningún proyecto –revolucionario incluido– pueden subsistir sin una sociedad que sea un medio de paz.

Creo que Chávez, y su cada vez más suya revolución, representa bien el imaginario social de Venezuela. Sabido es que el imaginario está formado por una parte que integra (la ideología tomada en su buen sentido) y una parte que subvierte (la utopía, siempre tomada positivamente, como dadora de horizontes). En Venezuela el elemento integrador está casi reducido a los mínimos términos. Esto produce un desequilibrio, donde lo subversivo secuestra la casi totalidad del imaginario.

No sorprende el hecho que la subversión no integrada desprecie toda la lógica de la acción y es incapaz de concebir y realizar el primer paso sensato a partir de lo existente. Una suerte de alocada lógica de todo o nada hace desaparecer la realidad misma, aquella que le indicaría a Chávez que una revolución ya ocurrió en Venezuela: no se puede salir a la calle sin que el riesgo de ser asaltado o, peor aun, secuestrado sea muy alto. Sociedad de secuestros, Venezuela es una sociedad secuestrada por la descomposición de los poderes y por una economía saqueada. Los salarios y los sueldos no alcanzan para las necesidades de una vida digna, corroídos por una inflación tan voraz como el discurso subversivo de una utopía que incita a saltar en un más allá donde lo sanguinario es el rasgo sobresaliente.

La salud, la educación, todo, literalmente todo, se vuelve precario, de una precariedad que va más allá del goce de la inmediatez. Porque una cosa es vivir la dicha del instante, y otra que el instante se haya adelgazado tanto que no le dé tiempo de expresar la dicha. Queda sólo lo precario, intemperie para todos, mientras las infinitas cadenas televisivas, hechas de infinitas horas de infinitas repeticiones, no pasan de ser una mala caricatura del infinito, sea éste dios o el diablo. Porque, en verdad, no se trata de televisión, ni de discurso: se trata de que el pan esté sobre la mesa, los hijos lleguen a los colegios sanos y salvos, los padres a sus trabajos productivos. ¡Qué utopía para la Venezuela de hoy!





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