41,5% de la población asegura que su problema es económico

Por Venezuela Real - 1 de Septiembre, 2008, 12:42, Categoría: Vzla en Números

BLANCA VERA AZAF
El Nacional
01 de septiembre de 2008

La inflación castiga al ingreso y al ahorro
Para la gente la principal preocupación es sobrevivir a la violencia y la segunda, que el dinero alcance

Que el precio del petróleo sobrepase los 108 dólares el barril o que el crecimiento de la economía se ubique por encima de 6% al cierre del año son estadísticas frías y sin sentido para los habitantes de Venezuela, que cada día deben pagar más por bienes y servicios.

La realidad muestra que dos pensamientos fijos los obsesionan: Cómo sobrevivir en un clima de violencia e inseguridad desatada y cómo hacer para que la quincena alcance para cubrir todos los gastos del mes.

"Sí, el principal problema es la inseguridad, pero le sigue de cerca el alto costo de la vida que, además de molestar a los venezolanos, parece haberse convertido en crónico", advierte Carlos Jiménez, de la firma Datanálisis.

30,6% de los venezolanos señala que la inseguridad es el inconveniente que más le afecta. Sin embargo, 18,1% dice que es la inflación, 12,5% atribuye sus males al desempleo, 4,3% expone que su mayor inconveniente es la falta de vivienda o que ésta sea muy costosa, y 6,6% asegura que el desabastecimiento es el principal problema. La suma de todas estas variables permite saber que 41,5% de los venezolanos encuestados considera que su principal angustia está relacionada con la situación económica del país.

Por todo lo alto.

Alí Rodríguez Araque, ministro de Economía y Finanzas, reconoció con rostro serio y pocas palabras que la nueva meta inflacionaria para el cierre de 2008 será 27%.

No sorprendió a nadie, pues en bodegas y supermercados las amas de casa ya se habían dado cuenta de que, gracias a sus monederos, el dinero se estaba yendo más rápido que el año pasado.

"En los focus Group la gente dice que cada vez que va al abasto paga más y lleva menos productos a sus casas", expresa Jiménez. La realidad es que en los últimos 12 meses sólo los alimentos y las bebidas no alcohólicas han aumentado 50%. La inflación promedio en el área metropolitana de Caracas es de 33,7% en ese lapso, y en lo que va de año acumula 17,3%. Lo indican las cifras del Banco Central de Venezuela. Todo un récord que sitúa a Venezuela como el país con la mayor alza de precios de América Latina.

El Gobierno –mediante sus programas sociales y con ayuda de la propaganda– ha tratado de mostrarse solidario con los venezolanos de menos recursos; sin embargo, sólo la red Mercal está diseñada para ayudar a quienes así lo necesitan, a que no se sienta el impacto del alza en los precios.

"Los programas sociales prestan un servicio, pero no generan ingresos suficientes, la única manera de hacerlo es a través de una política económica coherente", señala el investigador Luis Pedro España.

Si bien en el discurso político la palabra inflación quedó deslastrada hace mucho tiempo, la gente comprueba con facilidad que está allí, pues lo constata por la erosión de su dinero. "Es que la inflación no sólo castiga al ingreso sino también al ahorro". La única manera de ignorar su existencia es si los ingresos de la nación aumentaran en la misma medida que la inflación, pero eso, es imposible que suceda. "Aquí el valor del dinero se evapora", dice España.

¿Qué es lo que pasa? Pavel Gómez, economista y profesor del IESA, indica que las causas de la inflación en Venezuela se fundamentan en la escasez de oferta de bienes y en la gran demanda que impulsa la población.

Con el boom petrolero de los últimos años la nación ha recibido una gran cantidad de recursos, lo que ha permitido que mejore el poder adquisitivo de la población en términos generales. Pero como el control de cambio prohíbe que el dinero que sobra (cuando ocurre) se cambie en dólares, es imposible preservarlo de una eventual alza de precios.

Todo ese dinero se mantiene en circulación, pues las tasas de interés reales son negativas, es decir, están por debajo de la inflación. "No tiene sentido ahorrar por 17% que pagan los depósitos a plazo, con una inflación de 30%", explica Gómez.

Al no poderse ahorrar ni tampoco comprar dólares, el crédito surge como una alternativa que evita que el dinero se evapore. Aun cuando la tasa de interés que cobran las tarjetas de crédito es de 33%, resulta menor que la inflación en algunos rubros. A esto se añaden las expectativas inflacionarias, que empujan a la gente a comprar antes de que suban más los precios o de que algún producto escasee, como ha venido sucediendo en el último año y medio.

Ante la contracción del aparato productivo que ha conducido al país a importar la mayoría de los bienes que consume, el Gobierno ha tratado de crear una nueva forma de producción alternativa "pero la realidad es que cualquier unidad productiva que se rija con criterios distintos al de la rentabilidad fracasará; como ha sucedido con las cooperativas y las empresas de producción social", señala Luis Pedro España.

Ciertamente el Gobierno ha hecho esfuerzos para incrementar el salario de los trabajadores, "pero la inflación es tan alta que los decretos de aumento cada vez son más insuficientes para indexar al mercado político", dice Pavel Gómez.






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