Nueva sociedad: desafío

Por Venezuela Real - 4 de Septiembre, 2008, 11:30, Categoría: Cultura e Ideas

OVIDIO PÉREZ MORALES
El Nacional
04 de septiembre de 2008

Los fundamentalismos toman el camino más fácil, el de interpretar lo complejo social en coordenadas simplistas

Una tendencia-tentación muy humana es escribir de antemano la historia.
Ilusión también, porque ésta constituye un tejido de libertades, un drama en permanente estreno. Aunque los actores, nosotros los humanos, solemos repetirnos.
Francis Fukuyama publicó en 1989 El fin de la historia.

Terminada la Guerra Fría pregonaba el triunfo conclusivo de las ideas liberales. Entusiasta toque de trompeta. Ahora, el profesor de la Universidad Johns Hopkins acaba de escribir algo menos triunfalista (The Washington Post, 24-0908). Refleja mejor la complejidad de los procesos históricos, con sus reversibilidades y variedades, que resultan connaturales si se tiene en cuenta la naturaleza humana (para los creyentes no nos resulta difícil entenderlo dado que el animal "racional" no sólo es tal, sino también marcada afectividad, fragilidad personal y debilidad ético-religiosa).

Fukuyama percibe un deslizamiento del sistema hacia una combinación de autoritarismo y modernización, que desafía a la democracia liberal. En este reto se ofrecen Rusia y China como modelos, con bastantes imitadores, también entre nosotros. El autor se muestra, sin embargo, optimista con respecto al futuro, aunque de manera moderada; toma nota, en efecto, de nuevas síntesis, de la autojustificación democrática que colorea las máscaras encubridoras de autoritarismos, de los esfuerzos ineludibles para lograr una globalización más equilibrada, y de una democracia que ha de ser más prospectiva y creativa. No afirma como algo marginal su juicio sobre el islamismo radical: es, hoy, el único competidor real de la democracia en el campo de las ideas.

A propósito de lo que dice Fukuyama es bueno recordar que los paraísos y mesianismos terrenos –presentes también en nuestro tiempo– constituyen no simplemente un engaño, sino que, igualmente, retardan algo urgente en nuestro tiempo: la construcción de una nueva sociedad, que responda, de modo efectivo y siempre perfectible, a un hu manismo integral.

Individuo-sociedad, justicialibertad, unidad-diversidad, igualdad-pluralismo, son, entre otros, valores que suelen asumirse como difíciles de conjugar, cuando no es que se los considera contradictorios y, por tanto, excluyentes. Los fundamentalismos y totalitarismos toman el camino más fácil, a saber, el de interpretar lo complejo social e histórico en coordenadas simplistas y reductoras. Caen, así, en posiciones dilemáticas: aut aut (por ejemplo: o justicia o libertad).

El Documento conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en mayo del año pasado en Aparecida (Brasil), asevera en su análisis situacional: "Constatamos un cierto progreso democrático que se demuestra en diversos procesos electorales. Sin embargo, vemos con preocupación el acelerado avances de diversas formas de regresión autoritaria por vía democrática que, en ciertas ocasiones, derivan en regímenes de corte neopopulista. Esto indica que no basta una democracia puramente formal, fundada en la limpieza de los procesos electorales, sino que es necesaria una democracia participativa y basada en la promoción y el respeto de los derechos humanos. Una democracia sin valores, como los mencionados, se vuelve fácilmente una dictadura y termina traicionando al pueblo" (Nº 74). El siglo XXI nos reta a una nueva sociedad.

Creativa. Imaginativa. Integradora. De todos y para todos.






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