Alejándose de la perversión

Por Venezuela Real - 5 de Septiembre, 2008, 12:55, Categoría: Política Internacional

HÉCTOR FAÚNDEZ LEDESMA
El Nacional
05 de septiembre de 2008

Pretender que la lucha contra el terrorismo no tiene límites, constituye una pretensión insostenible

En una reciente entrevista de televisión, el senador de los Estados Unidos y candidato presidencial John McCain ha condenado el uso de la tortura por parte de la administración Bush. A pesar de sus ideas fuertemente conservadoras, y a pesar de que apoya al gobierno de George Bush en muchos otros aspectos, el senador McCain no ha podido dar su aval a una práctica deleznable, que envilece a quien la utiliza. Siendo él mismo un ex prisionero de guerra en Vietnam, que fue víctima de la tortura, no podía respaldar un procedimiento que constituye la negación de los valores sobre los cuales se ha ido construyendo el mundo civilizado, y que son lo que nos diferencia del delincuente y del salvaje.

Independientemente de que compartamos o no sus ideas, el gesto de McCain está más allá de un mero cálculo político, y es digno de todo elogio; reconcilia a los Estados Unidos con la gente decente, y devuelve la esperanza a quienes aspiran a un liderazgo político responsable.

Lo que resulta incomprensible es que, en un país que contribuyó de modo tan notable al desarrollo de las instituciones democráticas y de las libertades públicas, se hayan entronizado en el poder personajes para quienes es legítimo torturar un poquito, y que consideran que el hacer sentir a una persona que se va a ahogar no es tortura. Esos hechos han empañado la imagen de los Estados Unidos en el mundo.

Pretender que la lucha contra el terrorismo no tiene límites, y que en ella todo está permitido, constituye una pretensión insostenible en una sociedad basada en el Estado de Derecho y en el respeto a la dignidad humana. No se trata sólo de la dignidad del delincuente o del terrorista, sino, sobre todo, de la dignidad de una sociedad que se disminuye a sí misma cada vez que recurre a la tortura. McCain se ha negado a permitir que, con cualquier pretexto, se asocie su nombre con ese tipo de prácticas, y ha preferido distanciarse de las políticas de George Bush.

Pero, con la misma firmeza y determinación con que ha tomado distancia del actual Presidente de los Estados Unidos, el senador McCain también ha querido alejarse de otros personajes igualmente siniestros, asociados con el terrorismo internacional, la discriminación política y la destrucción de las instituciones democráticas. En este sentido, McCain ha sostenido que el presidente Hugo Chávez es una amenaza para la estabilidad del hemisferio, que utiliza el dinero del petróleo para desestabilizar a otros países, y que está dañando la democracia y la libertad de su propio pueblo.

Tal vez es correcto afirmar que, en este momento, la tortura no es un instrumento de la política del Gobierno venezolano; pero, desde luego, Chávez ha acabado con la independencia de los poderes públicos, ha emprendido una campaña feroz en contra de los medios de comunicación social, mantiene en sus cárceles a un grupo importante de presos políticos (incluyendo esos ocho policías que llevan entre tres y cinco años presos, sin que hayan sido condenados por un tribunal), y ha asumido poderes legislativos para dictar un paquete de decretosleyes con los que ha desmantelado los principios y normas constitucionales. Como si eso fuera poco, sus "amigos" incluyen figuras tan detestables como Alexander Lukashenko, Mahmud Ahmadinejad, Robert Mugabe, y Daniel Ortega.

Con esos antecedentes, no es extraño que el senador McCain pretenda estar lo más lejos posible de Hugo Chávez y de lo que éste significa como gobernante.






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