Maquila socialista (y II)

Por Venezuela Real - 9 de Septiembre, 2008, 9:20, Categoría: Economía

Ender Marcano
TalCual
09 de septiembre de 2008

Los trabajadores de la ensambladora de carros iranívenezolana, Veniaruto, se sienten explotados, excluidos y trabajan en condiciones esclavistas. Incluso a la gente del Milco le tienen prohibida la entrada

Esclavizados y acosados, así se sienten los trabajadores de la ensambladora de autos iranívenezolana, Venirauto. Ellos ven como se les disuelve entre las manos su sueño de una fábrica socialista, bajo una gerencia que no los toma en cuenta y que sólo se preocupa por la producción bajo un criterio emientemente capitalista.

Cuando se abrieron las puertas de Venirauto, en noviembre de 2006, se vendió bajo la promesa de que sería una fábrica socialista donde la participación de los obreros sería fundamental para impulsar el nuevo modelo de país. Pero esas palabras están muy lejos de la realidad que viven día a día los 365 trabajadores de la planta.

Según los empleados, las ocho horas de cada jornada de trabajo parecen doce, debido a las exigencias de los patrones. "Aquí nos tratan como a unos robots, quieren obligar a los trabajadores a estar todo el día en la línea de producción, no pueden tomar agua ni nada, nos tienen en un solo son", dijo Juan Díaz vocero del Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras de Venirauto Industrias C.A (Sintravin) y empleado de línea de ensamblaje de motor de la planta.

El tan profesado "poder para el pueblo" o "para la clase obrera" no existe en esta fábrica impulsada por el Estado venezolano. Los trabajadores no tienen ninguna clase de participación, ni opinión en las decisiones de la empresa, ni siquiera gozan de la transferencia tecnológica que los ayude a comprender el por qué de las cosas que hacen. "La transferencia tecnológica, que deberíamos tener, la mantienen escondida. Necesitamos saber por qué este tornillo va aquí, pero no dicen nada, sólo que ese tornillo va ahí, y ya".

Como si el trato fuera poco, los empleados se deben desempeñar en un ambiente descuidado y deprimente, más aún si se toma en cuenta que la planta es nueva y se invirtieron 212 millones de bolívares fuertes en su acondicionamiento.

En el comedor sólo hay mesas, se había prometido que se serviría comida en un ! mesón tipo buffet, pero hoy sólo está el estante deteriorado, cundido de polvo y comido por el óxido, al igual que las hornillas y los lavaderos del lugar.

Los trabajadores deben llevar su propia comida y esperar que no llueva, porque las filtraciones inundan el recinto. "No sabemos sin nos mojamos más afuera con la lluvia, o aquí adentro con las goteras", comentó Díaz.

En los baños, de cinco urinarios funcionan dos, y los zancudos abundan por doquier. "Y eso no es nada para lo que hemos tenido que pasar aquí", comentó otro de los trabajadores.

SOCIALISMO PA ’ FUERA

Como todos unos revolucionarios, los trabajadores de Venirauto recibían formación política dictada por un representante del Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio (Milco), pero la idea no le agradó a la directiva iraní y después de seis meses le impidieron la entrada del funcionario del Milco a la planta. Una vez más el deseo del personal quedaba frustrado.

En la nueva convención colectiva los empleados proponen el regreso de las clases de formación política, porque desean que la fábrica y sus trabajadores sean socialistas de verdad. "Esta fábrica es capitalista porque el patrón nos obliga a todo. Aquí hay una gerencia burguesa que no apoya en nada a los empleados. No sabemos a qué están jugando, si es a destruir la fábrica o a echarla hacia adelante", dijo Díaz.

La fábrica que sueñan los trabajadores es una donde se les oiga, participen y se les trate como personas y no como unas simples máquinas para producir un determinado bien. "Nosotros queremos demostrar que somos las personas en que el Presidente puede confiar para construir su modelo", dice Díaz.

También tienen claro como debe ser su papel dentro de ese modelo. "Un trabajador socialista es al que le duele la fábrica, es consciente de lo que hace y no necesita una persona al lado que lo acose para que haga su trabajo", aseguró Díaz.

Estos trabajadores parecen tener c! laro cuál es el papel que juegan. Sin embargo los patronos manejan la empresa como una maquila mexicana.

Quienes están al frente de Venirauto actúan como una barrera, impidiendo que la idea para la que fue concebida esta empresa se realice. Más allá de eso convierte a los obreros en esclavos en una línea de ensamblaje.


 

 





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