Seguridad

Por Venezuela Real - 11 de Septiembre, 2008, 11:44, Categoría: Cultura e Ideas

Armando Scannone
El Universal
11 de septiembre de 2008

Todos somos iguales, pero en los barrios donde no hay Estado ni autoridad, tienen leyes distintas

Varias veces he escrito para estas páginas sobre la inseguridad, o seguridad ciudadana, su relación con los barrios, y sobre la transformación de París. No creo que lo dicho haya tenido trascendencia para los pocos lectores que habrán sido, a pesar de todo, y con mis excusas a esos lectores, vuelvo a esos temas, porque la inseguridad ciudadana en nuestras ciudades más populosas, sobrepasa todos los parámetros, refiriéndome esta vez a su relación con la impenetrabilidad vehicular del barrio, y por eso, a todo tipo de autoridades y de servicios. Todos los argumentos al respecto tienen algo de razón, pero la impenetrabilidad del barrio ha pasado desapercibida.

Los venezolanos que habitan los barrios, son exactamente iguales a los que habitamos el valle urbanizado, la no marginal. Todos podemos sentirnos honestos, trabajadores, con principios y valores, convivientes, solidarios, serviciales, con el deseo de ser mejores ciudadanos, mejores padres, mejores hijos. Pero ese venezolano en el barrio impenetrable se ve obligado a aceptar una realidad: el enquistamiento de bandas organizadas, propias o extrañas, que allí se establecen, porque se sienten y están seguras, actúan y dictan la ley, impunemente, porque no hay Estado, ellos son gobierno, ellos dictan pautas, horas de entrada y salida; ojos, oídos y bocas cerradas, impedir la entrada de miembros de bandas externas, estar armados, y su jefe, jefe es. Por supuesto, no se le puede pedir a un alcalde, ni siquiera a un policía que solos o en grupo se paseen por esas veredas, escaleras y vericuetos. Es pedirles se sentencien a muerte.

Eso mismo pasaba en París antes de 1853, imposible imaginarlo sin ver las fotos y grabados de la época. Gran parte de la ciudad era impenetrable, "ranchos" de madera, cloacas corriendo por las calles, sin agua corriente, sin luz, con pleitos, robos, asesinatos, motines e incendios a diario, que no podían ser atendidos o evitados por autoridades o por servicios ciudadanos, porque eran barrios impenetrables. Ese año, hasta 1870, 17 años, el coraje de dos hombres, el gran visionario Barón Georges Eugene Haussman y Napoleón III, dictador y tramposo por cierto, a quien Haussman convenció y obtuvo su apoyo irrestricto, cambiaron París a lo que es hoy, orgullo del mundo y quizás su ciudad más bella.

Podemos llenar páginas con argumentos, pero antes de terminar me permito humildemente sugerir al padre salesiano Alejandro Moreno, apóstol que ha comprendido al venezolano de barrio y muy especialmente a sus malandros, que investigue comparativamente las estadísticas delincuenciales, entre barrios relativamente semejantes con diferentes condiciones de penetrabilidad vehicular, incluso las acciones de sus bandas sobre la ciudad no marginal.

Todos somos iguales, pero aquellos de los barrios donde no hay Estado ni autoridad, tienen leyes distintas, la del más fuerte, la que dictan las bandas enquistadas , sin freno, y donde la amenaza o la muerte son la ley suprema.

¿Hay remedio? En parte sí. Cambiar la estructura de los barrios, urbanizarlos o trasladarlos. Esos venezolanos desfavorecidos, abandonados por el Estado a su suerte, pero iguales a los más favorecidos, tienen legítimo derecho a tener una vivienda digna. No se trata de una limosna, tampoco la panacea para solucionar por sí sola el problema, pero sí ayudaría más que cualquier otra cosa a solucionar, para siempre, el gravísimo problema de la inseguridad.

Al padre salesiano Alejandro Moreno





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