¿Régimen inauditable?

Por Venezuela Real - 14 de Septiembre, 2008, 17:13, Categoría: Corrupción

Juan Martín Echeverría
El Universal
14 de septiembre de 2008

La democracia exige que los funcionarios rindan cuentas y de forma pública

La hipercorrupción con su aliento fétido aplasta la gobernabilidad y deja un rastro de destrucción e ineficiencia; por ello se produce el efecto contrario al de aquel rey que todo lo que tocaba se convertía en oro. Lo más grave es que afecta a quienes disponen de menos recursos, desperdicia energías vitales para la nación y genera la perversión POLÍTICA de aceptarla como un mal menor, propiciando enormes enriquecimientos y la pérdida de millares de millones de dólares: son incontables las necesidades que podrían atenderse con esos recursos.

Si sumáramos los costos de la hipercorrupción desde el desvío de recursos públicos, a la desaparición de la inversión nacional y extranjera, el retardo en el crecimiento de la economía y sus consecuencias sobre la confianza, credibilidad ciudadana y la gobernabilidad; comprobaríamos que su mano no tan invisible, termina constituyéndose en el norte de la burocracia y en perseguidora de la movilización ciudadana, los derechos civiles y las libertades.

Una de las características de la corrupción es que ataca con redoblada fuerza a la libertad de expresión, así como a los mecanismos que dispone la sociedad civil para hacer oír sus denuncias frente a irregularidades manifiestas y el crimen organizado; ya que para luchar contra ella se requiere un entorno público dispuesto al debate, procedimientos transparentes e instituciones que puedan investigar los reclamos de las comunidades. La democracia exige que los funcionarios rindan cuentas, además deben hacerlo de forma pública, facilitando el acceso de los ciudadanos a la información y en base a un sistema nacional de control fiscal. ¿Se aplican sanciones a los altos funcionarios?

En Japón hasta hace unos años, quien era descubierto en un hecho de corrupción se hacía el Harakiri, en Europa se retiraban de la vida pública y en Venezuela en cambio consolidan su rol como líderes. Estamos inmersos en la cultura de la corrupción por la ausencia de voluntad política y los bajísimos niveles de transparencia en los procesos administrativos del régimen: ello tiene un costo político, social y económico inconmensurable. En el escenario industrial se desmoronan empresas con sindicatos oficialistas de papel que las han paralizado; la basura y los apagones son un síndrome de imprevisión y después de 10 años de gobierno es difícil responsabilizar a los gobiernos anteriores; la maleta de los 800 mil dólares y el juicio de Miami se han convertido en la fotografía del poder; así como las viviendas de Tazón construidas a raíz del deslave de Vargas y asignadas a los privilegiados del régimen.

Lo inaudito es el viaje del actual Alcalde Metropolitano a Moscú y otras capitales, con su respectiva comitiva, como un mensaje de despedida a la Gran Caracas en medio de la crisis de la vivienda social y los homicidios de cada fin de semana. ¿Cuál es la presunción de lo que fueron a hacer? ¿A quiénes transmitirán sus experiencias? ¿Cuánto cuesta este viaje colectivo y quién lo pagó? Definitivamente hay una combinación de dólares en efectivo, descaro y caradurismo, porque la cultura de la corrupción ha logrado hacerse inauditable. ¿Cuántos venezolanos aclaman de corazón la oligarquía bolivariana?







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