Soldados de la Guerra Fría

Por Venezuela Real - 14 de Septiembre, 2008, 14:06, Categoría: Política Internacional

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
El Nacional
14 de septiembre de 2008

La única vez que los rusos se lanzaron a una aventura bélica en el Caribe salieron con las tablas en la cabeza. Me refiero a la temeridad de instalar cohetes nucleares en Cuba. El 22 de octubre de 1962, el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, denunció ante el mundo que su país había comprobado ("on that imprisoned island"), el establecimiento de bases militares de la URSS. "Los propósitos de estas bases no son otros –dijo Kennedy– que disponer de un arsenal nuclear capaz de destruir el hemisferio occidental".

El Presidente tomó una serie de medidas severas: a todo barco, de cualquier nación, le sería impedido aproximarse a Cuba si trasportaba materiales bélicos. El poderío nuclear de Estados Unidos fue puesto en máxima alerta. El mundo estuvo al borde del precipicio.

Kennedy le pidió a Nikita Jruschov "eliminar esta amenaza clandestina, agresiva y provocadora, que atentaba contra la paz y la estabilidad entre ambas naciones". "Lo invito –añadió– a abandonar el proyecto de dominación mundial, y a unirse en un gran esfuerzo para poner fin a la peligrosa carrera armamentista y transformar la historia del hombre". El jefe del Kremlin respondió con sensatez.

Comprendió que la URSS había ido demasiado lejos y que Estados Unidos no podía permitir una batería de armas nucleares de largo y mediano alcance a tan pocos kilómetros de Washington. La "crisis de los cohetes" quedó inscrita en la historia como una advertencia contra las aventuras que atenten contra la supervivencia del género humano.

¿Por qué volver los ojos, y por qué consultar la memoria de una de las crisis más demenciales del siglo XX? Por una razón simple: porque la historia, así está escrito, unas veces se repite como tragedia y otras como farsa. Gracias a los dioses, en esta ocasión regresa como farsa y nada más. Con tambores y clarines, cornetas y maracas y fuegos artificiales, el Presidente de Venezuela anunció al mundo que una escuadra de las Fuerzas Armadas de Rusia vendrá al mar venezolano, en son de maniobras conjuntas con los militares bolivarianos.

Quizás resulte un show de vendedores de armas: bombarderos, submarinos, helicópteros, tanques, fusiles, bombas (no estratégicas) y toda la parafernalia del catálogo ruso. Moscú figura entre los grandes fabricantes de armas. No las reparte como antes a sus antiguas zonas de influencia, para librar las guerras entre los pueblos del Tercer Mundo, como hacía también Estados Unidos: las vende a dólares contantes y sonantes.

Venezuela, en un gesto surrealista, ingresa a la Cortina de Hierro sin darse cuenta de que ya no hay cortina: todo se derrumbó con el Muro de Berlín. El Presidente piensa que vivimos en medio de la Guerra Fría. Existen personajes, no cabe duda, que sienten nostalgia de aquellos días de tensiones verbales, diatribas y rencor. El vicepresidente de Estados Unidos fue a Georgia días atrás con el espíritu de los años cincuenta. Con ese mismo espíritu, el Presidente venezolano le da la bienvenida a los "marines" rusos de la escuadra capitaneada por un acorazado que lleva el nombre de Pedro, el Grande. Todo un simbolismo, y, más que eso, un mensaje de que se trata de las fuerzas militares de Rusia, la grande. O sea, fuerzas imperiales que poco tienen que ver con ejércitos del tercermundismo confuso que unas veces corteja a los No Alineados, y otras busca ponerse la piedra al cuello.

Venezuela enajena sus recursos para decorar con abundancia pomposa los desfiles del Campo de Carabobo.

A raíz de la caída de la Unión Soviética se supuso que el mundo se orientaría a una larga etapa de cooperación, de paz y de estabilidad. No obstante, algunos en Occidente perdieron la brújula. Tal como expresó Mijail Gorbachov: "La Unión Europea empezó a expandirse a un ritmo tremendo. Lo mismo hizo la OTAN. Una decisión particularmente peligrosa, que se tomó a pesar de promesas contrarias. Así, asistimos ahora a estas nuevas tensiones y fricciones". Frente a estos desarrollos carentes de visión, en otras épocas se escuchaba la palabra de los No Alineados. También desaparecieron de la escena. Sólo se escuchan los lamentos de los huérfanos de la Guerra Fría que, a falta de guerras verdaderas, ensayan simulacros. Todavía resuenan las palabras de Kennedy. Siempre será honesto reconocer la cordura de Jruschov. La Unión Soviética no consultó a Cuba el retiro de los cohetes. Los grandes no consultan a los pequeños. Ni se comprometen por sus intereses, menos con aquellos que conducen la política exterior como una banalidad, con un desconocimiento de la historia que conspira contra los intereses de los países que representan, y en cuyo nombre actúan con tan peligrosa audacia.

Andan de fiesta por los mares del mundo los complejos militar-industriales de Rusia y Estados Unidos. Si el Caribe vuelve a ponerse caliente, la culpa será de los tontos útiles.





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