Basura del imperio

Por Venezuela Real - 15 de Septiembre, 2008, 13:57, Categoría: Política Internacional

ARMANDO DURÁN
El Nacionanl
15 de septiembre de 2008

En Miami, el espectáculo más o menos folklórico del infame maletín y sus 800.000 dólares de contrabando comienza a transformarse, sin tapujos ni posibles disimulos, en un escándalo que involucra y pone directamente en entredicho la honestidad política y administrativa de Hugo Chávez y de Cristina Fernández de Kirchner. Casi nada.

Testimonios personales, grabaciones clandestinas, traiciones y deslealtades que salpican sin piedad a los dos presidentes y a altos funcionarios de ambos gobiernos.

La reacción de los protagonistas de esta truculenta telenovela latinoamericana ha sido muy diferente. En Buenos Aires, Fernández de Kirchner mira insistentemente hacia otra parte. Como si con ella no fuera. A ver si al final los daños no resultan fatales. La respuesta criolla, en cambio, ha sido, como siempre, grosera, beligerante, bélica. En el mejor estilo barriobajero de Chávez. Aunque por ahora algunos piensen que sus maniobras se desarrollan exclusivamente en el movedizo terreno de su retórica habitual y de ese torcido gusto suyo por amedrentar al adversario como fuente básica de su poder.

Quizá tengan razón, pero en todo caso, lo único que sí sabemos con certeza es que Cilia Flores se apresuró a anunciar que nunca, nunca jamás, la Asamblea Nacional debatirá el asunto. Pura basura del imperio, como la descalificó el nuevo ministro del Interior para atornillarse en el cargo.

Basura a la que pronto se añadió una presunta conspiración de militares, medios de comunicación y movimientos cívicos con la intención de derrocar a Chávez y asesinarlo. Y, naturalmente, como en esa siniestra conjura ha jugado un papel decisivo la Casa Blanca, pues nada, era preciso mandar públicamente al carajo al embajador de Estados Unidos, "yanqui de mierda", y amenazar de nuevo a Estados Unidos con la interrupción súbita del suministro de petróleo venezolano.

Esta crisis, sin embargo, presenta nuevas y muy peligrosas aristas. La más dramática de ellas, las elecciones regionales del próximo 23 de noviembre.

O para ser exactos, el temor de Chávez a que ese día se produzca un descalabro electoral del chavismo similar al del pasado 2 de diciembre. No porque él tema perder el poder por la vía democrática del voto (la concepción chavista del poder no es democrática, ni siquiera totalitaria light, sino absolutista y personal), sino porque otra derrota electoral, por regional o insignificante que sea, le asestaría a su persona política un trancazo irreversible. Si hasta ahora, a fuerza de populismo clientelar y manipulación electrónica Chávez podía jactarse ante el mundo del respaldo masivo de los venezolanos, la pérdida de espacios de poder por medio del voto colocaría su futuro político al borde del abismo. Como acaba de ocurrirle en Zimbabue a su hermano del alma, Robert Mugabe. En definitiva, si bien para la oposición electoralista las elecciones son un fin en sí mismas, para Chávez las elecciones son apenas una figura de la realidad, un medio oportunista para alcanzar otros fines.

Desde esta perspectiva, las opciones de Chávez en estos momentos, acorralado por el fracaso manifiesto de su gestión de gobernante, fiasco al que ahora debemos sumar los explosivos ingredientes que estallan a diario en la olla podrida de Miami, de ningún modo pueden depender del sometimiento riguroso del régimen a una consulta popular en las urnas de noviembre: en los dos meses escasos que faltan para ese día logra Chávez darle un vuelco al marcado declive de su popularidad, tal como hizo antes del referéndum revocatorio, o tendrá que recurrir a argumentos suficientemente contundentes para justificar el aplazamiento, tal vez incluso la suspensión, de las elecciones del 23 de noviembre.

En el marco de esta necesidad estratégica encajan a la perfección la feroz expulsión del embajador Patrick Duddy, el complot militar que acaba de revelar el régimen gracias a la grabación de una conversación que se produjo hace más de tres años y las maniobras aeronavales ruso-venezolanas que se celebrarán, ¡qué casualidad, no!, en noviembre, pocos días antes de las elecciones, y cuyo anticipo lo representan los dos bombarderos estratégicos TU 106, puestos a buen resguardo en aeropuertos militares venezolanos con el objeto, eso lo dijo el propio Chávez, de "monitorear" los movimientos de la IV Flota de Estados Unidos en el Caribe, réplica gratis de Moscú a la presencia naval estadounidense en el mar Negro.

¿Basura del imperio? ¿Basura de Chávez y nada más? Ya veremos.






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