Fracaso de una regulación

Por Venezuela Real - 15 de Septiembre, 2008, 13:45, Categoría: Economía

Luisa Benavides /  Ender Marcano
TalCual
15 de septiembre de 2008

El control de precio de los alimentos impuesto por el Gobierno desde 2003 ha provocado desabastecimiento intermitente de los principales productos de la canasta alimentaria. La falta de incentivos, la pérdida de inversión y constantes fiscalizaciones tienen acorralados tanto al sector industrial como al comercial. En los mercados y supermercados se ven poco los productos controlados

Desde que se estableció el control de precios hace cinco años, la inconformidad del sector industrial –que asegura que produce a pérdida para cumplir la regulación– ha marcado el son que ha tocado el Ejecutivo para que todos los empresarios bailen "pegao" a sus parámetros y disposiciones.

Aunque el presidente Hugo Chávez defina como "un voto de confianza al sector privado" cada ajuste de los precios regulados, los industriales manifiestan que la consideración de los mismos debe hacerse con menos dilación.

Cada dos o tres años es demasiado tiempo. La revisión frecuente, ante la persistente inflación, es un factor fundamental para evitar el desabastecimiento y no provocar distorsiones en la cadena de comercialización.

Ante la dificultades que ha tenido el sector industrial y comercial para adaptarse a los lineamientos gubernamentales en el control de los precios, el Instituto para la Defensa de las Personas en el Acceso a Bienes y Servicios (Indepabis, antiguo Indecu) ha llevado a cabo una ola de fiscalizaciones que sólo han dado como resultado el cierre de locales, multas y procedimientos administrativos que han provocado que empresas fabricantes de alimentos y comerciantes opten por no procesar ni vender ciertos productos para no correr el riesgo de ser sancionados.

Esta situación, aunada con la regulación que dificulta que los industriales tengan el margen de ganancia que consideran necesario para seguir con sus actividades, convierte a Venezuela en un país acorralado por una serie de sistemas y limitaciones que no permite desarrollar un mercado estable.

MERCADOS DESAJUSTADOS

El buen comprador venezolano siempre ha tenido la particularidad de caminar y caminar hasta encontrar los precios más adecuados a su realidad. Esa característica se mantiene, con la diferencia de que ahora salen a la caza de los productos regulados. Si corren con suerte puede toparse con algún paquete de pasta, harina de maíz, caraotas, lentejas y el premio mayor que es el aceite de maíz.

La mayoría de las presentaciones que abastecen los estantes de mercados y supermercados están fuera de la regulación. Los precios de estos productos están entre 50% y 100% por encima del costo establecido en la Gaceta Oficial, por ello es una verdadera suerte hallarlos.

Empezando por la margarina, ésta se encuentra en presentaciones fortalecida con calcio a 9 BsF la de kilo y 5,50 BsF el envase de 500g, ambas con más de 50% de incremento en relación con la regulación. Muy pocos son los lugares donde se ofertan las reguladas, y la existencia es escasa.

Las pastas a precio de Gaceta son como oasis, muy pocas en el desierto que es el mercado. Tornillitos, plumitas, coditos, vermicelli, spaghetti, sí hay, pero todas premium y con precios que oscilan entre 6,50 Bs.F. y 8 Bs.F., más del doble de la regulación.

Quien desee tomar leche pasteurizada, simplemente no puede, tiene más de dos meses y medio que no aparece. Sí se encuentran las de larga duración, que curiosamente no están reguladas. Leche en polvo también se oferta y bajo el precio normado, aunque en algunos lugares la lata de kilo está a 22 Bs.F., 20% por encima ! del precio oficial.

Los aceites de maíz y de mezcla siguen sin aparecer. Unas pocas botellas se dejan ver en los establecimientos, pero duran apenas horas. El consumidor debe conformarse con los aceites de soya que se ofrecen entre 8 Bs.F. y 12 Bs.F. Otra opción es comprar el aceite de maíz a los buhoneros, pero éstos lo ofertan en 10 BsF, 3,50 Bs.F. más que el precio regulado. En los mercados de Guaicaipuro y Quinta Crespo se encuentra el arroz distribuido por Pdval, el cual se vende regulado. De las marcas tradicionales sólo hay las presentaciones parborizadas y light, las cuales están excluidas del control. El parborizado se compra entre 4 y 6 BsF.

La mayonesa y salsa de tomate también se encuentran a los precios regulados en estos mercados. En algunos casos se venden un poco por encima del precio oficial, pero la diferencia no es mucha. El azúcar blanca y morena tampoco presenta problemas en lo que respecta a los mercados municipales, mientras que en los supermercados la situación es diferente: simplemente no se consigue este producto.

Las caraotas, lentejas y arvejas son productos con muchos problemas. De Pdval sólo han llegado algunos cargamentos de caraotas, mientras que los otros granos todavía no han comenzado a distribuirlos. En los establecimientos donde no se comercializan los productos de la empresa estatal, sólo se consiguen caraotas y lentejas en bolsas sin marcas. Las primeras a 4,50 Bs.F. y las segundas entre 8 Bs.F. y 12 Bs.F., más de diez veces el precio regulado.

FRIGORÍFICOS PROBLEMÁTICOS

En la carne de res, la situación depende de los precios a los que los detallistas hayan comprado a los mayoristas. Cuando adquieren al importe regulado respetan los precios oficiales, cuando no, los usuarios deben pagar entre 20 Bs.F. y 24 Bs.F. por el kilo de carne de primera.

Los comerciantes se defienden diciendo que los mayoristas cobran flete por traslado de mercancía y hasta 100 Bs.F. en trastes, cuando antes cobraban 45 Bs.F. por los trastes y el flete no se facturaba. Los detallistas piden una vez más al Indepabis, que fiscalice a los intermediarios. El pollo se vende a los precios regulados, con la excepción de las milanesas que están entre 22 Bs.F. y 24 Bs.F. Según los carniceros esto obedece a que ellos trabajan con producto nacional que co! mpran a precios por encima del control, por lo que tienen que expenderlo a ese monto para tener alguna ganancia.

La carne de cerdo sólo tiene dos cortes regulados, pero ninguno se vende al precio establecido. Al igual que con los demás rubros de los frigoríficos la causa es que los comerciantes compran por encima de la regulación y se ven obligados a ofertarlo también a montos superiores al control. El kilo de chuleta lo compran a 18 Bs.F. y lo venden a 25 Bs.F., al igual que las costillas.

El Gobierno ha dicho que ha hecho esfuerzos para acabar con el desabastecimiento y la especulación, pero sus medidas no han sido suficientes y los principales testigos son los venezolanos que cada semana van de compras y encuentran pocos productos, y los que hallan están cada vez más costosos.







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