La Casa Blanca exige "garantías" a La Paz

Por Venezuela Real - 16 de Septiembre, 2008, 15:22, Categoría: Política Internacional

Hugo Alconada Mon
La Nación - Argentina
16 de septiembre de 2008

Inquietud por el personal diplomático; espera que la cumbre fije límites a Chávez

WASHINGTON.- El gobierno de Estados Unidos sigue "de cerca" la crisis que sacude a Bolivia y las protestas planeadas contra su embajada, mientras espera que los líderes de América latina asuman las riendas y fijen límites precisos a la injerencia del presidente venezolano, Hugo Chávez, en el territorio boliviano.
El vocero del Departamento de Estado, Sean McCormack, confirmó que el ya ex embajador estadounidense en La Paz, Philip Goldberg, se encontraba ayer en viaje rumbo a esta capital, pero pidió al gobierno de Evo Morales que garantice la seguridad de su personal diplomático que continúa en la capital boliviana, al igual que sus instalaciones.

"Estamos siguiendo de cerca [las protestas anunciadas], ya que pueden afectar las actividades de nuestra embajada", alertó McCormack, que explicó que el Departamento de Estado mantiene su confianza en que las autoridades bolivianas "proveerán toda la protección, de ser necesaria".

Sin embargo, el interés por la situación en Bolivia excedía ayer por mucho la protección de la infraestructura y del personal norteamericanos, lo que se manifestó en las consultas que realizó personal del área de Planificación y Análisis del séptimo piso del Departamento de Estado.

En ese piso trabaja la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, junto con el círculo de sus asesores de mayor confianza, para analizar cómo debían interpretar la cumbre extraordinaria de los presidentes que integran la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), según confirmó ayer LA NACION.

Tanto ese grupo como el equipo del referente de la administración Bush para las Américas, Tom Shannon, esperaban cotejar si la Unasur se convertía en caja de resonancia para nuevas diatribas de Chávez contra "el imperio" o si evaluaban salidas para el conflicto boliviano.

"Si los líderes de la región se encargan de ayudar a Bolivia a resolver sus problemas, eso también es muy bueno para Estados Unidos, que dejará de ser visto como el líder que viene de afuera para buscar una solución y si ésta sale mal recibe las críticas de todos", dijo a LA NACION una fuente al tanto de las consultas en marcha en esta capital.

Según esa visión, la reunión de presidentes podía incluso seguir la línea de la Cumbre Iberoamericana de noviembre pasado cuando, también en Chile, fue el rey Juan Carlos de España quien se enfrentó a Chávez.

"¿Por qué no te callas?", le espetó.

Washington, en rigor, le dedica escasa atención por estas horas a América latina. Faltan apenas 50 días para las elecciones presidenciales y su sistema financiero afronta serios riesgos de un colapso, por lo que Bolivia y Venezuela se quedan con el poco tiempo disponible de un grupo reducido de funcionarios de la administración Bush en el Consejo de Seguridad Nacional y los departamentos de Estado, del Tesoro y Seguridad Interior.

Embajadores

El pico de tensión entre los tres países ocurrió la semana pasada, cuando tanto Morales como Chávez ordenaron la expulsión de los embajadores estadounidenses, y la Casa Blanca respondió con la orden de salida de sus representantes diplomáticos en Washington.

Morales y Chávez acusaron entonces a los Estados Unidos de apoyar a los líderes de la oposición y, en el caso del mandatario venezolano, de orquestar un complot para asesinarlo, lo que combinó con insultos, aun cuando aclaró que las ventas de petróleo al mercado norteamericano (al que destina el 85% de su producción) seguían en pie.

Venezuela "no ha hecho nada para dañar la relación comercial", argumentó el embajador saliente de Caracas en Washington, Bernardo Alvarez, al recordar que las ventas en 2007 ascendieron a más de US$ 50.000 millones, un aumento de más del 72% desde 2004.

El Departamento de Estado dijo que las acusaciones de ambos presidentes "no tienen fundamentos", pero también sostuvo que intentan desviar la atención de sus serios problemas de desgobierno y altas tasas de impopularidad. "Esto refleja la debilidad y la desesperación de ambos líderes", acusó McCormack.

El contrapunto se extendió incluso al programa bilateral contra el narcotráfico que podría registrar "efectos serios", según planteó antes de partir de Bolivia el embajador norteamericano

A esto el viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres, replicó ayer con el anuncio de una partida propia de US$ 16 millones para el programa, y dijo que pedirá ayuda a Rusia para obtener helicópteros.





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