Guerra y paz

Por Venezuela Real - 18 de Septiembre, 2008, 13:50, Categoría: Cultura e Ideas

OVIDIO PÉREZ MORALES
El Nacional
18 de septiembre de 2008

La búsqueda de la paz ha de comenzar por el reconocimiento y aprecio de lo que nos une

El binomio guerra-paz, inscrito en lo más profundo del tejido histórico, lo inmortalizó literariamente León Tolstoi –quien con Pushkin, Dostoievski y Solzhenitsyn figura en el primer plano de los escritores rusos–. Binomio personalizado ya en los inicios del devenir humano con Caín-Abel (Génesis 4).

Un nombre que resulta emblemático al hablar del referido binomio es el de Hiroshima.

Allí se manifestó de modo bien patente lo que el "animal racional" puede producir de irracionalidad autodestructora.

En el Peace Memorial Park de Hiroshima, pronunció Juan Pablo II, por cierto, un emotivo discurso el 25 de febrero de 1981; allí formuló este interpelante llamado: "A los jefes de Estado y de gobierno, a quienes detentan el poder político y económico, yo les digo: comprometámonos por la paz en la justicia; tomemos una solemne decisión, ahora, de que la guerra jamás sea tolerada y contemplada como medio para resolver las discrepancias; prometamos a nuestros semejantes que trabajaremos a fondo e incansablemente por el desarme y la abolición de todas las armas nucleares; sustituyamos la violencia y el odio por la confianza y el interés".

Un obsequio que he recibido de Dios es el de no haber sufrido directamente el peso de una guerra. He visto, sí, con dolor, impresionantes despojos de la Guerra Mundial del 39-45: una Colonia con la famosa catedral rodeada de escombros, y ciudades convertidas en amasijos de ruinas. Así como "recuerdos" de los campos de concentración, vergüenza de la humanidad.

Dios nos creó para la unidad y la paz. Y para ellas hemos de educarnos, disponernos y trabajar. A propósito de esto urge cambiar el dicho latino si vis pacen para bellum (si quieres la paz prepara la guerra) por: si vis pacem para pacem (si quieres la paz prepara la paz).

Formémonos para ser ciudadanos (gente que convive en ciudad); no para ser soldados (gente para las armas), aunque soldados tenga que haber, al servicio de los demás ciudadanos. ¿Horizonte? El encuentro cívico; no el cuartel.

La búsqueda de la unidad y de la paz ha de comenzar por el reconocimiento y aprecio de lo que nos une. Para construir un futuro deseable (justo, libre, solidario) no podemos comenzar al revés: enarbolando y exacerbando lo que separa y desune. ¿Qué nos une en lo más profundo y significativo? Nuestra condición humana común, nuestra igualdad fundamental como seres creados por Dios "a su imagen y semejanza".

Antes que el Estado, una ideología o un partido está la persona y su comunidad, con su dignidad, derechos y deberes. El progreso humano no se logrará destruyendo al "otro", sino esforzándose en construir juntos un mundo mejor.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia publicado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz subraya: "La guerra es un flagelo y no representa jamás un medio idóneo para resolver los problemas que surgen entre las naciones. No lo ha sido nunca y no lo será jamás, porque genera nuevos y más complejos conflictos.

Cuando estalla, la guerra se convierte en una matanza inútil, aventura sin retorno, que amenaza el presente y pone en peligro el futuro de la humanidad. Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra... La guerra es, en definitiva, el fracaso de todo auténtico humanismo". Construyamos paz en justicia, libertad y solidaridad. No odio, violencia, guerra. Digamos sí a la fraternidad; no a la beligerancia, al armamentismo, a la anticultura bélica.






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