Grado sin autoridad

Por Venezuela Real - 22 de Septiembre, 2008, 12:37, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

Miguel Bahachille
El Universal
22 de septiembre de 2008

El Presidente se encadenó, una vez más, exhibiendo un nuevo grado militar con charreteras de cuatro soles, inventado por él mismo, tratando de demostrar que está colocado por encima de cualquiera que intente, siquiera sugerir, una categoría que obnubile su eminencia jerárquica. Y es que como militar de formación inconclusa está convencido que es una manera de adquirir más y más potestad. Nadie le ha aclarado que, más allá de las atribuciones eminentemente legales, la autoridad se adquiere a través de la capacidad de comprometerse en su condición de Presidente; no por el simbolismo de unos rimbombantes galones. El respeto se logra cuando se forjan, de mejor o peor gana, lazos de avenencia; no de agresión.

El ex dictador de Uganda, Idi Amín Dada, fue el campeón de las insignias y grados militares que iba creando a medida que observaba a sus gobernantes vecinos; ninguno de ellos debía superarlo en simbolismos; por demás extravagantes. Ese cruel personaje, montado sobre su ego, denominado el Carnicero de Kampala, que decidió implantar en Uganda un régimen que intentaba combinar los principios del Corán con una visión izquierdista profundamente antioccidental, asesinó a más de 500.000 personas. Ese ente aterrador al que no le cabían las insignias en su uniforme no obstante su estatura de un metro noventa y su corpulencia grotesca, creó un cuerpo represivo brutal convencido que su ascendencia dependía de sus autogratificaciones enfermizas. Sin embargo jamás fue percibido como un verdadero histrión de la soberanía de Uganda sino como un cruel comediante. Por el contrario, el miedo lo llevó a rodearse de un cuerpo represivo de 23.000 guardaespaldas, al tiempo que potenció su ejército con la ayuda de Libia y Sudán.

Volviendo a nuestro país. Es imposible que el Presidente adquiera mayor autoridad sustentándose en sus distintivos mientras agrede públicamente a quienes no comparten sus gastadas ideas. La potestad no se obtiene a través de un lenguaje soez ni con inminencias violentas contra la población. La fuerza y la autoridad son concepciones antagónicas. Solo los autócratas desconocen esta realidad.

La fuerza es una circunstancia temporal utilizada por los violentos mientras que la autoridad es una condición de los verdaderos estadistas. Esta ultima pernocta en el tiempo aún después de desaparecidos quienes la han ejercido con nobleza. Por ejemplo, el legado moral dejado por los presidentes Medina, López Contreras, Betancourt, Leoni, Herrera Campíns, entre muchos así lo evidencia. Más allá del juicio que cada quien pueda hacer de sus respectivas obras de gobierno, estos personajes dejaron testimonio de lo que significa el auténtico ejercicio del poder y la autoridad.






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