Sapos y culebras

Por Venezuela Real - 24 de Septiembre, 2008, 12:05, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

Hugo Santoromita
El Universal
24 de septiembre de 2008

"Lo escatológico se hizo norma y la vergüenza, infinita"

Ya no sorprende el grado de impudicia y obscenidad con el cual el presidente Chávez se dirige a los venezolanos cada vez que necesita tapar un escándalo de los que ya tiene acostumbrados a sus coterráneos. Chávez está viviendo un momento crítico en su ya largo y corrupto periplo, cuyas bases están sentadas en la precariedad de lo moral y en el bagazo de las palabras retorcidas e insolentes, como si creyera que su presencia será eterna en la razón de los venezolanos. El tono vulgar con el cual el delirante comandante intenta sostenerse en el poder, no hace sino indignar y, al mismo tiempo, provocar la hilaridad de la opinión internacional, en torno a esta experiencia malévola que amenaza la democracia en América Latina.

Chávez es un asalto a la dignidad de los pueblos, pues ha paseado su agresiva lengua por los escenarios más insólitos del planeta y contra los más variopintos personajes, soltando sus sapos y culebras. No es difícil recordar el momento en que bautizó al ex mandatario mexicano Vicente Fox como "cachorro del imperio" o al peruano Alan García, como "tahúr" y "ladrón", en medio del fragor electoral de 2006 cuando pretendía respaldar, sin disimulo, al mediocre Ollanta Humala, casi una copia al carbón del milico venezolano. Un año después viajó a Lima a ofrecerle un abrazo a su par andino. Más escandaloso aún fue su desorbitado insulto, en el escenario de las Naciones Unidas, al presidente George W. Bush, al tildarlo de "diablo", asegurando -con su sorna característica- que su presencia allí aún desprendía azufre. Chávez es la muestra más vergonzosa de la debacle moral de un pueblo como el venezolano, que  aún no aprende la lección de que la democracia, más que un ejercicio electoral, es un compromiso de largo aliento con el país y su futuro.

Chávez es más que una terrible enfermedad, es la sombra de la destrucción, de la muerte "que no quiere morir" hasta que todos hayan muerto. Sus ansias de poder infinito, su nivel de manipulación y su insania mental han provocado el desastre en las instituciones venezolanas y la caída libre en la economía de un país que fue un ejemplo de solidez, progreso y ascenso social único en el mundo, en la segunda mitad del siglo XX.

Su más reciente sainete fue la expulsión del embajador norteamericano en Caracas, Patrick Duddy, a quien "mandó pa'l carajo" junto a todos los "yanquis de mierda", sin importarle ya si su conducta dejó de ser ejemplo para alguien o si se pierden los 50 mil millones de dólares de intercambio comercial que hay entre EEUU y Venezuela, del cual el 95% está representado por el petróleo que "el perverso imperio norteamericano" compra a su país.

Chávez -es un hecho- tiene perdidas las elecciones regionales del próximo 23 de noviembre, en las que se elegirán nuevos gobernadores y alcaldes. Su desesperación no es solamente política, sino también porque ya se está percatando de los niveles de incapacidad de un gobierno que, en una década, sólo ha traído miseria y desazón para los venezolanos. Nadie, por más desprevenido o insensato que sea, puede invocar, con un mínimo disimulo, algún apoyo a este incongruente y desfachatado presidente, cuya meta más "gloriosa" es copiar al carbón el modelo cubano y erradicar de Venezuela el patrón capitalista, instaurando un socialismo de corte marxista que sólo existe en su maltrecha cabeza, pero que ninguno de sus más conspicuos colaboradores desea adoptar, dadas las súbitas e inmensas fortunas acumuladas en los últimos años, producto de los manejos más escandalosos de la hacienda pública y de la más obscena corrupción nunca antes vista en la historia venezolana.

Este hombre de cabeza dislocada y mente resentida ha proferido insultos a todos aquellos que han osado disentir de él, de sus intereses imperialistas o de sus juegos de guerra, que lo hacen descuidar los más ingentes problemas de los venezolanos: la inflación, desempleo, inseguridad social, inseguridad jurídica, justicia parcializada, instituciones en decadencia, empresas al borde de la quiebra y un monstruoso capitalismo de Estado que desdice de las verdaderas intenciones "socialistas" de este oprobioso y primitivo mandatario, cuya nefasta impronta obliga con urgencia a repensar el país y a buscar una solución a esta larga pesadilla de color rojo y oscuros designios. Lo escatológico se hizo norma y la vergüenza, infinita.

Consultor / Periodista





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